Hoy, 7 de junio, cientos de personas de diferentes gremios se congregarán en Cúcuta y Los Patios para darle el último adiós a Cristian Hernando Herrera Nariño, el reconocido periodista que redefinió el significado del periodismo judicial en la región.
No solo serán amigos y familiares quienes acudirán a despedirlo. También lo harán numerosas personas de distintos sectores que compartieron con él a lo largo de su trayectoria.
Durante el día acompañarán su velación en La Playa, precisamente el barrio donde, durante más de dos décadas, relató las historias de orden público que marcaron la historia reciente de Norte de Santander.
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Sus colegas recuerdan que era un apasionado por el periodismo, especialmente por la fuente judicial, área en la que desarrolló la mayor parte de su carrera.
“Amo mi trabajo, adoro mi trabajo y lo defiendo a capa y espada”, dijo en vida durante un reportaje especial realizado en 2024.
Si algo caracterizaba a Herrera era que las instalaciones de La Opinión nunca fueron un límite para ejercer su profesión. Se destacó por ser un periodista de campo que, sin importar la hora o el lugar, acudía siempre que la noticia lo requería.
Los recorridos judiciales que protagonizaba junto con un conductor y un fotógrafo no conocían límites de distancia. Quienes lo acompañaron durante años por las carreteras y calles de Norte de Santander fueron testigos de la casi obsesión que sentía por su labor.
Sus compañeros coinciden en que era uno de los periodistas mejor informados y conectados de la región. En ocasiones llegaba a las escenas de los crímenes incluso antes que la Policía y otras autoridades, demostrando que para él cada segundo tenía un valor incalculable.
Esa dinámica continuó incluso después de su salida de La Opinión y Q’hubo Cúcuta, donde también se desempeñó como editor. Ya vinculado a proyectos digitales propios, seguía asistiendo a los hechos de orden público que constantemente ocurren en Cúcuta y su área metropolitana.
A todos los rincones
Sin embargo, los límites de su trabajo no terminaban en el área metropolitana. Cristian nunca tuvo temor de recorrer los municipios más apartados del departamento. Ocaña, Hacarí, Tibú, El Tarra y muchas otras poblaciones de Norte de Santander fueron escenarios de su trabajo periodístico.
“A veces llamaba muy temprano y pedía que llegara a primera hora para salir hacia municipios lejanos cuando ocurrían homicidios o accidentes de tránsito fatales en esas zonas”, relató uno de los conductores que más tiempo lo acompañó durante su ejercicio profesional.
Precisamente en uno de esos desplazamientos ambos fueron retenidos por integrantes del Ejército Popular de Liberación (Epl) en Hacarí, cuando la organización era comandada por Víctor Ramón Navarro Serrano, alias Megateo.
Mientras se movilizaban por una zona rural del municipio fueron interceptados por hombres armados al margen de la ley, quienes los mantuvieron retenidos durante más de tres horas, en medio de momentos de gran tensión. Finalmente fueron dejados en libertad tras comprobarse que se trataba de un equipo periodístico.
“Para él no había nada lejos. Si era en Norte de Santander, nos montábamos en la camioneta y a agarrar vía”, recordó su compañero de trabajo, quien compartió innumerables jornadas que se extendían durante horas.
El contexto regional también marcó buena parte de su carrera. Durante los años en que Herrera ejerció como periodista judicial de La Opinión, las situaciones de orden público eran constantes en la ciudad y el departamento. Además, cubrió periodos en los que el conflicto armado alcanzó algunos de sus momentos más críticos.
Por eso nunca fue ajeno a la realidad de la región. Entendía que los temores y tragedias que enfrentaban las comunidades más olvidadas por la institucionalidad merecían ser contados.
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Una despedida involuntaria
Uno de los gremios que se espera acompañe su despedida es el funerario, con cuyos integrantes trabajó codo a codo durante años y forjó amistades entre cintas de aislamiento y escenas del crimen.
En conversación con este medio, uno de ellos recordó el último contacto que tuvo con Herrera Nariño, la noche anterior a su muerte.
“Yo le pregunté por un movimiento de patrullas que vi. Él me respondió y luego cambió el tema. Me dijo: ‘Por ahí encontré unas fotos viejas suyas para subirlas a Facebook si le pasa algo’. Y mire lo que pasó al otro día”, narró.
Esa última conversación, con un tono jocoso, quedó como una muestra del humor que lo caracterizaba en su relacionamiento con los funerarios, con quienes no temía a bromear sobre la muerte.
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Un carácter firme
Aun así, quienes trabajaron con él describen su faceta profesional como la de una persona de carácter fuerte, que defendía sus posiciones y su trabajo hasta las últimas consecuencias, aunque eso le generara desacuerdos.
La coronel en retiro Sandra Mora fue una de las primeras personas en pronunciarse públicamente tras el asesinato de Cristian.
“Nos debe doler la muerte de cualquier ciudadano, pero aún más la de periodistas y líderes sociales que se atreven a denunciar y que son silenciados por informar sobre corrupción”, declaró para este medio.
Sus caminos laborales se cruzaron desde 2023, cuando Mora asumió como comandante de la Policía Metropolitana de Cúcuta, hasta el año siguiente, cuando dejó el cargo y posteriormente fue nombrada secretaria de Gobierno de Los Patios.
La seguridad fue uno de los principales temas que marcaron la trayectoria de Herrera. Con más de dos décadas de experiencia, en sus últimos años estuvo vinculado a la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Cúcuta, donde aportó su conocimiento y experiencia.
“Un amigo, funcionario de la Alcaldía, comunicador reconocido en Cúcuta, un hombre con el que nos encontrábamos en los consejos de seguridad y que aportaba seriamente a la seguridad de la ciudad con sus comentarios y experiencia”, expresó Jorge Acevedo, alcalde de Cúcuta, en un mensaje público.
Solicitud expresa
Con el paso de las horas, una de las principales incógnitas sobre la muerte de Cristian Herrera, ocurrida al mediodía del pasado sábado, 6 de junio, quedó esclarecida.
“En el momento de la acción delincuencial, el comunicador se movilizaba en un vehículo adscrito a la UNP. Es preciso aclarar que la ausencia del esquema de escoltas en ese instante obedeció a una solicitud expresa y voluntaria del protegido”, señaló la Unidad Nacional de Protección (UNP) en un comunicado divulgado horas después del crimen.
Uno de los aspectos que más llamó la atención del ataque, perpetrado por un motociclista que le disparó en el barrio Quinta Oriental, fue precisamente la ausencia de sus escoltas.
Herrera era beneficiario de medidas de protección desde 2014; sin embargo, era habitual que durante los fines de semana realizara diligencias personales sin acompañamiento, lo que refuerza la hipótesis de que el crimen habría sido cuidadosamente planeado.
En total recibió ocho impactos de bala frente a la vivienda de su suegra. La mayoría de ellos alcanzaron sus extremidades superiores e inferiores, mientras que tres impactaron su torso y habrían sido determinantes para causarle la muerte minutos después.
El caso permanece bajo investigación y ya fueron designados grupos especiales para esclarecerlo. No se descarta que las amenazas que había recibido en el pasado estén relacionadas con el crimen, pues era conocido que su vida estuvo en riesgo en varias oportunidades, al punto de permanecer exiliado durante un año en Chile.
Incluso después de abandonar el periódico, Herrera no dejó de realizar denuncias públicas. A través de sus propias plataformas digitales continuó divulgando investigaciones de las autoridades, especialmente aquellas relacionadas con figuras políticas reconocidas de la región.
“La gente se enfoca en el fenómeno, pero no en el porqué. Y eso es lo que se debe descubrir, porque están silenciando periodistas. Lo de Jaime Vásquez, lo de Cristian y lo de cientos de periodistas, veedores y líderes asesinados por denunciar a los corruptos de cuello blanco no puede quedar así”, concluyó Mora.
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