Si hay un rostro inseparable de Yo me llamo, ese es el de Amparo Grisales. Desde el estreno del formato en Colombia, la actriz ocupa el puesto de jurado con una misión clara: encontrar al doble perfecto.
Once temporadas después, la llamada Diva de la Televisión Colombiana sigue siendo el referente de la exigencia en un programa que, según ella, ha convertido al país en el principal escenario de la imitación en Latinoamérica.
La actriz, de 69 años, reconoce que formar parte de la historia del programa representa una de las mayores satisfacciones de su carrera.
“Estoy muy contenta de estar en la temporada número 11 de Yo me llamo. Eso es una gratitud total con Dios de que todavía esté yo y que el programa tenga tanto éxito y yo poder estar allí”, afirmó.
Para Grisales, el éxito del formato colombiano radica en una característica que lo diferencia de las franquicias realizadas en otros países: el nivel de exigencia.
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“Todos quieren venir a Yo me llamo Colombia porque es el más exigente, el que pide más perfección. Aquí tenemos una escuela con maravillosos profesores de baile, expresión corporal y voz. Los participantes pasan cerca de cuatro meses perfeccionándose hasta convertirse en verdaderos dobles”, explicó.
Esa filosofía permite que el programa reciba concursantes provenientes de distintas partes del mundo y que cada temporada eleve el nivel de la competencia.
En esta undécima edición, la actriz asegura que el público encontrará personajes nunca antes vistos en el escenario del concurso.
“Tenemos artistas que nunca se habían presentado, como Lady Gaga, Tina Turner, Pablo Alborán o Luis Fonsi. También están quienes llegan con mucho humor y solo quieren vivir la experiencia de aparecer en televisión. Eso hace parte de la esencia de Yo me llamo: aquí todos los talentos tienen la oportunidad de presentarse”, señaló.
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Pero detrás de esa mirada crítica existe una filosofía de vida que también influye en la forma como evalúa a los participantes.
Amparo confesó que la metafísica hace parte de su rutina diaria y que procura aplicar ese conocimiento tanto en su vida personal como profesional.
“La metafísica es ver más allá de lo que no se ve”, explicó la actriz, quien asegura que la meditación y las lecturas espirituales le permiten desarrollar una visión más amplia para analizar no solo el talento, sino también la energía y la autenticidad de quienes llegan al escenario.
En esta temporada también comparte la mesa con Elder Dayán Díaz, quien llegó como nuevo jurado.
Lejos de verlo como un competidor, Grisales aseguró que tanto ella como César Escola procuran acompañarlo durante su adaptación.
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“El que llega nuevo tiene que adaptarse y nosotros debemos darle apoyo. Elder conoce muy bien el programa porque ha visto todas las temporadas y nosotros queremos que haga una buena carrera”, comentó.
La actriz considera que apoyar el crecimiento de quienes la rodean también hace parte de su responsabilidad.
“Uno como artista tiene que ayudar a que los demás triunfen. A mí me gusta que la gente que está al lado mío tenga éxito, porque esa también es una manera muy bonita de convivir”, concluyó.
Once temporadas después, Amparo Grisales continúa siendo la jurado más emblemática de Yo me llamo. Su experiencia, disciplina y búsqueda permanente de la excelencia la mantienen como una pieza fundamental de un formato que sigue cautivando a millones de televidentes y que, para ella, aún tiene muchas historias por contar.
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