La desaparición forzada sigue dejando heridas en Norte de Santander. Las cifras, o mejor las familias así lo demuestran, puesto que otras 32 han entrado de nuevo entre quienes padecen el dolor de tener a seres queridos cuyo paradero desconocen.
En la región no se debe dejar de hablar de quienes han desaparecido en medio del conflicto armado, porque este pasaje de nuestra historia hay que mantenerlo siempre iluminado hasta poder encontrar hasta la última de las víctimas de este delito.
En un trabajo periodístico de La Opinión se recordó que en lo corrido del presente año el 50 por ciento de los casos sucedieron en el área metropolitana de Cúcuta, donde hacen presencia grupos armados como el Ejército de Liberación Nacional (Eln), organizaciones paramilitares, la disidencia de las Farc y bandas criminales como el Tren de Aragua, entre otras.
Lo sucedido en este aspecto hace parte de un contexto nacional en el que las regiones martirizadas por este flagelo figuran Bogotá, Antioquia, Meta, Norte de Santander y Meta.
La región ha padecido fuertes incidencias del conflicto armado por el accionar de las diversas organizaciones armadas ilegales que hoy han adquirido tal poderío, que el Eln y la disidencia de las Farc se disputan el control territorial, político, social y de las economías ilegales del Catatumbo, en una confrontación que llevas más de año y medio.
Uno de los dolorosos reflejos del incesante fragor guerrerista es un dato sobre el que debemos pensar con rostro humano, como es el de los 5.524 desaparecidos que todavía siguen siendo buscados por sus deudos que no pierden la esperanza de saber qué fue lo que pasó con ellos.
Detrás de esas frías cifras hay personas que hoy debieran ser profesionales, padres de familia, trabajadores, emprendedores, dirigentes políticos, líderes sociales, entre otros, cuyo rastro se diluyó en medio de circunstancias que todavía siguen siendo un misterio.
En ese sentido es de resaltar la misión que adelanta la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, que se convirtió en un escalón que les devolvió la esperanza a las familias para poder hacer el duelo al recuperar los restos de sus seres queridos.
La actividad de esa organización tiene que seguir siendo respaldada con el fin de que pueda contribuir a seguir cerrando ese capítulo, con sus acciones en cementerios municipales como lo ha hecho en Cúcuta y otras localidades.
Y un hecho que hoy llama la atención es que por la desaparición forzada en Cúcuta se proyecta levantar un monumento llamado la ‘Muñeca Abrazadora Restauradora’, busca representar el abrazo que muchas familias de personas desaparecidas no pudieron volver a recibir.
Este simbolismo ante semejante situación tan dolorosa llega a servir de bálsamo contra el dolor y un espacio de memoria y reflexión para las víctimas, sus familiares y la ciudadanía, incluso, este tipo de figuras pueden llegar a convertirse en lugares para que el paso del tiempo no cubra con el olvido esta clase de situaciones vividas, a fin de evitar su repetición y, además, para que se hagan iniciativas dirigidas a mantener vigente la memoria de quienes se esfumaron porque sus raptores los condujeron a la desaparición.
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en http://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion .
