En crisis están los productores de duraznos de la Provincia de Pamplona, quienes manifiestan que de prolongarse unas semanas más la temporada de lluvias, podrían terminar en la quiebra.
La situación se genera desde hace más de dos meses cuando por los efectos del cambio climático, empezaron los aguaceros que no son comunes en esta temporada del año.
“Estamos pasando las verdes y las maduras”, dijo Marino Montañez, quien reside en la vereda Negavita (Pamplona), localizada en la vía a Saravena.
Expresó que la situación es crítica porque cuando hay demasiada lluvia no pueden recolectar la producción y tienen que dejarla que se pierda en el suelo.
“La fruta al madurarse se cae al suelo produciendo también problemas fitosanitarios”, dijo Montañez.
De los 1.200 árboles que tiene en el predio, los programados para producir por fases no están recolectados y los duraznos permanecen en avanzado estado de maduración.
Se estableció que los más afectados por las precipitaciones atmosféricas son los productores de Pamplona, Cácota, Chitagá y Silos.
Lo mismo pasará con los demás cuando les llegue el turno. “Si siguen los aguaceros se perderá también esa cosecha”. Montañez está dejando de recoger entre tres y cuatro toneladas semanales. Así mismo, dejó de enviar pedidos a Cúcuta, Bucaramanga, Medellín y Pamplona, al igual que despidió a los 10 empleados al no contar con recursos para cumplir con los compromisos laborales.
Otra de las preocupaciones de los productores es que tienen que responder por créditos bancarios y si no cosechan para comercializar, tampoco tendrán para pagar.
En el punto
El productor Marino Montañez indicó que el durazno es una fruta que no se puede recoger impregnada de agua, porque al empacarla se quema inmediatamente y es rechazada por los compradores.
Tampoco se puede empacar cuando está madura, porque no es aceptada por los clientes al llegar en mal estado o próxima a dañarse.
Solamente se puede comercializar cuando está en un punto intermedio de madurez y para ello debe estar totalmente seca.
Precios bajos
Otra de las dificultades que tienen es que cuando hay sobreproducción los precios bajan y prácticamente tienen que regalar la fruta.
Así, lo poco que pueden cosechar es vendido por canastas de 30 kilos en $15.000, cuando lo normal son $50.000.
