Extendemos nuestra solidaridad con los hermanos venezolanos en este momento de dolor por el movimiento telúrico que enlutó al vecino país, que requiere el apoyo internacional para superar tan dura prueba.
Surge en este momento una válida inquietud en Norte de Santander que en mayo de 1875 sufrió el desastre provocado por el terremoto que destruyó a Cúcuta.
Y, ¿qué hay de lo sucedido en Venezuela con lo ocurrido hace 151 años en esta zona fronteriza?
Pues que no podemos hacer caso omiso ni darle la espalda o tratar de actuar como si no fuera nada, porque lo único cierto es que estamos en una zona con alta actividad sísmica.
Porque razonablemente, deben de haber acciones concretas de diverso orden para mitigar algo contra lo que no podemos anticiparnos como son los terremotos, aunque la prevención desde diversos órdenes sí tiene que estar muy afinada, lista, actualizada y fortalecida.
Entre estos planes urgentes se encuentra lo que desde hace mucho tiempo viene hablándose en la región, como es tener el estudio de microzonificación de la capital nortesantandereana y de los municipios metropolitanos.
Esa inversión debe hacerse, porque por ejemplo “está clasificada, según la Norma Sismo resistente de Colombia (NSR10) actual, como una ciudad de amenaza sísmica alta, con una aceleración horizontal máxima correspondiente al 35% de la aceleración de la gravedad (0,35g)”, según la descripción técnica del experto en eta materia, Carlos Humberto Flórez.
Hablar de este asunto es necesario. La normativa (NSR-10) precisa las cuestiones a contemplar para tener un modelamiento sísmico y se logre una recopilación y análisis de datos históricos y geológicos de la ciudad, investigación geológica y geotécnica del suelo.
Así que ese retraso de veinte años hay que superarlo de manera urgente, porque es mejor prevenir que lamentar, teniendo presente que al tener ese pasaje en el que nos movemos con un venda en los ojos, los riesgos adquieren mayor dimensión.
Y Flórez nos confirma la importancia de tener la microzonificación, porque esta se usa para comprender cómo los diferentes tipos de suelo pueden amplificar o modificar la intensidad de las vibraciones sísmicas, lo que ayuda a planificar la construcción y a reducir el riesgo de que las construcciones no sean capaces de resistir un terremoto.
Poner manos a la obra en ese campo es fundamental para un Plan de Ordenamiento Territorial (POT) contentivo de ese factor esencial para la vida y el desarrollo de la ciudad.
Lógicamente se tiene que seguir con la determinación de aplicar las normas de sismorresistancia para las nuevas construcciones en el territorio cucuteño, llámese edificios, viviendas y otra clase de estructuras.
Y mientras que llega el momento de anunciar que ya tenemos una radiografía del territorio en el campo geológico, es igualmente indispensable evitar y prohibir que se levanten casas en las áreas identificadas, hasta el momento, como de alto riesgo porque esto es someter a la ciudad a una presión innecesaria.
A veces, las cuestiones relacionadas con los terremotos muy poco hacen parte del debate, pero en el caso del municipio es necesario que entre a ser algo natural, para que de esta manera el ciudadano logre tener incidencia en los centros de poder con el fin de lograr que se tomen las decisiones requeridas para que la ciudad tome las prevenciones a tiempo.
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