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La Nación sangra
Los gastos suntuarios de todas las dependencias nacionales son inconmensurables.
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Jueves, 5 de Noviembre de 2026

Solamente después de que varias personas vinculadas al gobierno anterior han contado las atrocidades patrocinadas por su presidente, nos hemos enterado de la profundidad de la perversión con la que se actuó.

Creo que los colombianos pensábamos que detrás de las cámaras de televisión que mostraban a un mandatario preocupado por su pueblo, y que gobernaba para poner en ejecución sus ideas populistas, había sólo un derroche de los dineros públicos y desfalcos que sus seguidores achacaban a algunos subalternos inescrupulosos.

Pero no imaginábamos la corrupción que cada semana destapa quienes fueron protagonistas o víctimas de festines escandalosos celebrados en la Casa de Nariño y en otras dependencias presidenciales que, según un funcionario actual, fueron convertidos en prostíbulos.

A cambio de contratos, y seguramente otras dádivas, se comprometía a jóvenes para ponerlas a disposición del presidente con el fin de satisfacer sus preferencias sexuales y sus hábitos de diversión. Jamás se ha sabido que la búsqueda del poder por otro político colombiano hubiera sido solamente para usar los dineros públicos y los bienes del Estado en costosos lujos personales, en enriquecerse él y sus allegados y en desentenderse de las obligaciones gubernamentales por protagonizar parrandas impropias de un individuo honorable.

Y todo esto explica el desgobierno que vivió Colombia durante los cuatro años de la administración que acabó con su economía. Un presidente que no tuvo tiempo para convocar a sus ministros a lo que sus antecesores llamaban el acuerdo semanal en el que se enteraba de la marcha de cada cartera; que convirtió el consejo de ministros en un espectáculo lamentable de incoherencias públicas; que incumplía la agenda oficial por los efectos de sus resacas, y que permitió que todo mundo metiera sus manos en las arcas públicas, no podía tener otro catastrófico resultado.

Los funcionarios del gobierno actual han comunicado a la opinión pública que el enorme desastre de las finanzas públicas que han encontrado es mucho peor de lo que se imaginaban. La deuda externa se disparó en un 100%. La contratación improductiva alcanza niveles de varios billones de pesos. La nómina oficial paralela es cercana al millón de empleados temporales. Los gastos suntuarios de todas las dependencias nacionales – incluyendo los de la señora Alcocer – son inconmensurables. Los desfalcos son incontables.

Sería necesario otro capítulo para referirse a la inseguridad nacional que ha desangrado a la nación colombiana, como fruto de la equivocada estrategia de conceder todo tipo de beneficio a los criminales con los que se hicieron acuerdos en busca de respaldo electoral. En conclusión, no existe área de la administración nacional que no hubiera sido permeada por la corrupción, el despilfarro y la inmoralidad prohijadas por un presidente indigno.

Y, si en lugar de buscar el triunfo electoral del candidato que lo pudiera reemplazar mediante la intervención ilegal del presidente, los fraudes locales, el voto fusil y los billones de pesos que se repartieron para comprometer a sus ingenuos electores hubiera gobernado medianamente bien, tal vez el triunfo lo hubiera conseguido con facilidad.


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