Ante la prolongada cuarentena, representantes legales de casas de lenocinio solicitan a las autoridades locales implementar los protocolos de bioseguridad.
Señalan que más de 400 familias entre propietarios, administradores, cantineros y mujeres dependen de esa actividad en Ocaña.
La demora en la adopción de los mecanismos de control obliga a las personas ejercer ese oficio de manera clandestino sin los elementos de protección, señala la administradora de una de esas casas Jésica Quintero.
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Una mujer en condición de prostitución, asegura que la situación es bastante difícil. “Terrible, muchas aguantan física hambre y salen a buscar desesperadamente a los clientes ya que tienen hijos y padres en zona de frontera que alimentar.
“Estamos dispuestas a cumplir con todos los exámenes exigidos por la ley pues no podemos regresar ya que la pandemia es igual en todas partes.”, señala.
El jefe de Planeación municipal, José Velásquez , señala que se encuentra en revisión los protocolos por parte del gobierno nacional para la respectiva aprobación de la reapertura de esos lugares.