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Motilones y Piñas
El Catatumbo está a menos de 200 kilómetros, pero para la mayoría de los cucuteños es un territorio tan lejano como si quedara en otro continente.
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Viernes, 30 de Octubre de 2026

El Catatumbo está a menos de 200 kilómetros, pero para la mayoría de los cucuteños es un territorio tan lejano como si quedara en otro continente. Crecemos mirando hacia la frontera o hacia el centro del país, ignorando por completo que compartimos cuenca y origen con los Barí, los habitantes originales de esta región. Nos sentimos representados muchas veces por el indio motilón, pero en realidad conocemos poco o nada sobre él.

Lo curioso es cómo se revelan las verdaderas riquezas: lo que parecía otra simple reunión de trabajo esta semana terminó convirtiéndose en el umbral para descubrir este tesoro cultural que solemos pasar por alto. «Hasta que Sabaseba quiera», respondió una representante Barí ante algún comentario, activando mi curiosidad.

En la mitología Barí, el creador Sabaseba dio origen a los seres humanos a partir de una piña, una metáfora que entrelaza íntimamente la vida con la tierra. Ellos se autodenominan Barí que significa “gente de verdad”, mientras que el nombre «motilones» fue una imposición que les pusieron los conquistadores españoles debido a su característico corte de pelo. Hoy habitan a ambos lados de la frontera colombo-venezolana y poseen una compleja visión del cosmos estructurada en seis niveles celestiales y dimensiones acuáticas o subterráneas.

Vale la pena detenerse en su idioma, una lengua de estirpe chibcha que no solo sirve para comunicarse, sino para nombrar el entorno. En su concepción, los ríos no son accidentes geográficos inertes, sino seres vivos con movimiento y capacidad de transformación. Para ellos, la naturaleza tampoco es un recurso a explotar; su arquitectura comunitaria tradicional —los bohíos o malokas— se diseñaba de forma rotativa para permitir la regeneración de los suelos y de la fauna, demostrando un profundo equilibrio ecológico. Este legado ancestral se extiende hoy a lo largo de los resguardos Indígena Motilón-Barí y Catalaura La Gabarra, asentados en jurisdicción de municipios nortesantandereanos como Teorama, El Tarra y Tibú, recordándonos que esa selva viva tiene nombres y coordenadas precisas.

Sin embargo, los cucuteños hemos vivido de espaldas a esta realidad. El conflicto armado y la violencia crónica que han azotado al Catatumbo no solo nos han aislado históricamente del mar y de los grandes flujos de desarrollo global; también han construido un muro invisible que nos ha alejado de nuestras propias raíces.

Desconocer a los Barí es renunciar a una parte fundamental de nuestra identidad territorial. Si bien el camino del desarrollo requiere avanzar hacia una integración con el mundo —en particular con el Caribe y Norteamérica—, parte del proceso de definir nuestro valor tiene que ver con descubrir aquello que nos hace únicos, y en el pueblo Barí podemos encontrar respuestas. Reconocerlos es entender que el futuro de Norte de Santander no se construye ignorando su historia, sino reconciliándose con ella.


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