Con esta columna, no faltará quién me etiquete como petrista, izquierdista, oposición y muchas cosas más, pero no, voté por “el tigre” como un mal menor, como en el pasado lo hice por Rodolfo Hernández. No he comulgado ni comulgaré con los procedimientos “non santos” del petrismo y el tiempo con sobrada razón lo ha confirmado.
Se espera que ahora sí, por fin la justicia funcione (o mejor la comisión de absoluciones que ha demostrado que no sirve para nada) y no pase de ser puros anuncios mediáticos como en el pasado ha sucedido con todos los mandatarios que dejaron el poder. Ninguno, ojo, ninguno ha sido condenado penalmente. Fueron inocentes palomas.
Rojas Pinilla el más cercano fue declarado indigno por el Congreso, por abuso de autoridad y concusión y 6 años más tarde absuelto por el mismo congreso. ¡Qué payasada!
Al señor Samper que se le coló un elefante en su casa y no se percató, según afirmación del Cardenal Pedro Rubiano, con relación a los dineros del narcotráfico que ingresaron a su campaña presidencial. Con pruebas contundentes ni un rasguño sufrió.
Pero vamos a lo sustancial. En campaña y posteriormente, después de posesionarse el señor De la Espriella, él, el vicepresidente y el ministro de Hacienda nombrado, por los medios de comunicación recalcaron hasta la saciedad que en su gobierno no presentarían al Congreso una reforma tributaria para subirle más los impuestos al pueblo colombiano, que no aguantaban más cargas tributarias.
Más, sin embargo, de caraduras, el gobierno radicó un proyecto de ley llamado “rescate económico” disfrazado para no incumplir las promesas de campaña, ellos dirán: “pero no se llama reforma tributaria” no hemos incumplido. Más impuestos para la clase media, aumentos del IVA en la canasta familiar, sube las cotizaciones para la salud, y pare de contar.
A los trabajadores y a los independientes los clavan con aumentos en las cotizaciones a la salud. Los trabajadores formalizados pasaran de pagar el 4% al 5.5 y 8% de su salario y los independientes del 12.5% al 15.5%. Espantarán a las personas que quieran pensionarse por cuanto la planilla de cotización va juntita: salud y pensión.
Esperamos que el señor de La Espriella no siga por la ruta de los incumplimientos, pero lo cierto, claro y veraz, es que para el 19 de noviembre que se anuncia una protesta popular, este “rescate económico” será un combustible eficaz, para que mi Dios no lo quiera, se inicie el incendio o estallido social, como lo quieran llamar.
Y de sobremesa, ha anunciado vacaciones a los delincuentes en Cúcuta por su carácter de temporal, después, “¿quién podrá defendernos?”.
Pilas congresistas, si le aprueban el proyecto sin romperlo ni mancharlo, la historia los juzgará como cómplices en concierto.
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