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No es el IVA ni los alivios tributarios
Cúcuta pasa por otro mal momento y hay quienes culpan a la revaluación del dólar frente al peso, que aleja a los compradores venezolanos.
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Viernes, 30 de Octubre de 2026

Cúcuta pasa por otro mal momento y hay quienes culpan a la revaluación del dólar frente al peso, que aleja a los compradores venezolanos. Otros dicen que se han echado a perder negocios ilícitos que afectan toda la economía regional. La inseguridad, la extorsión y la presencia de organizaciones armadas seguramente es parte en el problema. Lo cierto es que el mes pasado Fenalco Norte de Santander informó que 87,5 % de los establecimientos redujeron sus ventas. La ocupación hotelera bajó, el desempleo sigue alto y la población ocupada se redujo en 9.000 personas.

Ante este panorama se proponen pequeñas salidas ya probadas como la exoneración temporal del IVA, que se aplicó hace años y seguramente trajo beneficios transitorios. Pero lo que destaco de ese tipo de propuestas, que serían muy justificables ante una imprevista calamidad como la de Pereira, es que no funcionarían en Cúcuta donde hay problemas de fondo que no se resuelven así. En cambio, dejan claro que tenemos una sociedad desarticulada, con dirigencias precarias que señalan salidas inmediatistas, incapaces de ponerse de acuerdo para trazar un gran proyecto.

Lo del IVA podría ser un alivio fiscal para algunas semanas o meses, pero de ahí no pasa. Nada de eso construye capacidad productiva, ni genera mayor empleo formal ni disminuye nuestra la dependencia -hasta el momento vitalicia- del ciclo cambiario, que por cierto ahora ya no es del bolívar sino del dólar. Discutir pequeños descuentos o pequeñas exenciones tributarios de impuestos municipales estaría bien en caso de una emergencia. En cambio, nuestra élite empresarial regional y nuestra dirigencia política con vocería ante el gobierno nacional -me refiero a los congresistas, el gobernador y el alcalde- deberían articular un conjunto de apuestas productivas de largo plazo, que para ser efectivas y creíbles deben además ser muy pocas.

La palma de aceite es un ejemplo claro de lo que puede lograrse cuando existe una estrategia, así sea solo una. Llegó al Catatumbo complementando los programas de erradicación de coca mediante fumigación en los tiempos del Plan Colombia. Les aseguro que no compartí ni el Plan Colombia ni la palma de aceite como alternativa de sustitución, pero no dejo de constatar que la palma, a pesar de los problemas sociales y ambientales que trajo, fue una revolución económica para el Catatumbo y para Norte de Santander, que hoy tiene cerca de 50.000 hectáreas sembradas, plantas extractoras y miles de empleos por cuenta de esa cadena.

Si entonces la palma fue el eje de una política cultivos ilícitos que intentó ir más allá de la mera sustitución y trazó una estrategia de recuperación económica regional, me pregunto si la dirigencia empresarial y política del departamento, al tiempo que el gobierno nacional habla otra vez más de erradicar los cultivos de coca de manera forzosa, estará pensando en que ese proceso se asocie, como en tiempos de la palma, con una estrategia de recuperación productiva que no solo mitigue el golpe económico y social de las fumigaciones, sino que le despeje algún horizonte económico a la región. Hasta el momento, no veo nada de eso.

La coca sigue teniendo un peso muy grande en la economía de Norte de Santander con decenas de miles de hectáreas y laboratorios de procesamiento. Si la erradicación forzosa se hacen realidad, el golpe se sentirá muy duro en Cúcuta. Esa posibilidad es también la oportunidad para madurar una propuesta de desarrollo agrícola o agroindustrial que dinamice el territorio, como en su momento ocurrió con la palma.

Entidades como la Cámara de Comercio y las secretarías de desarrollo de la Gobernación y de la alcaldía de Cúcuta, que llevan años estudiando propuestas de cadenas productivas, infraestructuras para la producción y acceso a mercados, deben orientar esta discusión entre la élite empresarial y la dirigencia política regional, que si superan sus desconexiones y construyen conjuntamente un proyecto de desarrollo que vaya más allá de la coyuntura, podrían por fin jugar un papel destacado en la reformulación del futuro económico de la frontera.


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