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Los recurrentes discursos engañosos
Las denuncias presentadas evidencian el montaje con el que se manipularon las recientes jornadas de la elección presidencial en Colombia.
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Domingo, 11 de Octubre de 2026

El engaño es una práctica recurrente en la política colombiana. Se utiliza como estrategia electoral para obtener el apoyo de los ciudadanos que ejercen su derecho a elegir a quienes los representen en las corporaciones públicas o en los cargos del poder ejecutivo.

Los protagonistas de esas distorsiones son políticos que hacen carrera en las distintas colectividades. Todos coinciden en aplicar el denominador común de hacer ofertas que entusiasmen al pueblo, pero en las que ellos no tienen convicciones. Es un revuelto de demagogia y farsa, un entramado de mentiras calculadas.

Autoproclamados como defensores de la patria, basados en un inventario de daños de su propia creación, para desconocer la gestión positiva cumplida en el gobierno del período que concluyó en este 2026, su discurso es una oferta de panacea surtida. Se promete democracia a plenitud. Pero son los mismos opositores a las soluciones de los problemas de mayor impacto en la nación por las que han luchado los dirigentes agrupados en el progresismo, o a las causas de verdadero alcance para el bienestar general.

Porque salir de las brechas de la desigualdad, que en Colombia alcanza índices desgarradores, no puede convertirse en una maniobra de apariencia, que es la preservación  de la rutina de la frustración predominante en la historia del país.

Los tales defensores de la patria pretenden esconder su complicidad con las arremetidas contra las  posibilidades de promover cambios que desmonten tantos  entramados destinados a la protección de nocivos privilegios.

Allí están los que hacen causa común con las mafias de las drogas, el crimen y la corrupción, los que acaparan los recursos con los que se debieran mejorar las condiciones de vida de quienes padecen tantas necesidades insatisfechas.

También engañan al presentar los resultados electorales como expresión de la democracia participativa, en el marco del llamado Estado social de derecho, cuando la realidad es otra, como lo demuestran las trampas que configuran el fraude.

Las denuncias presentadas evidencian el montaje con el que se manipularon las recientes jornadas de la elección presidencial en Colombia. A ese ejercicio popular se le atravesó una red de tecnologías para la alteración conjunta de los sufragios depositados en las urnas. Fue un tejido con puntadas mediante las cuales se adicionaron tramposos mecanismos de alteración, llevando a la opinión la creencia de que todo era correcto y de que la legitimidad de los elegidos para gobernar el país no admitía duda.  Eso no es democracia.

Y otro engaño es el relacionado con la propiedad y el  uso de la tierra en Colombia. La propaganda busca hacer creer que la protección oficial de ese bien natural se realiza en función del bienestar colectivo. No hay tal. Los campesinos propietarios de predios han sido desalojados de sus propios predios a sangre y fuego o mediante trámites irregulares revestidos de legalidad, a voluntad de los depredadores del gamonalismo feudal.

Y así se alarga toda una cadena engañosa de actos. Es la deformación aplicada al manejo del público en detrimento del pueblo colombiano.

Y queda por mencionar la amenaza contra la libertad de prensa o de los medios para que no ejerzan su función de veeduría pública como garantía de la información veraz.

Puntada

Se han acumulado problemas de alto impacto en la región. Sus dirigentes deben participar más activamente en la búsqueda de soluciones. Es prioritario.

ciceronflorezm@gmail.com


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