Esta consigna, con la cual nos hemos familiarizado a través de la historia, viene a ser sumamente reveladora en nuestras épocas modernas. Las tecnologías de avanzada, que bien podrían ahorrarnos tiempo para el trabajo, ocio y relaciones familiares, no parecen estar solucionando el problema de la “falta de tiempo”, sino paradójicamente, empeorándolo.
Cuando tenemos la percepción de que nos falta algo que contribuya a nuestra tranquilidad, la ansiedad comienza a acumularse, en un principio de a poquito, pero a medida que se repite puede transformarse en un trastorno emocional, que tarde o temprano obliga a la persona a acudir al psicólogo o a tomar medicamentos.
En un principio podríamos considerar que luego de la salud nuestro principal anhelo para tener tranquilidad es el dinero, ¡ha!, como nos gustaría que la plata nos sobrara, pero a la larga, lo que nos está faltando en la actualidad se resume en un solo factor “TIEMPO”.
Muchas sociedades le otorgan un valor excepcional al tiempo, pues a diferencia del dinero, reúne algunas características esenciales, por ejemplo, si se pierde ya no se puede recuperar, pero tampoco se puede ahorrar hay que gastarlo, no podemos prestarlo o regalarlo, va solo hacia adelante, y al final de todo, siempre nos parece que el que teníamos antes era mejor que el que tenemos ahora.
Sin embargo, al igual que el dinero y otros bienes preciados, es posible administrarlo de manera adecuada, que es probablemente donde se encuentra la falla. Para lograr esto, habría que manejar algunos aspectos que dependen de nosotros mismos. Primero vamos a sacar de esta lista a aquellas personas que desafortunadamente están destinadas a cumplir con labores cortas de tiempo, y que la recompensa económica de trabajar en estas circunstancias es necesaria para la subsistencia. De manera que nos quedamos con quienes pueden administrar su tiempo, pero lo despilfarran, creándoles una sensación perpetua de que no les alcanza el día para cumplir con todo lo que se han propuesto.
Hay quienes quisieran que durara 30 horas, pero para llenarlo de más diligencias, no para tomarse un merecido descanso.
Siempre he dejado claro que estoy a favor de las nuevas tecnologías, para que nos faciliten la vida y nos “agilicen las tareas”, no para que nos roben el tiempo. Por ejemplo, cuando estamos realizando un trabajo deberíamos guardar o apagar el teléfono, que es el principal distractor de nuestras obligaciones. Si se debe entregar un informe al día siguiente y estamos frente a ese aparato, pronto llegarán mensajes o información que será menester atender de manera inmediata y cuando nos percatemos, no habremos avanzado ni una página o ya perdimos la concentración. Un amigo me comentaba que estaba preparando una clase y silenció su smartphone, cuando lo volvió a activar, su jefe le reclamó por no haberle contestado enseguida, y él le dijo “porque estaba trabajando y cuando trabajo lo apago”, qué jefe, en su sano juicio, podría refutar tal observación.
Pero, por otro lado, se me hace curioso ver a la gente caminando en la calle, comiendo en un restaurante y viajando de pasajero en una moto mientras están atendiendo asuntos por el teléfono. ¿Dónde quedó lo de disfrutar del paseo? ¿no era que con esto de la inteligencia artificial nos iban a rendir más las horas? ¿tan importante se ha vuelto ahora lo que antes podía esperar?
Al parecer, lo que debería facilitarnos la vida, en lugar de esto, nos la va a robar. Tomémoslo como un consejo terapéutico, si nos falta tiempo no lo malgastemos, administrémoslo como si de dinero se tratara, mejor dicho, como si fuera oro.
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