Aunque para muchos son una agrupación venezolana, Los Serranitos tienen sus raíces en Norte de Santander. Nacieron musicalmente en Venezuela, pero llevan en su historia el sello de Sardinata, la tierra de los hermanos Ángel María y Humberto Villamizar, dos hombres que convirtieron la música campesina en una historia de décadas, fronteras y generaciones.
Son casi cuatro décadas de escenarios, canciones, viajes y recuerdos. Casi cuatro décadas en las que una guitarra, un cuatro, una guacharaca y unas voces cargadas de sentimiento han acompañado a miles de personas en Colombia, Venezuela y otros países de Latinoamérica.
La historia comenzó en 1988, cuando el joven visionario Luis Alberto Mantilla tuvo la idea de crear un sonido diferente para el público de los pueblos, las montañas y el campo. Su apuesta fue unir la música carranguera colombiana con los sonidos tradicionales de los Andes venezolanos.
De esa mezcla nació la llamada música de la Sierra o Sureña, con una identidad particular que encontró en el cuatro venezolano y la guitarra española con cuerdas de nylon parte de su sello.
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El 17 de abril de ese año, en El Vigía, estado Mérida, Venezuela, y con el respaldo del sello discográfico y casa productora Súper Tamarindo, nació formalmente la agrupación Los Serranitos.
Pero el nombre ya tenía un recorrido anterior. Según explicó Humberto Villamizar, la denominación de Los Serranitos existía desde 1973 bajo otro fundador. Sin embargo, fue en 1988, con la llegada de su hermano Ángel María Villamizar y la producción Donde está el sombrerito, cuando comenzó la etapa que consolidaría definitivamente la historia de la agrupación.
Ángel, nacido en Sardinata, Norte de Santander, había emigrado siendo joven a Venezuela en busca de nuevos horizontes para su carrera artística. Allí encontró el escenario que le permitió desarrollar un talento que terminaría atravesando fronteras.
Cantante, guitarrista y compositor, fue bautizado como El cancionero del pueblo. Su voz quedó registrada en más de 300 canciones, muchas de las cuales todavía forman parte del repertorio de Los Serranitos.
El sombrerito, Hermosa luna, Nos quedamos sin nada, Se fue mi novia, El Bolivita, Omaira, Bebiendo ron, Amor con garabato y El cucarachero son algunos de los títulos que ayudaron a construir el reconocimiento de la agrupación.
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La música cruzó las fronteras de Venezuela y Colombia y llegó a Ecuador, Perú, Chile, Uruguay, Panamá, Brasil y México. En los años 90, Los Serranitos se convirtieron en uno de los nombres más reconocidos de la música parrandera campesina y comenzaron a sonar con fuerza en las emisoras AM y FM.
Fue precisamente durante esa época de auge cuando Ángel escribió una canción que terminaría convirtiéndose en uno de los mayores símbolos de la agrupación.
Se llamó Si tú regresaras, aunque con los años el público comenzó a identificarla también como Aquella noche. La canción, grabada en 1994 y convertida en éxito en 1996, hablaba de desamor, pero tenía una particularidad: podía contar una historia triste sin dejar de invitar a bailar.
Ángel María escribió la letra, compuso la música y realizó los arreglos.
Casi tres décadas después, el tema continúa vigente. En entrevista con La Opinión, Humberto contó que basta con anunciarlo en una presentación para que el público se levante y espere el momento de escucharlo.
“Yo le pregunto a los músicos qué tendrá esa canción”, contó entre risas.
El fenómeno también llegó a las redes sociales. Humberto aseguró que actualmente existen más de un centenar de cuentas en TikTok que promocionan la canción, una muestra de cómo una composición nacida hace más de 30 años consiguió encontrar un nuevo público en las plataformas digitales.
Sin embargo, detrás de ese éxito existe una historia familiar marcada por la admiración y la pérdida.
En 2014, la muerte de Ángel María, después de enfrentar quebrantos de salud, dejó un vacío profundo en la agrupación y entre sus seguidores.
Pero también marcó el momento en que Humberto decidió continuar con el legado de su hermano.
Humberto, conocido artísticamente como Beto, tomó las riendas de la organización. Desde entonces asumió diferentes responsabilidades: director, mánager, representante legal y cantante principal.
Para él, Ángel fue mucho más que el fundador de una etapa exitosa. Fue el cimiento sobre el que se construyó la historia que hoy suma 38 años.
“Era un artista incomparable en nuestro género”, dijo Humberto al recordar a su hermano.
Y cuando habla de él no se queda únicamente con sus canciones. Lo que más destaca es su manera de relacionarse con la gente.
Recuerda conciertos en los que hasta 12.000 personas pagaban por verlo tocar. Pero, mientras el público permanecía de pie observándolo ejecutar la guitarra, Ángel seguía siendo el hombre sencillo que podía bajar de una tarima, sentarse en un andén a conversar con alguien y aceptar un café que le ofreciera un admirador.
“Esa es mi gente, ¿cómo la voy a despreciar?”, era su respuesta.
Esa filosofía, dijo Humberto, permanece en Los Serranitos.
La humildad y la sencillez son, para él, parte del secreto que les permite mantenerse vigentes durante casi cuatro décadas. Pero la agrupación sabe que la nostalgia no es suficiente para permanecer en la música.
Por eso ahora trabaja en una actualización de su sonido, especialmente para acercarse a las nuevas generaciones sin abandonar las raíces que los hicieron reconocibles.
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El cuatro, la guitarra y la guacharaca continúan siendo instrumentos esenciales, pero se han incorporado nuevos elementos. El acordeón y una batería completa hacen parte de algunas de las nuevas versiones, buscando acercar la música campesina a sonidos contemporáneos.
Uno de los ejemplos es El Chofer, un sencillo dedicado a los conductores de Colombia y del mundo. La canción fue trabajada con acordeón y batería completa, en una apuesta por mostrar que Los Serranitos pueden evolucionar sin dejar de ser Los Serranitos.
También promocionan Tu Regreso, mientras preparan nuevos proyectos y colaboraciones.
Humberto reconoce que tiene conversaciones adelantadas con reconocidos artistas como Luis Mateus, Robinson Damián, Luis Silva y Vitico Castillo. Incluso recuerda que llegó a tener una canción lista para grabar con Pastor López antes de la muerte del cantante.
Ahora espera que las primeras colaboraciones puedan concretarse con Luis Silva y Vitico Castillo, artistas cuyas propuestas considera cercanas a la identidad musical de Los Serranitos.
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A la par de las nuevas canciones, la agrupación mantiene presentaciones programadas en Colombia y Venezuela.
Y entre sus recuerdos más recientes hay uno especialmente significativo para Humberto: el regreso a Sardinata.
Después de 38 años de trayectoria, Los Serranitos se presentaron por primera vez en el municipio que vio nacer a los hermanos Villamizar.
Para Humberto no fue una presentación más. Preparó un espectáculo diferente porque cantar en su pueblo representaba cumplir un sueño.
Y también fue una oportunidad para reafirmar una identidad que, pese a los años y a las fronteras, todavía es desconocida por parte del público.
“Los Serranitos son de Norte”, insistió.
La explicación de esa identidad, sin embargo, no pretende convertirse en una disputa entre Colombia y Venezuela. Humberto la entiende como una historia compartida.
“Somos dos países hermanos”, dijo.
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Nació en Colombia, creció artísticamente en Venezuela y lleva ambos países en el corazón. Colombia es, para él, la patria que lo vio nacer; Venezuela, el territorio que lo vio crecer como artista.
Esa dualidad también está presente en la música de Los Serranitos.
Hoy, Humberto es el único integrante de aquella generación que permanece en la agrupación. A su lado hay músicos jóvenes: Rolando Contreras, guitarrista; Alejandro Guerrero, bajista y corista; Roger Contreras, en el cuatro; Albis Vega, en las congas; Gabriel Carrero, en la guacharaca; Ángel Antunes, en el timbal; y José Ramírez, en el teclado. Kathe Ibarra está al frente de la representación y el equipo de prensa acompaña la nueva etapa.
El contraste entre la experiencia de Humberto y la juventud de sus músicos resume el momento actual de Los Serranitos: una agrupación que mira hacia atrás para recordar de dónde viene, pero que también mira hacia adelante para descubrir hasta dónde puede llegar.
Las canciones de Ángel siguen sonando. Si tú regresaras continúa encontrando nuevos oyentes. Los instrumentos tradicionales permanecen. Y la voz de Humberto sigue llevando aquellas historias campesinas a escenarios de Colombia y Venezuela.
Después de 38 años, Los Serranitos no quieren vivir únicamente de sus recuerdos. Quieren que la historia continúe.
Una historia que comenzó entre Colombia y Venezuela, que cruzó fronteras y que hoy vuelve la mirada hacia Sardinata para recordar que, aunque muchos los consideran venezolanos, detrás de esas canciones existe una raíz profundamente nortesantandereana.
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