“Es un campeonato muy importante, de alta exigencia. Me enfrentaré a jugadoras mayores a mi categoría, de mucha talla. Es normal sentir nervios, sin embargo, creo que la clave está en aprender a controlar la presión y convertirla en una motivación”, comentó la jugadora en diálogo con La Opinión.
La base o guardia, que ha crecido en las canchas del barrio Ceiba bajo la batuta del entrenador Alfredo Noguera, tiene la capacidad de aportarle armado, creatividad en la ofensiva y una buena toma de decisiones tanto para anotar como asistir.
“He tenido la oportunidad de representar al país, pero esto es un Mundial, es diferente. La responsabilidad es mayor, nuestro objetivo siempre es ganar. Haremos todo para llegar lo más lejos posible y representar de la mejor manera al país”, dijo la basquetbolista de 1, 62 metros de estatura.
Con el dorsal 8, la base fue una de las que más jugó ante las niponas (20:38”) aportando nueve puntos y dos rebotes.
Para ella, el baloncesto es trabajo físico y emocional. “Sé que puedo aportar creatividad en el ataque y prometo dar lo mejor de mí, mostrar que el baloncesto femenino colombiano es fuerte y que tengamos visibilidad porque tenemos mucho por mostrar”, expresó para sellar su compromiso de lograr grandes avances.
Flórez, la más alta de la selección
“Representar a Colombia con 15 años es un privilegio enorme… es un lugar de mucho honor, da mucho orgullo representar a más de 53 millones de personas. Estoy muy agradecida con Dios y con mis formadores”, asegura Hannah Flórez, quien vive su primer llamado al equipo nacional.
La pivot, de 1,93 metros de estatura (la más alta de las 12 convocadas), inició su aventura en el baloncesto con el club del barrio La Libertad antes de mudarse a Baqueros. Allí pudo actuar en certámenes internacionales y ser parte de la selección Norte despertando gran intereses por Antioquia, liga que decidió invertir en ella y llevársela a Medellín como uno de sus prospectos.