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Editorial
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Se trata de la restricción de la pólvora y la accidentalidad  en las calles de la ciudad y las vías del departamento, que necesitan entrar en cuidados intensivos.

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La opinión
La Opinión
Sábado, 7 de Noviembre de 2026

Reunir una serie de acciones para la temporada  que se avecina,  en dos asuntos sobre los cuales los acontecimientos insisten en advertirnos que no hay quien los controle.

Se trata de la restricción de la pólvora y la accidentalidad  en las calles de la ciudad y las vías del departamento, que necesitan entrar en cuidados intensivos.

Ser enviado a esa unidad  equivale a la necesidad de reforzar las medidas y procedimientos teniendo en cuenta que las fiestas decembrinas no pueden ser sinónimo de tragedia.

Y una de las maneras de contener y prevenir es que desde las administraciones municipales y las autoridades de movilidad  dispongan las normas que se requieran, teniendo presente lo sucedido en otros años.

La idea es que no vuelvan a presentarse más niños y adultos quemados con pólvora, que pese a las tradicionales determinaciones prohibitivas, su mercadeo tiene una alto consumo entre los ciudadanos, pese a los riesgos evidentes y palpables que se significa para la salud y la vida.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud, con corte al reportó que fueron en total 1.028 personas resultaron quemadas con pólvora en Colombia durante la temporada de fin de año, lo cual representa un aumento del 7%.

Esos datos ponen sobre la mesa el de hecho de que prohibir los fuegos pirotécnicos en diciembre no detiene tragedias, puesto que los números de casos continúan presentándose.

Desde ahora resulta necesaria una jornada pedagógica, aprovechando que está por cerrarse el calendario escolar, para advertirles a los estudiantes que esa clase de elementos a base de pólvora no significan alegría y diversión, puesto que al final encierran alto peligro.

Al mismo tiempo, a las entidades municipales y departamentales de salud les corresponde una misión similar dirigida hacia las comunidades con exposiciones médicas y de primeros auxilios, que recuerden las graves heridas que producen esos artefactos altamente nocivos, que igualmente tienen efectos tóxicos.

Todo lo que se haga para prevenir, no será en vano. Lo necesario es recalcar en la toma de conciencia ciudadana, para lo cual es necesario que recordar que en la Noche de Velitas, el 7 de diciembre del año pasado,  el Instituto Nacional de Salud informó sobre 172 personas lesionadas por el uso de pólvora en el país.

Otro hecho en el que no se puede bajar la guardia, es el de la accidentalidad, al ser diciembre un mes con tendencia a la ocurrencia de accidentes viales por la mezcla del alcohol y la gasolina.

Las secretarías de Movilidad tienen ahí una tarea urgente a la cual se suma la relacionada con los siniestros en motocicletas, cuya tendencia ascendente sigue presentándose en Norte de Santander.

Hacer respetar las normas y aplicar sin contemplaciones los comparendos a quienes vayan conduciendo en estado de embriaguez, así como a aquellos que ahora no usan casco y que viajan a velocidad extrema, tiene que ser la regla durante las fiestas navideñas.

Al detenernos frente a todo lo ocurrido alrededor del uso de la pólvora y de un inadecuado manejo en las vías, se observa que el servicio de salud es el que termina sufriendo la saturación, con la llegada de mayor número de personas quemadas, heridas o intoxicadas. 

Suficiente tenemos con el conflicto armado, la inseguridad, el alto costo de vida, el desempleo y otros problemas, como para sumarle el de la irresponsabilidad, la falta de cultura ciudadana y el descontrol ciudadano en una época en la que el compartir en familia y en paz es lo esperado.

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