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Editorial
Violencia en Cúcuta
Los habitantes de Cúcuta asisten horrorizados a una oleada terrorista que tiene puesta en la mira a la institución policial.
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La opinión
La Opinión
Domingo, 2 de Agosto de 2026

Dos ataques contra altos oficiales de la Policía el 28 y 29 de julio y el atentado mediante el lanzamiento de cilindros cargados de explosivos al comando de la Denor, en la madrugada del primero de agosto, revelan un panorama que mezcla la inseguridad descontrolada y la clara tendencia a la urbanización del conflicto armado.

Los habitantes de Cúcuta asisten horrorizados a una oleada terrorista que tiene puesta en la mira a la institución policial, que lamentablemente ha dejado a once de sus miembros heridos, tres de ellos de extrema gravedad, debido a la execrable incursión atribuida al Ejército de Liberación Nacional (Eln).

Esa periodicidad de hechos violentos, que mostraron un escalamiento en la forma de actuar, una coordinación para la ejecución de las operaciones criminales y una forma rápida para prepararlos y ejecutarlos, deja la sensación de que se trata de un plan de desafío al Estado y para generar miedo y zozobra entre la población.

Está muy bien que se ofrezcan millonarias recompensas sobre información de los responsables y la exposición en los carteles de los más buscados a los cabecillas del Eln en la región: Silvana Guerrero, Ricardo y Pablito, para señalarlos y dejar consignada su responsabilidad en acciones como la ocurrida a pocos metros de un centro comercial, de la central de abastos y en una zona densamente poblada del norte de Cúcuta.

Pero también hay interrogantes válidos de la comunidad relativos a la efectividad de las labores de inteligencia, de la vigilancia preventiva y de las acciones de presencia y control que, por los hechos ocurridos, requieren replanteamientos, reforzamiento y mayores niveles de efectividad.

En ese sentido, hay dos preguntas surgidas de entre el fragor de los acontecimientos que merecen un análisis desde el campo de las estrategias de seguridad:

-¿Por qué después de la emboscada al jefe de la Policía de Puerto Santander, al otro día fue atacado en una operación similar el comandante de la Policía Norte de Santander?

-¿Y por qué fue tan fácil que desde San Faustino saliera el camión dotado con el sistema para lanzarle tatucos al comando policial y que los atacantes activaran la acción terrorista?

La sensación entre la ciudadanía cucuteña y del área metropolitana es de zozobra y temor, porque se sienten inseguros ante una escalada de los grupos armados ilegales muy parecida a la de febrero del año pasado cuando fue volado el peaje de La Parada (Villa del Rosario) y atacados varios CAI.

Lo único cierto es que el Estado no puede permitir que el Eln, al que el saliente ministro de Defensa, Pedro Sánchez, denomina “organización narcoterrorista”, se salga con la suya en su táctica de mostrar poder operativo y de fuego en la capital nortesantandereana y sectores aledaños.

Además, esto encaja dentro de una respuesta violenta del grupo guerrillero de ideología guevarista al presidente electo, Abelardo de la Espriella, quien dentro de su estrategia para recuperar la seguridad plantea el sometimiento de los cabecillas o su derrota y rendición por la vía militar.

Norte de Santander, con un Catatumbo en medio de la guerra, y un área metropolitana de Cúcuta asediada por el conflicto armado, tienen que ser rescatados y blindados de esta oleada terrorista y devolverle la seguridad a los ciudadanos.


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