El pájaro toche vuela con total libertad en un paisaje de cordillera que une a Colombia y Venezuela; sin divisar fronteras, divisiones ni discriminación.
Desde su casa en Los Patios, Julieth Alexandra Lizarazo se inspiró en esta ave de plumaje negro y amarillo para construir su interpretación de lo que es la “identidad fronteriza”, como tituló su obra, que ganó primer lugar del reto virtual Grafiti en la Frontera.
Como punto central, Julieth coloreó a una mujer que representa a la Madre Tierra, “de ella todos venimos, sin importar nuestro color de piel ni nuestro país de nacimiento”, comentó la estudiante de Trabajo Social, de 21 años y quien dibuja desde niña.
Este concurso fue impulsado por la fundación Quinta con Quinta Crew, en el marco del proyecto ‘Mi ciudad frontera’, que apoya el Programa de Gobernabilidad Regional de Usaid. Este reto de grafitis forma parte de la agenda de retos virtuales juveniles que 5ta con 5ta promueve también en escenarios como el teatro, ka música y la pintura.
Miradas con historias
La foto de un niño migrante de ojos saltones causó en Gabriel Pereira Delgado una conexión que solo pudo describir cuando lo pintó en un lienzo que sirviera para despertar la sensibilidad de la gente y dejar atrás las diferencias de nacionalidad.
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“Miradas que cuentas historias” fue la frase que el artista tachirense integró a la pieza para acompañar la expresión de ese rostro infantil que simboliza, para algunos, el lado más vulnetrable de la migración venezolana y, para otros, la cara de la esperanza de miles que inician una nueva vida de este lado de la frontera.
“El arte es un medio para dejar a un lado las diferencias y servir de puente para comenzar a relacionarnos como iguales. En el caso del grafiti, estos rompen estigmas”, asegura Pereira, quien obtuvo el segundo lugar del concurso virtual.
Gabriel, conocido como ‘Deper’, tiene 24 años y siempre ha pintado. Es venezolano y migró a Cúcuta hace tres años, porque no pudo continuar sus estudios de diseño gráfico en su natal San Cristóbal. Actualmente es un reconocido artista grafitero y tatuador.
Por su parte, Jesús David Parra Corredor, basó su concepto artístico en lo que representa el joropo en ambos países: vueltas, pasos, giros, música, celebración, a blanco y negro gracias a su lapiz grafitero.
“Es la más fiel representación que los de aquí y los de allá somos el mismo pueblo, que damos vueltas frente a frente en el mismo baile que nos une”.
Julieth, Gabriel y Jesús no se conocen pero comparten la misma convicción de que a través del arte se cambian percepciones y se quiebran los prejuicios. Aunque por ahora sus obras solo tienen vigencia virtual, anhelan que pronto, cuando superemos la cuarentena, sus obras se unan a ese paisaje fronterizo en el que a diario colombianos y venezolanos se encuentran como hermanos.
