Suscríbete
Elecciones 2023 Elecciones 2023 mobile
Cúcuta
El coronavirus les corrió los clientes
El COVID-19 también ha afectado a las trabajadoras sexuales del parque Mercedes Ábrego.
Authored by
Image
La opinión
La Opinión
Jueves, 19 de Marzo de 2020

Las trabajadoras sexuales del parque Mercedes Ábrego están siendo afectadas por la crisis del coronavirus, porque se redujo a cero el número de clientes y de esa manera dejaron de percibir el sustento diario.

Ayer, hacia las 10:30 de la mañana, Carolina Pérez*, quien tiene 25 años y llegó de Caracas hace cuatro, no había trabajado y ni siquiera se había ganado los $25.000 que le cobra a cada amante ocasional, que incluye los $5.000 de la pieza. 

Ella, al igual que Alejandra*, de 27 años y con el mismo tiempo de estar en ese lugar ejerciendo la prostitución, frecuentan una de las calles aledañas al parque Mercedes del barrio El Llano, en la zona céntrica de Cúcuta. 

Alejandra, quien procede de Maracay en el estado Aragua y es madre de dos niñas de 8 y 6 años, confiesa que la situación se agudizó desde hace tres días. “Salimos pero no trabajamos y lo que perdemos es tiempo paradas esperando nada, porque los hombres no están llegando”. 

Ella en días normales se gana entre $80.000 y $100.000 porque su juventud y atractivo físico son un buen gancho para sus clientes, algunos asiduos visitantes dispuestos a pagar por un poco de placer. 

“En estos días no estamos haciendo ni para desayunar, menos para el arriendo, el mercado, los servicios, transporte y para la persona que me cuida las niñas”, dice Alejandra, mientras se acicala para un potencial cliente que la ve mientras pasa muy cerca de ella.  

Otra de las mujeres que camina de manera nerviosa por toda la cuadra, dijo que muchas de ellas permanecen por estos días en las residencias o en las casas de barrios donde están arrendadas con sus hijos y otros familiares, mientras que las que salen a trabajar están teniendo el cuidado de lavarse las manos hasta donde les es posible, usan tapabocas y guantes cuando entran a las habitaciones, le exigen el uso del preservativo al cliente y evitan las caricias y los besos, como una medida para no contagiarse.

Una dura realidad

La caraqueña Mariana*, quien tiene 22 años y trabaja en el Mercedes Ábrego desde hace un año, le contó a este medio vía telefónica que está confinada en la casa que tiene en arriendo desde que se expidió el decreto de toque de queda y fueron tomadas medidas más drásticas para evitar que la gente permanezca en la calle ante el temor al coronavirus.

“El martes salí pero el camión de Migración se estaba cargando a todos los venezolanos y debí devolverme, porque si me deportan mis dos hijos van a quedarse solos y desprotegidos y con la frontera cerrada no sabríamos a dónde nos podrían llevar”.

Mariana es una de las más de 300 mujeres que ejercen el oficio más antiguo del mundo, tanto en el parque Mercedes como en sus alrededores, y se encuentran en una situación crítica porque todas ellas viven del día a día, según Katherine Crespo Meléndez, quien trabaja defendiendo los derechos de esta población migrante con el apoyo de la ‘Corporación Mujer Denuncia y Muévete’.  

En la actualidad se ha reducido el número a menos de la mitad, porque están cerrados algunos establecimientos como cervecerías en los que esperan y departen con sus clientes y en aquellos lugares donde les alquilan las habitaciones.

Sin embargo todas ellas y sus familias están pasando aprietos desde que se empezó a conocer de los estragos que estaba haciendo el coronavirus en muchos países y que se agudizó con la aparición de casos en Colombia y en Cúcuta, porque eso espantó a los clientes regulares que las visitaban.

“Ellas subsisten del día a día, son madres solteras, hijas y jefas de hogar que tienen que salir a ejercer su oficio porque de eso depende que en su núcleo familiar puedan comer, pagar arriendo, servicios, el colegio de los niños y otras necesidades”, explicó Crespo. 

Agregó que están pidiendo la ayuda y solidaridad de distintas entidades para que asistan a esta población migrante, que además de la dura situación económica se enfrenta al constante asedio de la Policía y de las autoridades migratorias, al igual que son blanco de agresiones físicas, violaciones y trato cruel por parte de algunas personas que se aprovechan de su condición, explicó.

“Ellas se están resguardando para cuidar su salud y la de los suyos, porque además de estar expuestas en cualquier momento al contagio del COVID-19, por estar las calles que por estos días están muy solas, particularmente en las noches, hay desadaptados que abusan de su vulnerabilidad, las atracan, las golpean y las maltratan; pero pese a todo, la calle es su única opción”.

Lea además ¿Cómo resolver los conflictos en el encierro?

Medidas sanitarias 

La mayoría de trabajadoras sexuales del parque no cuenta con controles médicos, porque muchas están en condiciones de ilegalidad y cualquier centro asistencial les pide estar afiliadas a una EPS, por consiguiente están desprotegidas en materia de salud, según Katherine Crespo. 

“En el parque Mercedes, de las 300 mujeres que hacen presencia diariamente, al menos 20 son menores de edad, con edades que oscilan entre los 14 y 17 años; estas niñas, que están siendo explotadas a través de la prostitución, requieren atención de las autoridades colombianas”, puntualizó la defensora de derechos humanos. 

Temas del Día