Una ficha clave en el gabinete del presidente electo, Abelardo de la Espriella, acaba de obtener Norte de Santander con la designación del general retirado, Jorge Mora López, como ministro de Defensa.
Su llegada tiene varios aspectos. Uno, la retribución del gobierno entrante a la alta votación alcanzada en la región en primera vuelta (70,61 % de los votos) y segunda vuelta (76,56% de los votos) en respaldo a la visión de país que les propuso a los colombianos.
Los tarjetones marcados a su favor en este departamento fronterizo: 741.000, el 31 de mayo, y 602.652, el 21 de junio, fueron determinantes para el triunfo del candidato del movimiento Defensores de la Patria.
También puede interpretarse como una respuesta a los pedidos que a gritos ha venido haciendo Norte de Santander para liberarse de todas las formas de violencia generadas por el incesante conflicto armado y la inseguridad ocasionada por las bandas del crimen transnacional asentadas aquí.
Entonces, al ser un clamor también nacional ante el deterioro de la seguridad ciudadana y el fortalecimiento de organizaciones armadas ilegales como el Eln, el Clan del Golfo y la disidencia de las Farc, a Mora López le corresponderá sacar la casta nortesantandereana para enfrentar y superar todos estos desafíos en la lucha contra el crimen organizado.
Y en su natal departamento sí que tiene trabajo por hacer de manera urgente y contundente una vez que asuma las riendas del Mindefensa.
La acción principal es liberar al Catatumbo del Eln y la disidencia de las Farc, que a sangre y fuego se disputan esta estratégica subregión para imponer su ley, controlar las economías ilegales, someter a la población civil y dominar conexiones estratégicas. Pero esa reactivación plena de la operatividad militar debe de ir acompañada, necesariamente, por inversiones en infraestructura, educación, agroindustria y desarrollo social de las comunidades.
La pérdida de control por parte del Estado de vastas regiones genera situaciones como las que está viviendo el territorio catatumbero desde mediados del año pasado, que ya ha dejado cifras récord de desplazamiento forzado, homicidios y violación de los derechos humanos, y cuyos efectos nocivos con secuestros, extensiones y amenazas, atentados e intimidaciones ya se sienten en el área metropolitana de Cúcuta.
La complejidad en ese microcosmos bañado por ríos como el emblemático Catatumbo también se relaciona con los cultivos ilícitos y la producción de cocaína que es uno de los combustibles del conflicto.
La otra zona de gran preocupación para la seguridad es la frontera con Venezuela, permeada por grupos armados ilegales y el multicrimen transnacional, asunto que requiere de acciones urgentes con resultados concretos.
Por lo expuesto, prácticamente Norte de Santander es el espejo que refleja todo lo que pasa en los demás lugares de Colombia afectados por las incursiones, los ataques con drones, el hostigamiento a la población civil y el reclutamiento forzado de menores de edad por parte de unas organizaciones criminales cada vez más fuertes en combatientes y en armamento.
Precisamente, el presidente electo De la Espriella al designar a su Mindefensa dijo que se trata del “compromiso de recuperar la autoridad, fortalecer la moral de la Fuerza Pública y garantizar que el Estado vuelva a ejercer el control en cada rincón del país”.
Solo resta por decir, buen viento y buena mar para el general ( r ) Mora López frente a ese reto de “recuperar cada centímetro de nuestro territorio para que la seguridad sea el puente hacia el progreso social en la ‘Patria Milagro’”.
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