La agroindustria de palma de aceite llegará a Barranquilla con una mezcla de fortaleza productiva y alta cautela política. El 54° Congreso Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite se hará en medio del debate electoral y de cambios en el comercio internacional.
El encuentro reunirá a productores, empresarios, investigadores y actores de la cadena en un momento clave para uno de los sectores agrícolas más dinámicos del país, que hoy combina expansión de áreas, inversiones y presión por seguridad.
La cita llega después de un año récord para la producción. “El 2025 fue un año realmente muy positivo para la palmicultura colombiana. La cadena cerró con su mejor desempeño histórico”, afirmó Nicolás Pérez, presidente de Fedepalma.
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Colombia produjo en 2025 un total de 1,93 millones de toneladas de aceite crudo de palma, el nivel más alto registrado por el sector. Ese resultado reforzó el peso de la palma dentro del agro exportador colombiano.
La dinámica se mantuvo en 2026. Entre enero y abril, la producción alcanzó 750.000 toneladas, un crecimiento de 3% frente al mismo periodo del año pasado, según el balance presentado por el dirigente.
Ahora, la expectativa es que el país alcance por primera vez los dos millones de toneladas de aceite crudo de palma. El comportamiento climático y la estabilidad del mercado seguirán siendo determinantes durante el segundo semestre.
El congreso también tendrá peso regional. El gremio espera alrededor de 1.200 asistentes entre productores, empresas, conferencistas y delegaciones latinoamericanas, con participación relevante de Perú, Ecuador y Venezuela.
Clima electoral
La lectura del escenario político colombiano será uno de los ejes del encuentro. El sector observa con expectativa cómo la elección presidencial puede influir en inversión rural, seguridad e infraestructura.
Ese análisis estará a cargo de César Caballero, gerente de Cifras & Conceptos, quien hará una lectura de la primera vuelta presidencial y el impacto del resultado en el entorno económico y empresarial.
Aunque el gremio ha evitado fijar posiciones electorales, sí insiste en tres prioridades para el próximo Gobierno. La primera es la recuperación de la seguridad en las zonas rurales.
“Lo más importante es que, independientemente de quién llegue, haya claridad sobre tres temas fundamentales: seguridad física, seguridad jurídica e inversión en infraestructura”, señaló Pérez.
El deterioro del orden público preocupa especialmente en regiones palmeras. Extorsión, robo de insumos, quema de maquinaria, secuestros y bloqueos logísticos siguen afectando la actividad agroindustrial en varias zonas.
La preocupación es mayor en el Catatumbo, donde Norte de Santander mantiene presión por enfrentamientos armados, cierres viales y restricciones de movilidad que golpean cultivos, transporte y operaciones comerciales.
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El sector también reclama seguridad jurídica para una actividad con horizontes largos de inversión, la incertidumbre sobre tierra, reglas de operación y estabilidad institucional frena proyectos de expansión.
Otro frente es la infraestructura. El gremio considera que la falta de nuevas carreteras y una logística costosa reducen la competitividad en un sector que depende del transporte para el mercado interno y exportaciones.
Comercio externo
El congreso también pondrá foco en la reconfiguración del comercio exterior, la tensión geopolítica y la reorganización de prioridades comerciales de Estados Unidos han abierto nuevas preguntas para industrias exportadoras.
Ese análisis será abordado por Javier Díaz, presidente de Analdex y María Claudia Lacouture, presidente de la presidente de la Cámara de Comercio Colombo Americana; quienes revisarán cambios logísticos, comercio regional y oportunidades para Colombia.
El interés de los palmicultores es entender cómo la política comercial de Washington y la reorganización de cadenas internacionales pueden abrir espacios para exportaciones palmeras en nuevos mercados.
Venezuela aparece como una variable clave. El país bolivariano mantiene recuperación de su producción palmera, pero sigue siendo deficitario en aceite de palma, lo que abre expectativas para la oferta colombiana.
Durante años, Venezuela fue un mercado importante para esta cadena productiva. Sin embargo, restricciones financieras y dificultades de pago redujeron el intercambio bilateral.
“Estamos viendo con mucho interés el restablecimiento del comercio con Venezuela”, explicó el presidente de Fedepalma, aunque aclaró que los acercamientos siguen en una fase exploratoria y con volúmenes todavía limitados.
Según Pérez, la expectativa está atada a reglas claras para pagos y operaciones. Mientras eso no ocurra, el sector mantendrá cautela frente a negocios de mayor escala.
Expansión y retos
La fortaleza del sector también se refleja en el crecimiento territorial. Colombia cerró 2025 con 641.000 hectáreas sembradas, consolidando la palma como el segundo cultivo más grande del país.
El aumento reciente estuvo impulsado por cerca de 30.000 hectáreas nuevas, especialmente en Casanare y Norte de Santander, donde Tibú mantiene expansión pese al deterioro de seguridad.
La cadena también sigue ampliando empleo. Una encuesta sectorial mostró que hoy genera 330.000 puestos de trabajo, de los cuales cerca de 100.000 son directos.
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El peso de pequeños productores sigue siendo dominante. El país terminó con 9.300 palmicultores registrados y alrededor de 80% corresponde a esquemas de pequeña escala.
En sostenibilidad, el sector avanza en inversiones ambientales. Cerca de diez plantas extractoras instalaron sistemas para capturar metano en lagunas de efluentes y convertirlo en energía.
Estas inversiones oscilan entre tres y cuatro millones de dólares por planta. El objetivo es reducir huella de carbono y fortalecer la posición de la palma frente a nuevos mercados energéticos.
Otro frente será el clima. Expertos revisarán el impacto del posible fenómeno de El Niño y el uso de inteligencia artificial en modelos de predicción para anticipar sequías.
La alerta no es menor. La severidad del fenómeno climático podría afectar la productividad en los próximos meses o trasladar impactos a ciclos productivos posteriores.
“Estamos apuntándole a que por primera vez en Colombia se produzcan 2 millones de toneladas (...) aunque la intensidad del clima será decisiva”, afirmó Pérez.
Redacción
René Mora / prensarenemora@gmail.com
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