A los 73 años, Carmen Cecilia Castro, quien es conocida en Pamplona por recorrer las calles vendiendo algodón de azúcar, tuvo un día diferente.
Ella, tras más de una década, estuvo en un salón de belleza donde la peinaron, la maquillaron, le arreglaron las uñas y estrenó ropa.
Mientras la dejaban como una quincieañera, como ella lo afirmó, en su casa un grupo de auxiliares bachilleres de la Policía le pintaba las paredes y le hacía reparaciones a la infraestructura.
La jornada hizo parte de una campaña de atención social de la Policía de Pamplona, tras conocer la situación de la mujer trabajadora y que vive en precarias condiciones.
La misión de mejorar las condiciones de vida de Carmen Cecilia y de su esposo, José Carrillo, estuvo a cargo de la teniente Johana Velasco y de la patrullera Jessica Rentería, quienes en compañía de otros miembros de la institución se dieron a la tarea de gestionar ante el comercio útiles de aseo, un colchón, una cocina, pintura, brochas y otros elementos para arreglarle la vivienda, localizada en el barrio La Santa Cruz, parte baja.
Mientras un grupo de auxiliares bachilleres y estudiantes del servicio social, ejecutaba estas labores, las dos policías la llevaron al salón de belleza. Pasadas las seis de la tarde la trajeron de vuelta a la casa en donde la esperaban los familiares y vecinos.
Los vecinos le decían que estaba más joven y que ojalá se conservara así para que disfrute con más alegría el resto de vida que tiene por delante.
Encontró que todavía le estaban arreglando la casa. Viéndola con más espacios porque le retiraron una serie de elementos innecesarios que a través de los años fueron acumulando. Para el comandante del Primer Distrito, teniente Jaime Chitiva Conde, estas labores de proyección social las hace el personal asignado a la modalidad de Prevención y Educación Ciudadana.
Carmen Cecilia nació en Pamplona en 1943. Recuerda que cuando estaba pequeña los padres fallecieron, quedando huérfana y sin que nadie le diera la oportunidad de estudiar. Desde temprana edad se dedicó a las labores domésticas. Tras conocerse con su compañero sentimental empezó a vender algodones de azúcar que fabrican en la casa.
En este oficio tiene más de 35 años.Con lo producido los fines de semana les alcanza para cubrir las necesidades básicas el resto de la semana.
La Opinión
