Desde hace varios lustros fue creada la Estampilla para el Bienestar del Adulto Mayor, a través de la cual la Gobernación, (y algunas Alcaldías), tiene la oportunidad de recaudar el tres por ciento (3%) de cada pago que se haga contra el tesoro Departamental y las cajas o pagadurías de los institutos descentralizados en el Departamento.
En ingresos eso significó, en el 2022, un recaudo de $13.476, 746,079, más del presupuesto total de muchos municipios de Norte de Santander y una cifra importante para darle dignidad sostenida a esta parte de la población, que en los registros del DANE (a corte del 2020), llegaba a 192.999, casi el 12 por ciento de los habitantes de Norte de Santander. Según la entidad, el 48% de ese total corresponde a los estratos uno y dos, es decir a los beneficiados por la Estampilla.
Las inversiones realizadas obedecieron a servicios comunitarios, sociales y personales; cuotas partes pensionales a cargo de la entidad; servicios prestados a las empresas, servicios de producción, servicios de alojamiento; servicios de suministro de comidas y bebidas, servicios de transporte; y servicios de distribución de electricidad, gas y agua (así están descritos en el documentos de ejecución presupuestal). Aquí se gastaron un poco más de $3.937 millones. Al parecer el resto es un saldo para gastar este año.
Las inversiones debieron ser en acciones y elementos indispensables para los adultos, pero el gobierno departamental está en mora de, como reza un aparte de la Ordenanza, contribuir a la construcción de Centros de Vida, o de Centros Gerontológicos, como quieran llamarlo, que produzca un cambio positivo en la atención de estas personas.
¿Por qué refaccionar viviendas viejas? ¿Por qué no construir un edificio moderno y amplio donde prime una agendas diarias con actividades cognitivas, físicas y recreativas, donde les ofrezcan atenciones asistenciales, terapéuticas y rehabilitadoras? Que tenga zonas verdes, salón de eventos (para oficios religiosas, celebraciones sociales, etc.) comedor social, talleres, salones de juegos de mesa, en fin, un Centro que nos ubique en el siglo XXI, y nos haga pensar que tenemos gobernantes a la medida del mundo moderno.
Algunos dirán que esta reflexión es una utopía, me han dicho cosas peores, como por ejemplo que los abuelos no dan votos y por eso con bastones, caminadores, sillas de ruedas, lentes, fiesta anual y dos cositas más es suficiente, pero yo creo que es solo encontrar un gobernante humano y una sociedad que impulse una inversión en algo más trascendental.
Qué es costoso y se necesita mucho personal, no es tan cierto. Las universidades locales tienen un ejército de alumnos en áreas de la salud que gustosos se vincularían al proyecto todos los años. Los diseños arquitectónicos y parte de la asistencia médica, podrían estar aquí. Ah, y por recurso ni preocuparse, hay casi 10.000 millones del año pasado, y lo que entre este año, y el 24, 25, 26…
Hay recursos, permanentes y constantes, para el Centro Gerontológico en la región. Sólo falta alguien con poder, que demuestre respeto por esta población y lo construya. Nos devolvería un poco de dignidad como sociedad.