“No hay nada más triste que una mujer que se rinde y que renuncia a su libertad”
Cinco mujeres nunca violan a un hombre ni lo golpean hasta matarlo. La mujer ejerce la violencia contra ella misma agotándose, obligándose a ser perfecta, matándose de hambre, o esparciendo rumores, juicios de valor, perpetuando prejuicios sobre la forma en que deben vivir sus iguales.
Las protagonistas de mis historias son mujeres jóvenes con sueños y anhelos reprimidos desde pequeñas. El conflicto de una humanidad que ataca a las mujeres desde su condición socioeconómica, edad, raza, origen, forma y tamaño del cuerpo, sexualidad y estado civil. No se trata de una persecución o de una cacería de brujas, aunque, de muchas formas, siguen vigentes con la participación de mujeres y hombres dispuestos a encender la hoguera.
Algunas mujeres continúan empeñadas en perpetuar un statu quo de marginación y fragilidad. La violencia ejercida contra sí misma, de forma inconsciente, voraz, precaria y malsana.
Evidencio a continuación, algunos de mis propios hallazgos, desde los resultados de los estudios de la psicoanalista brasileña Claudia Pacheco, en su libro, Mujeres en el diván.
1. La búsqueda del romance y la autodestrucción
La mujer abandona espacios de reunión con sus familiares o sus amigas a cambio de una pareja estable. Persiste la urgencia de presentar al elegido como el novio ideal, el complemento.
Si el hombre no es rico debe ser joven y con prometedor y la mujer estará en disposición de proveer el sustento de la relación. Si su pareja no consigue ser alguien en el mediano plazo, lo abandona. Si es mayor, debe ser el hombre quien la sostenga económicamente, en su presente y su futuro.
La mujer actúa solicita y atenta. Está dispuesta a atender a los invitados y familiares de su nuevo proyecto amoroso. Y crece la expectativa por una relación en la que suele ser ella la que entrega alma, cuerpo y energía.
Se vive el romance bajo el influjo de una novela rosa que incluye petición de mano, promesa de matrimonio, música de fondo de violines, pétalos y chocolates. El corazón de la mujer sigue comportándose de forma adolescente.
Y ya ha perdido la guerra por ese camino. El matrimonio es una nueva profesión en la vida de las esposas, desde ese lugar privilegiado observará al mundo y a las otras mujeres a quienes segmentará por su estado civil.
De allí, que el matrimonio incluya el principal sustento financiero y psicológico. Un esposo trabajador. Atractivo pero asexual con las otras para que deba abstenerse de relaciones fuera del lecho matrimonial.
La crianza de las hijas afianza la educación basada en la aceptación y mirada de los otros. Las conductas apropiadas según el propio prejuicio de la madre o la comunidad en la que crece y la necesidad de mostrarse insuficiente, ineficaz o ignorante según las circunstancias.
Cuando envejece la mujer latina es abandonada a su suerte. No tiene espacios de capacitación ni de diversión que la acojan, por consecuencia es vulnerada. Deberá acudir a discotecas de gente joven si quiere bailar y allí se sentirá extraña, por tanto, nunca volverá. Su formación académica y su conocimiento ya no tienen ningún valor después de jubilarse. La mujer disfruta su pensión en casa, cocinando, viajando, yendo al gimnasio y pocas veces acude a grupos de la tercera edad porque le parecen inoficiosos.
2. El narcisismo y la megalomanía
La mujer es educada para inmolar su cuerpo al deseo de un hombre. Se arroja a la mujer al precipicio de la belleza, la juventud, la perfección y la moda.
La mujer llega a su máxima madurez a los 45 años, al contrario del hombre, que lo hace a los 60 o incluso más. A los 40 años la mujer debe tomar la decisión de hacer ejercicio, iniciar prácticas saludables e invertir casi la totalidad de sus ganancias y sus ahorros en verse atractiva antes que la sociedad la excluya, lo cual sucederá tarde o temprano.
El cabello de la mujer no puede caerse. Los labios no pueden perder su lozanía ni mostrar signos de envejecimiento prematuro.
La mujer tiene prohibido subir de peso porque en el estereotipo la ropa ceñida se limita a las flacas. Una mujer gorda y envejecida no tiene ningún espacio en la vida de la comunidad. Y si es joven pero no recupera su peso después de sus embarazos, no tendrá vida sexual. Una mujer obesa, mayor de 40 años y con bajo nivel socioeconómico está condenada el resto de su vida.
La mujer envidia el cuerpo, la sexualidad y la pareja de las otras mujeres y en la oficina no perderá la oportunidad de socavar o difundir un rumor contra otra.
Se educa a las niñas para ser desconfiadas y durante su crecimiento o adolescencia, comprobarán por sí mismas que serán traicionadas por sus mejores amigas.
La mujer en cualquiera de sus ámbitos laborales rara vez es promovida o exaltada por las otras mujeres, y al contrario, existe la intención de ofuscar el brillo, valía o esfuerzo personal con una técnica que consiste en señalar a otra por algún error cometido o creando intrigas basadas en su comportamiento público y en los peores casos, intimo. Temas como la masturbación o la búsqueda del orgasmo no suelen estar en la agenda diaria de las mujeres.
3. La falta de participación en la sociedad
Las mujeres con discursos políticos, económicos, feministas, literarios, son la minoría y terminan siendo marginadas o excluidas dependiendo del tipo y tiempo de exposición pública o privada. Por tanto, las mujeres suprimen espacios para el debate de temas políticos mientras se perpetuán viejos modelos de identidad femenina en la televisión.
A veces las mujeres se unen por causas comunes. La violencia de sus parejas sigue siendo asunto doméstico o problemas que ella se buscó por sí misma; la mujer es culpable de la infidelidad del marido. Se le culpa por su falta de criterio afectivo. Se le responsabiliza por la educación de sus hijos. Se juzga su nivel intelectual y a partir de allí podrá ser tildada de dominante y agresiva. Aunque, tiene que serlo en su carrera profesional. Y aun así, no evidenciar su conocimiento en demasía porque será el fin.
La mujer busca aumentar su poder casándose con un hombre. Los sueños de la mujer se ofrecen y promueven desde la publicidad. Las mujeres desean regalos y obsequios costosos de parte de sus parejas. Un hombre que no da regalos a la mujer desde el inicio de la relación es un tacaño.
Es a través de las joyas y los regalos que las mujeres relatan en ocasiones, sus historias de vida y sus amores. La mujer se resiste a devolver un anillo de un compromiso que se cancela, básicamente, porque según sus propios argumentos, se lo merece por el tiempo perdido en la relación, pero especialmente para evitar que su ex pareja lo obsequie a otra.
Si un hombre regala joyas a una mujer, tendrá éxito asegurado y una mujer para toda la vida.
4. La vanidad
La vanidad es la búsqueda de la belleza sin límite ni medida. Una carrera insufrible por buscar la perfección y preservar la juventud.
Si bien en los hombres las canas y las arrugas son sinónimo de madurez, en las mujeres son sinónimo de abandono y pobreza.
La mujer se decolora el cabello y los vellos de brazos y piernas. Se depila axilas, piernas y pubis. Una mujer con vello en la comisura de sus labios es un bicho raro y en otros tiempos era un fenómeno que buscaba refugio en los circos. La mujer asiste al salón de belleza para cepillarse el cabello. Debe hacerse la manicure y pedicure mínimo, una vez al mes. La mujer usa uñas postizas. Extensiones en el cabello, y faja para delinear la figura. El mercado ofrece sostenes con aumento, y pantis para levantar la cola. Las marcas de jeans venden la imagen de una silueta perfecta hasta la talla 10. Después de dar a luz, la mujer debe “recupera su silueta” y aceptar con una sonrisa todo tipo de comentarios acerca de la maternidad, la crianza, el marido, si lo hay, y la forma correcta de alimentar al bebé. Si está de mal genio alguien dirá que su temperamento afectará para siempre la vida de su hijo. Y cuando está embarazada debe comer para alimentar al embrión porque alguien le dirá que no puede limitar los nutrient
es que necesita para crecer.
La mujer usa zapatillas con tacones absurdos con tal de verse más alta y elegante. Aunque su uso prolongado cause daños y deformaciones en los pies y en las venas de las piernas. Las zapatillas con tacones altos cansan, agotan y pueden aumentar el riesgo de una caída. No obstante, la mujer acalla su sentido común y usa zapatillas altas que le sirvan para desplazarse como si tuviese que desfilar. Existe un placer morboso por las cirugías estéticas mal realizadas o muy evidentes. Las tetas son objeto de culto y adoración y se aumenta su tamaño con implantes o prótesis de silicona. La cintura y el abdomen se reducen con una lipo. Hoy en día una mujer que no es hermosa es pobre. Cuesta dinero la búsqueda de la perfección. Cuesta años de trabajo y esfuerzo. Las niñas de 15 años piden como regalo una cirugía estética. El interés por los viajes o los autos, viene después, cuando estén delgadas y con tetas y culo para poder disfrutarlos a cabalidad.
La mujer usa tratamientos para blanquear la piel del rostro o sus partes íntimas, o acude al cirujano para que reconstruya su himen, usa planchas eléctricas y secadores para alisar su cabello. Las mujeres que viven juntas se prestan unas a otras los elementos para lucir hermosas. La mujer latina quiere aclarar su cabello porque los hombres las prefieren rubias. La mujer cubre el crecimiento de sus canas. La nariz y el mentón pueden escogerse a catálogo. Y el universo de cirugías vende todo un abanico de posibilidades ilimitadas de cambio extremo y total.
Por el camino la búsqueda de la perfección va en contra de nuestras necesidades más profundas. La búsqueda del cuerpo del deseo debe perpetuarse. Así duela, así cueste y signifique un sacrificio, así vaya en contra de los propios valores.
El mercado ofrece diseño de sonrisa y ortodoncia. Dientes blancos y parejos que pueden pagarse en cómodas cuotas diferidas a uno o tres años. Y hay que mantener el brillo y despedirse del café, el vino tinto, las gaseosas o el prohibido cigarrillo.
La mujer sabe que es a través de su cuerpo que puede lograr ventajas sobre las otras y por ello, la competencia es tenaz y perversa.
La mujer tiene que vestirse y oler bien. Estar bonita, delgada, dispuesta y encantadora.
La mujer es absolutamente controlada por la publicidad y por la industria de la belleza. Toda su valía personal se ve reducida a su apariencia física. Su cuerpo es amado y observado con lupa y promesas de mejoramiento.
5. La lucha por el poder
La competencia social incluye chantaje afectivo, dependencia sexual y aparente fragilidad. Las mujeres quieren lo mismo que los hombres pero están pagando un costo muy alto en su vida moral, física y económica.
La mujer lucha en la búsqueda de la equidad porque quiere competir por el poder, el dinero y el prestigio controlados por los hombres desde siempre. Y por ese camino pierde el tiempo que necesitan sus hijos y ella misma. Sus rasgos distintivos de género relacionados con la afectividad, el cuidado a las otras, la tolerancia, la sensibilidad y la conciliación no funcionan en este motor de competencia. La mujer ha convertido el poder en una lucha sanguinaria porque anhela tener lo mismo que los hombres. Pero nunca podrá ser igual porque no es una guerra justa, tenemos otros ámbitos, otra naturaleza
Redacción Karim Quiroga
