Hay que rechazar las acciones violentas desatadas por el Ejército de Liberación Nacional (Eln) con ocasión de los 62 años de haberse formado y a través de los cuales ha sembrado de dolor a Colombia.
Sus ataques contra la infraestructura petrolera, como el oleoducto Caño Limón-Coveñas, a lo largo del tiempo, al igual que los secuestros, extorsiones, la minería ilegal y el narcotráfico, conforman el cuadro de hechos atentatorios contra la seguridad.
Al listado de hechos que alteran el orden público se encuentran el desplazamiento forzado de la población, el reclutamiento ilegal de niños, adolescentes y jóvenes, el confinamiento, la desaparición y el homicidio.
Pero sobre todo en este momento dicha organización ilegal ha dado un paso hacia el poderío en materia de armamento, capacidad de lucha y operaciones de inteligencia y seguimiento del enemigo al igual que de hostigamiento de los civiles indefensos, al contar ahora con drones dotados con artefactos explosivos.
Las consecuencias de ese poderío que adquirió el Eln las ha sufrido en carne propia Norte de Santander, especialmente en la subregión del Catatumbo.
En esa zona del departamento, la guerra entre dicha estructura y la disidencia de las Farc es, precisamente, la comprobación del estado de degradación al que ha llegado el conflicto armado por la violación de todos los derechos y la generación de la peor crisis humanitaria.
La situación es tan crítica, que según lo advertido en informes periodísticos, el Eln ha instalado escuelas clandestinas para enseñar el manejo de estos vehículos aéreos no tripulados, con los cuales también lanzan operaciones contra la Fuerza Pública desplegada en esta zona del país.
Pero se advierte desde el Eln muy pocas luces de buscar una verdadera paz y de utilizar las negociaciones y los ceses del fuego para fortalecerse en número de combatientes, mayor presencia territorial y poderío en armamento para ejecutar sus ataques.
El área metropolitana de Cúcuta y la frontera con Venezuela han sufrido, no solo ahora sino desde tiempo atrás las incursiones de esa organización armada, especialmente en la actualidad cuando se sienten los impactos de la guerra que se libra en el Catatumbo.
Hoy, el Chocó, zonas de Arauca, Cauca, Valle y otros departamentos se encuentran sometidos al accionar guerrerista de ese grupo por su aniversario, reconfirmando que persiste en la ya anacrónica lucha armada que en este momento ya no tiene cabida por todos los males causados y el grave deterioro humanitario.
Es tan delicado y calamitoso lo que hoy hace el Eln, al igual que sus acciones del pasado, que todas estas operaciones se constituyen en infracciones al Derecho Internacional Humanitario (DIH), porque generan zozobra y ponen en riesgo a la población civil.
Como la ‘Paz Total’ no logró el cometido ni tampoco se hizo posible el planteamiento del Gustavo Petro de que: “a los tres meses de ser presidente se acaba el Eln”, viene entonces el nuevo escenario del nuevo gobierno de desmontar esa política y de someter a esos grupos, al igual que de reanudar los bombardeos de campamentos.
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