La importancia de las empresas familiares en las economías de los países ha sido un hecho indiscutible que cobró especial importancia durante la pandemia, cuando en medio de una recesión global muchas organizaciones se fueron a la quiebra y otras se vieron obligadas a reducir sus inversiones o reinventar la manera en que venían operando.
En Colombia, recientes informes basados en la legislación nacional arrojan que las empresas familiares representan el 68% de las empresas del país. Según el estudio, Colombia Tech Report 2021 de KPMG, unos 1.110 emprendimientos configuraron el ecosistema digital de las startups (inauguradas) en el país, después de la época del coronavirus.
Cierto es que, generación tras generación, las empresas familiares siguen forjando capacidades con el propósito de imprimir valores que les permitan, no solo permanecer, sino mantener una ventaja competitiva en un mercado sostenible que se transforma día a día.
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En esos escenarios cobran un alto valor asesorías como las que Iván Lansberg, socio principal y confundador de la firma de consultoría Lansberg Gersick Advirsors (LGA), quien por años ha brindado asesorías a empresas familiares de Estados Unidos, Canadá, Asia, Europa y América Latina.
Fundador del Instituto de Empresas Familiares (FFI) y el primer editor de la revista especializada Family Business Review, Lansberg se ha dedicado a promover el éxito de estas organizaciones en las que las decisiones están controladas por un grupo familiar.
En su conferencia magistral ‘El cambio generacional y los retos de la transformación’ que se realizó en el Family Forum, reunido en el incMTY2023, en Monterrey, México, entre el 13 y 16 de noviembre, el consultor conversó con La Opinión acerca de los desafíos que enfrentan las empresas familiares a nivel mundial frente a temas como el liderazgo, la innovación, la sucesión y la gobernanza.
Mayor confianza
Para Lansberg, una de las fortalezas que tienen las empresas familiares ha sido su capacidad de diversificarse y sortear los riesgos como los del gobierno familiar, gestión empresarial, sucesión, administración del patrimonio y propiedad, pero en contraparte les ha faltado mayor confianza en sus sistemas económicos y eso obedece a la propia inestabilidad del mercado.
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“Cuando las instituciones son muy débiles, cuando los mercados no están claros, al momento de firmar un contrato no sabes si te lo van a cumplir y lo que ha ocurrido en la región, sobre todo en países como Colombia y Venezuela, ha sido que, para que sea sostenible, prefieren hacerlo como un negocio familiar porque, en últimas, es tu grupo de confianza”, señaló.
Sostiene que una de las grandes diferencias entre las empresas familiares y las que nacen como una sociedad entre particulares tienen que ver con el manejo, ya que en las primeras hay fortalezas como un horizonte de inversión a largo plazo.
“Las decisiones que se toman en las empresas familiares son pensadas en las consecuencias que tendrán para tus hijos y para tus nietos, en muchos casos. Eso afecta mucho lo que tú decides porque estás tomando decisiones a futuro”, agregó.
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También destaca una fortaleza que resulta menos notoria, pero no menos importante, y es la escala de valores que las familias incorporan como un activo de sus propias sociedades que se transfiere a su planta de personal.
“En una empresa no familiar hay que traer consultores, hay que hacerte un poco de peripecias para lograr ese grado de compenetración con el proyecto, algo que en una familia sale por naturaleza porque cuando tu nombre como familia está asociado con una marca o un servicio, tú haces todo lo que te sea posible para proteger su calidad”, explicó.
También, habló acerca de la identidad frente a la marca que consolida un valor agregado porque genera mayor confianza con el consumidor y los proveedores. En consecuencia, se adquiere un compromiso de largo aliento ante la empresa, por los mismos valores que le imprimen.