Con dedicación constante y talento creador, Miguel Méndez fue un intelectual sobresaliente. A la literatura le aportó una obra poética surtida de sus vivencias y de su visión de todo cuanto la existencia ofrece en su conjunto. También fue autor en el género narrativo, con una novela (“Malena”), a lo cual se suman sus crónicas y sus columnas de opinión, con la identidad del buen periodismo. En ese campo demostró fluidez en su estilo y el conocimiento adecuado para expresarse y atraer a sus lectores a comprender y asimilar lo escrito.
Méndez Camacho, cuya muerte sorprendió el pasado viernes, deja, en general, un legado de interés para todos. En sus 84 años de vida, trabajó en función del desarrollo cultural. Graduado en Derecho por la Universidad Externado de Colombia en 1962, no solo se dedicó a su profesión en el ámbito del derecho, sino que también decidió participar en la promoción de la cultura. Desde los cargos que desempeñó en ese sector, impulsó la dinámica del funcionamiento de las entidades a su cargo. Puso en marcha publicaciones especiales, creó premios para la poesía y el cuento. Y se buscó ampliar la cobertura de los actos programados en la comunidad.
La gestión de Méndez, orientada a un mayor desarrollo cultural, arrojó resultados positivos en Norte de Santander. Hubo estímulos para escritores y artistas. Se visibilizaron los actos y la comunidad ganó espacios. Se buscaba así sacar a la cultura de las estrecheces en las que se le ha mantenido, como si apenas fuera de utilidad para círculos restringidos.
En la etapa referida la creación artística tuvo incremento y el teatro llevado a los escenarios de Cúcuta fueron obras recibidas con entusiasmo por parte del público que concurría a las representaciones. Fueron resultados del trabajo de Méndez.
Con el afecto que sentía por su ciudad natal, Méndez Camacho buscaba aprovechar todas las oportunidades para fortalecer su entorno. Lo demostró cuando llegó a la Alcaldía o desde la Secretaría de Educación del Norte de Santander. Mantuvo ese fervor en el Instituto de Cultura de la región.
La vida y la obra de Miguel Méndez Camacho constituyen un patrimonio que debe contar con el reconocimiento general. No son frágiles propósitos. Están articulados al interés público o tienen en su esencia el conocimiento, con proyección de beneficio común. Es un bien que debe mantenerse vigente.
En su vida particular también suma méritos Miguel Méndez. Fue solidario con sus amigos. Puso la decencia en todos los actos de la vida. No cayó en sectarismos partidistas y, políticamente, actuaba como un demócrata, sin prejuicios ni dogmas que empañaran su labor. Además, deja gratos recuerdos por la cordialidad, el buen sentido del humor en las conversaciones, la coherencia en su conducta, la sinceridad con que asumía sus responsabilidades y los saberes que aportaba.
Quienes tuvieron la oportunidad de compartir momentos de vida con Miguel Méndez sentirán su ausencia con dolor. Como dice la canción interpretada por Alberto Cortez, “Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío”.
Puntada
Hay colombianos que llevan su servilismo hasta la complacencia de entregar la soberanía nacional al despotismo colonialista de naciones extranjeras, basado en su poder económico.
ciceronflorezm@gmail.com
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