Suscríbete
Elecciones 2023 Elecciones 2023 mobile
Editorial
¿Dónde está el casco?
Que sepamos, no hay ninguna ley ni noma municipal o departamental que haya dado permiso para andar sin ese elemento fundamental.

Authored by
Image
La opinión
La Opinión
Miércoles, 1 de Julio de 2026

Volviendo la mirada hacia las calles cucuteñas y del área metropolitana hay una particularidad que llama la atención tanto por lo riesgosa para la vida como por lo curiosamente irrespetuosa de la normatividad vigente.

Se trata de la gran cantidad de motociclistas y sus acompañantes que circulan en esos vehículos sin casco, que además, es de unas condiciones especiales para ofrecer la protección certificada.

Que sepamos, no hay ninguna ley ni noma municipal o departamental que haya dado permiso para andar sin ese elemento fundamental.

Con los elevados índices de accidentalidad que en su mayoría tienen a los motociclistas como los actores viales mayormente afectados, bien sea porque resultan gravemente heridos o porque fallecen, la lógica indicaría que el casco no es un lujo sino una necesidad.

Y lo obvio es que llevar puesto el casco es una obligación para la cual no existe excusa valedera ninguna, si tenemos en cuenta las graves consecuencias que evadir su uso generan para el conductor y el parrillero de la motos.

Y aunque a ciencia cierta se sabe que al accidentarse en ese tipo de vehículos sin ninguna clase de protección en la cabeza el resultado en el 99 por ciento de los casos puede ser mortal, pareciera que estamos asistiendo a un reto de exponer la vida sin necesidad.

Los casos abundan por las diferentes calles y avenidas principales de la ciudad, así como por los anillos viales y en las vías de los municipios cercanos a la capital de Norte de Santander.

Las autoridades de tránsito del área metropolitana de Cúcuta deben de hacer operativos específicos frente a esta infracción, por las implicaciones que tiene, y actuar en consecuencia con la aplicación de las sanciones respectivas.

Si a esto no se pone freno de manera urgente, ocurrirá aquello de que el mal ejemplo cunde y cada vez más serán los motorizados que prefieran dejar el casco en casa o llevarlo en el codo o ni siquiera comprarlo.

Y eso conlleva también consecuencias para el sector de la salud y a la elevación de  los accidentes mortales, por esta moda que parece querer imponerse y que, repetimos, por el bien de los niños, adolescentes, mujeres y hombres es de la mayor urgencia contener.

Hay que obligar a esos infractores anti-casco a ir a cursos especiales donde les recuerden que el Código de Tránsito ordena que todo motociclista tienen el deber de  llevar ese aditamento para protegerse y mostrarles crudamente, si se quiere, lo que les pasa por rehusarse a utilizarlo.

Incluso, convocar a psicólogos y de expertos en cuestiones de familia para que les dicten charlas de que la vida no es un juego y que exponer a sus hijos a semejante peligro también podría generarles problemas jurídicos. 

Aparte de eso hay que lanzar campañas educativas y de conciencia ciudadana, porque de lo contrario estaremos ante un problema de salud pública, que es indispensable evitar que se salga de control y continúe en crecimiento esa delicada y la mayoría de las veces mortal práctica.


Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en http://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion . 

Temas del Día