Ha pasado más de 68 años desde aquel 1 de diciembre de 1957, cuando las mujeres marcaron un hito histórico al ejercer por primera vez su derecho al voto en Colombia. Con el pasar de los años, la población femenina ha ido más allá, a través de una ardua lucha, en la conquista de espacios en la política.
Hoy, que se lleva a cabo la segunda vuelta presidencial, la historia es un poco distinta a lo que ocurrió en esa fecha de la Junta Militar de Gobierno, cuando masivamente 1.835.255 de ellas sufragaron. Ese suceso abrió el camino hacia la igualdad política y a la equidad de derechos.
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El crecimiento demográfico también ha conllevado a que el número de electoras crezca 1.060% y que su participación sea de 21.298.492 (51,41%) de los 41.421.973 colombianos habilitados para votar dentro y fuera de Colombia, en esta ocasión.
Las mujeres también son mayoría en el padrón de Norte de Santander. De acuerdo con la División Política Electoral (Divipole) de la Registraduría Nacional, de los 1.369.050 ciudadanos llamados a ejercer su derecho al voto, 697.368 son mujeres, es decir, 51% aproximadamente. La diferencia respecto a la población masculina es de 25.686 votantes (671.682 hombres).
Al detallar los datos de Cúcuta, las féminas también son la masa votante más grande y superan las participaciones regional y nacional. Hay 343.058 mujeres y 307.728 hombres, o sea, ellas representan el 52,7% de los 650.786 habilitados para sufragar. Sin embargo, más allá de las estadísticas, es importante entender el peso del voto femenino.
¿Ellas solo importan en las elecciones?
La abogada Alejandra Vera, directora ejecutiva de la Corporación Mujer, denuncia y muévete, en diálogo con La Opinión considera que, después de casi siete décadas, para las defensoras de derechos humanos, activistas y feministas, el panorama no es muy alentador frente al voto; y no porque no ejerzan su derecho, sino debido a que solo se acuerdan de ellas en cada campaña electoral.
“Previo a las elecciones siempre se nos tiene en cuenta, se nos convoca, se nos organiza, se nos solicita elegir a las candidatas o los candidatos, porque la mayoría son hombres. Ha sido un proceso bastante complejo, porque, más allá de votar, nos ha tocado hacer un arduo trabajo para que las agendas feministas, de derechos humanos de las mujeres basadas en el sexo, se tengan en cuenta”, agregó Vera.
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La representante de la ONG aseguró que en Colombia, definitivamente, las mujeres eligen, porque son más de la mitad de los votantes. Sin embargo, su participación prácticamente queda solamente en las urnas.
“¿Qué es lo que nosotras hemos vivido? Que somos un voto útil, que nos instrumentalizan solo para llegar al poder. Luego se olvidan que existimos. Entonces, desafortunadamente, en los planes de los gobiernos nacional, departamental y municipal no se cuenta con las voces de las mujeres. Ni siquiera se nos organiza ni se nos hace participar”, apunta la abogada.
Para el coordinador de la Maestría en Gestión Pública de la Universidad Politécnico Grancolombiano, Alejandro Toca, el voto femenino no fue simplemente la posibilidad de depositar un tarjetón en las urnas, sino la entrada formal de las mujeres a la ciudadanía política plena, derecho reconocido en 1954 y ejercido por primera vez en 1957.
“Desde ese momento hemos visto, como sociedad, una transformación bastante profunda. Las mujeres pasaron de ser consideradas como actrices secundarias de la política a convertirse en protagonistas de campañas, movimientos sociales, gobiernos, en el Congreso y en escenarios de decisión pública”, destaca Toca.
El académico afirma que el avance no ha sido lineal ni completo, aunque ahora ellas participan más, lideran más organizaciones y ocupan más cargos públicos que hace seis décadas, pero todavía enfrentan barreras culturales, económicas y partidistas que limitan esa representación, en la cual se pensaría que debería ser verdaderamente equitativa.
“La mujeres no solamente votan, también eligen y esa diferencia es importante. Durante mucho tiempo existió la idea de que el voto femenino estaba condicionado por la familia, la religión o las orientaciones de los hombres del hogar”, añade el docente.
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Alejandro Toca subraya que, hoy, la evidencia política es clara y distinta: las mujeres son un electorado con intereses, ocupaciones y preferencias propias; de hecho, candidatos han ganado o perdido elecciones dependiendo de cómo logran conectar con las demandas de este sector poblacional en cuestiones de seguridad, cuidado, salud, educación y violencia de género.
No se ha garantizado su participación
Alejandra Vera recuerda que hizo parte, hasta hace poco, de la mesa de trabajo que vigila el cumplimiento de la Ley 1257 de 2008, la cual busca prevenir, sancionar y erradicar todas las formas de violencia y discriminación contra las mujeres. No obstante, manifiesta que la administración del presidente Gustavo Petro no les garantizó participación.
“Las mujeres continuamos siendo violentadas, asesinadas, desaparecidas, víctimas de trata y Norte de Santander totalmente abandonado; las voces de las mujeres ausentes en este gobierno. Hemos venido solicitando la garantía de estos derechos fundamentales, como lo es el de ser elegidas”, afirma la directora ejecutiva de la Corporación mujer, denuncia y muévete.
Agrega que, desde el movimiento feminista, radical y abolicionista, han solicitado la participación real de la población femenina, porque aunque se habla de paridad, ese modelo no funciona bien, pese a que en los últimos años, por reglamentación, la proporción de cargos de máximo nivel decisorio y directivo pasó del 30% al 50% para ellas.
“Tenemos la ley de paridad, pero no se está cumpliendo, porque, según las entidades y los gobiernos, las mujeres no queremos participar en el ejercicio de ser elegidas, y eso no es así. Además, para que las mujeres lleguemos a los espacios de participación es importante que se cuente con toda una estructura de protección, porque todavía estamos sobreviviendo en los espacios privados, el hogar es el lugar más peligroso para nosotras”, expresa la abogada.
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La representante de la oenegé recalca que eso sucede debido a que no existe el reconocimiento de las mujeres como sujetas de derecho y solo las “instrumentalizan para que, en días como hoy, salgan a elegir”.
Alejandra Vera indica que son conscientes de la importancia de su voto para los distintos proyectos políticos. Por eso, en estos días las organizaciones trazaban estrategias para que las residentes de zonas rurales, resguardos indígenas y territorios más alejados se pudiesen trasladar a los lugares de votación.
“¿Qué me preocupa? Que esto está sucediendo para la segunda vuelta. Para la primera no lo hicieron. ¿Por qué? Las mujeres elegimos en este país, pero no hay conciencia de que así como nos instrumentalizan, utilizan y quieren que nosotras sumemos para ese poder, en la misma medida nos tienen que garantizar la participación”, es su reclamo.
Por su parte, Alejandro Toca resalta cómo en los últimos 20 años, el voto femenino se transformó en un segmento estratégico para cualquier campaña presidencial o territorial, por lo que ningún candidato serio puede ignorar a más de la mitad del electorado.
“Lo interesante es que ya no se trata únicamente de buscar el voto de las mujeres, sino de demostrar que existen propuestas concretas para responder a sus necesidades y expectativas”, enfatiza.
De acuerdo con el coordinador de la Maestría en Gestión Pública de la Universidad Politécnico Grancolombiano, quizás el mayor cambio en estos más de sesenta años, no es que las mujeres hayan obtenido el derecho a votar, sino que se consolidaron como actor político indispensable en el país.
Entonces, una democracia no es posible en Colombia, y en ninguna otra parte del mundo, sin la participación activa, crítica y decisiva de las mujeres.
‘La violencia sigue siendo un obstáculo crítico’
El mes pasado, la Misión de Observación Electoral (MOE), presentó un informe sobre los avances que ha traído la Ley Estatutaria 2453 de 2025, luego de un año de haber entrado en vigencia.
Pero hay una advertencia del coordinador de Inclusión y Diversidad de la MOE, Danilo Sepúlveda, porque entre noviembre de 2025 y marzo de 2026, se registraron 80 agresiones contra lideresas políticas, entre ellas amenazas, asesinatos y atentados. “La violencia sigue siendo un obstáculo crítico para la participación política de las mujeres”, observa.
La investigación evidencia cómo las violencias basadas en género continúan afectando el ejercicio de los derechos políticos y democráticos de las mujeres en distintos territorios del país. Aunque las mujeres constituyen la mayoría del censo electoral y tienen una activa intervención en los comicios, su presencia en los espacios de representación, especialmente en los de mayor capacidad de decisión, continúa siendo minoritaria.
Según la MOE, por ejemplo, solamente el 24,54% de los candidatos electos para cargos territoriales, en 2023, fueron mujeres. Si bien, medidas como la cuota de género han contribuido a ampliar el acceso, siguen estando lejos del principio de paridad y no han sido suficientes para revertir las brechas estructurales que inciden en la distribución del poder político.
“Dicho comportamiento se expresó con claridad en las elecciones al Congreso de 2026. Según datos de la Registraduría, la candidatura de mujeres alcanzó el 41,22% del total, lo que representó un incremento de 1,42 puntos porcentuales frente a 2022 (39,8%). Esta participación fue del 39,68% para el Senado y del 42,04% para la Cámara de Representantes, lo que significó un aumento de 1,29 y 1,55 puntos, respectivamente”, precisa la MOE.
La MOE reitera en esa investigación la importancia de fortalecer las medidas de prevención, atención y protección frente a las violencias contra las mujeres en política, así como de consolidar respuestas institucionales integrales que garanticen una participación libre, segura y en igualdad de condiciones.
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