Son tantas las acciones ilegales que pululan en Norte de Santander y la frontera, que de estas ni siquiera se escapa la fauna silvestre, considerado como un delito ambiental.
Pese a la existencia de medidas y decisiones judiciales, el tráfico ilegal se mueve en el departamento, llegando incluso a trascender hasta las redes sociales.
Este negocio ilícito de especies, muchas en peligros de extinción y que no pueden ser sacadas de su hábitat natural como el Catatumbo y demás regiones del departamento, registra un gran movimiento.
Detengámonos a pensar un instante en lo siguiente. Si la Policía dice que en coordinación con Corponor ha recuperado 760 especímenes en lo corrido del presente año, ¿cuántas habrán terminado siendo traficadas por esta clase de negociantes?
Si el número que logró ser llevado a los compradores tanto del área metropolitana de Cúcuta como de otras ciudades, es igual o superior a esa cantidad reseñada de incautaciones, hay que estar alertas porque se está frente a una bien organizada red de que maneja dicha economía ilegal.
Hasta el momento en Colombia no hay unos datos sobre la cantidad de dinero que se mueve allí, aunque en el ámbito global el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que el comercio ilegal de vida silvestre genera hasta US$23.000 millones al año, siendo el cuarto delito transnacional más lucrativo detrás del tráfico de drogas, personas y armas.
El otro hecho a resaltar es que la subregión del Catatumbo, que tiene una riqueza biodiversa y atraviesa crudas condiciones por la crisis humanitaria generada por la violencia y el persistente deterioro de los derechos humanos, es sometida a esa extracción ilegal de la fauna. Además, a esta región también son enviadas especies de Venezuela, que entran por las trochas fronterizas.
Figurar como uno de los centros de despacho y comercio de la fauna silvestre que desde aquí llega a lugares como el Valle del Cauca y departamentos de la costa Atlántica debe llevar a mantener un cuidado permanente para cortarles las rutas a esta depredación.
Mantener esa cooperación entre la autoridad ambiental regional y la Policía es preciso profundizarla para que precisamente esa diversidad faunística no sea destruida por los comercializadores que nutren sus arcas con este negocio al margen de la ley.
Dentro de esa alianza fortalecida resulta de la mayor trascendencia la labor educativa y de toma de conciencia ciudadana para que todos los habitantes de Norte de Santander entiendan que no se le hace bien a la naturaleza sacar a las especies de sus hábitat para tenerlas en la zona urbana.
Luego debe entenderse que ninguno de los animales silvestres es mercancía ni tampoco mascotas como ha venido ocurriendo, precisamente por los traficantes.
También el llamado a las autoridades es a solicitarles a las plataformas digitales para que las redes sociales desde las que se hacen ofertas de los animales silvestres procedan a cerrar las cuentas utilizadas con ese propósito. Además, la denuncia ciudadana es otra de las mejores formas de proteger y conservar la fauna silvestre, para ponerla a salvo de quienes la convirtieron en negocio.
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