Dos ataques contra la Policía en menos de 24 horas, con la utilización de explosivos y el despliegue de hombres armados para disparar fuego de fusil, activó las alarmas en Norte de Santander, volviendo a poner en los peores niveles la percepción de seguridad.
Estas emboscadas dirigidas contra oficiales de la institución, como lo fueron el jefe de Policía de Puerto Santander, mayor José Luis Vargas, y el comandante de la Denor, coronel Jorge Andrés Bernal, revela que los grupos violentos tienen en marcha un plan para pretender probar su poderío.
Dos hechos relacionados con la protección y preparación permitieron que las incursiones violentas no lograran el objetivo final de afectar la vida de quienes fueron objeto de los atentados.
Fue así como el blindaje de la camioneta que se movilizaba por el sector de Puerto Lleras, el martes, y la reacción del Comando Jungla, ayer, entre El Zulia y Astilleros que se enfrentó contra los atacantes, mostraron su efectividad.
Entre los hechos que llaman la atención y que deben ser reprochados, es que el grupo que ejecutó ambas acciones terroristas lo hizo sin importarle que habría podido afectar a la población civil.
Lo anterior porque los artefactos explosivos activados al paso de los vehículos en que iban los miembros de la Policía se hizo en sectores por donde transitaban toda clase de automotores.
Entre tanto, la lógica indica en estos momentos que a las unidades de inteligencia policial y militar les corresponde avanzar en las más profundas investigaciones para determinar lo sucedido y reunir todas las piezas en torno a estos atentados que por poco terminan en una tragedia.
Ante la escalada violenta es necesario que se refuercen las medidas de seguridad en los sectores neurálgicos del departamento y del área metropolitana con el propósito de frenar a las organizaciones armadas ilegales.
Y la Fuerza Pública, que ayer dio una prueba de su profesionalismo y poder de reacción, tiene que mantenerse a la ofensiva frente al accionar de grupos como el Ejército de Liberación Nacional (Eln) que mediante sus acciones violentas buscan someter a la población.
Dentro de la lógica del conflicto armado que mantiene un fuerte foco encendido en el Catatumbo, lo sucedido refuerza los argumentos de que esa guerra que se libra allá ha empezado a moverse hacia otros sectores del departamento como el área metropolitana y sectores aledaños, en donde obviamente las estructuras armadas ilegales atacan a las unidades policiales.
Hay que decir que ese fortalecimiento tanto en combatientes como en armamento y en mecanismos para generar los mayores daños posibles, es producto del fracaso de la política de ‘Paz Total’ del Gobierno nacional que en pocos días culmina su cuatrienio de mandato.
En los ceses del fuego y durante las fallidas conversaciones, lo que finalmente ocurrió es que el Eln y la disidencia de las Farc hicieron todo lo contrario a una real voluntad de paz, que hoy se refleja, entre otros hechos graves, en los dos atentados con escasas horas el uno del otro y en el que se salvaron de morir oficiales y agentes de la institución policial.
A la Policía Nacional hay que rodearla con toda la solidaridad ciudadana y recibir el apoyo total en sus tareas de seguridad, presencia y control en el territorio nortesantandereano.
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