Suscríbete
Elecciones 2023 Elecciones 2023 mobile
Históricos
Cúcuta, astillero naval
"Tal empresa fue importante pero lo fue más cuando no habiendo pozo ni río cerca de Cúcuta, para experimentarla tuvimos que esperar hacerlo en el Magdalena en la población de Barrancabermeja".
Authored by
Image
La opinión
La Opinión
Sábado, 13 de Junio de 2026

Esta narración, publicada en un artículo llamado: “Breve Historia de Cúcuta”, según las propias palabras de don Alfredo Bustos Rodríguez, nos explica que hace parte de un conjunto de relatos en los que estas historias parecen cuentos.

El episodio que nos refiere don Alfredo lo intituló “La Construcción del Barco” y comienza diciendo que “(…) la historia se inició a mediados del Siglo XX, allá por los años de gracia y esplendor deportivo de este valle arcilloso, inconfundible en el mes de agosto por sus vientos huracanados y temperaturas inaguantables para unos y de felicidad para otros.

El título de ‘Astillero’ tiene paternidad responsable, toda vez que fue Jorge Toloza –el amigo de los crucigramas- quien me indujo a llamarlo así. Una tarde del mes de febrero de 1955, caminando por la avenida cuarta de esta ciudad, me encontré con un amigo…y me dijo: Alfredo, cuando salgas de la Gobernación… nos encontramos en la carpintería del maestro Luis Valeriano Bermúdez Rodríguez…en la venida primera entre calles 12 y 13 detrás del Hospital. Terminada mi jornada laboral, me trasladé a la citada dirección y allí me encontré con Humberto Castro Ordóñez, Alejandro Sánchez Cuadros y un sinnúmero de ‘patos’ que hacía que aquel solar pareciera la ‘Ciénaga’ de la ‘paturia’ y por supuesto los albañiles y ayudantes del taller. La razón de este encuentro era programar, por los expertos en la materia, la construcción de una ‘nave’ que debía llamarse “Sara”, en honor al dueño de la misma, don Humberto Castro Ordóñez.

Desde esa fecha hasta el día en que se terminó la construcción, fuimos visitantes asiduos de aquel taller, y al calor de las amenas charlas y de unas cuantas cervezas, se construyó el “Sara”, que con el aporte de todos los aficionados a la pesca, no veíamos la hora de trasportar aquel barco a las aguas de los ríos y las ciénagas del río Magdalena.

Yo tuve el placer de ayudar a calafatear la embarcación (untar de brea el casco de la embarcación para evitar que el agua pase al interior). Luego de tres largos meses, una buena tarde, don Luis el ebanista, en un grito triunfal dijo: “…barco a la marrrr…”.

Tal empresa fue importante pero lo fue más cuando no habiendo pozo ni río cerca de Cúcuta, para experimentarla tuvimos que esperar hacerlo en el Magdalena en la población de Barrancabermeja.

La inauguración o botada al río. Un hada madrina, le partió en la popa una moya de guarapo para que fuera más auténtica y más de la tierra tal espectáculo. Y así se hizo.

Ya en el río los expertos encontraron que el barquito se iba de lado y la fórmula para establecer el balance del mismo fue conseguir unos bultos de arena colocándolos en el sitio donde hacía falta peso para su correcta navegación; esa operación de llamó ‘lastre de equilibrio’. Humberto Castro fue su capitán y su segundo de a bordo, Uribe, un albañil que lo acompañaba en todos sus viajes de pesca y de aventuras terrestres y acuáticas, como quien dice, su guardaespaldas.

La embarcación tenía dos pisos y cuatro literas que servían para descansar y a veces pasar la noche en las ciénagas del Magdalena. Con Humberto visitamos casi todas las ciénagas del río Magdalena, la ruta entre Barrancabermeja y Puerto Wilches, y de allí a la bahía de Cartagena, visitando los diferentes puertos intermedios, como Gamarra, La Gloria, Magangué, Mompós, El Banco, el canal del Dique para finalmente llegar a la bahía de la Heroica. Allí permanecía fondeada “Sara” en los muelles del Club de Pesca cuyos socios, después de conocer la odisea que sufrieron con la construcción del barco, cursaron especial invitación a su constructor, don Luis Valerio Bermúdez, para que les narrara cómo se había desarrollado tal proyecto y cuáles habían sido los pormenores y dificultades que tuvieron que superar.

En una ocasión, quisieron adentrarse mar adentro y por fortuna, uno de los amigos del Club de Pesca les aconsejó que consiguieran un buen boga, pues ‘ustedes no conocen el mar fuera de Tierra Bomba e Isla Fuerte ni la travesía que deben seguir’, les dijo. Siguiendo su consejo, contrataron a Tito Bechara, un navegante e intrépido azadir de ballenas y delfines en el Golfo de México. Su contratación les evitó una desgracia, pues en medio de su travesía cuando estaban en pleno Golfo de Morrosquillo, el Sara se vino a pique pero el negro Tito, que era un navegante excelente, logró desvarar la embarcación y así seguir, primero a Isla Palma, de propiedad de don Salomón Tou y luego a los islotes de San Bernardo del Viento, también mar adentro del golfo de Morrosquillo.

El regreso de alta mar a Cartagena se hizo navegando frente a las costas, por si algún temporal se presentaba, navegación de cabotaje como se llama en términos marineros.” 
La propiedad de la embarcación fue protocolizada ante el notario Luis A. Cáceres, de la Notaría Primera de Cúcuta, donde se procedió a levantar la respectiva escritura pública, de la misma manera como si se tratara de un bien  inmueble para luego registrar en la oficina de Registro Público y finalmente en la Armada Nacional, para que se le otorgara el permiso de navegación en aguas de los ríos y mares de Colombia.

En esta zona mediterránea de la frontera nororiental de Colombia, los aborígenes no fueron grandes navegantes a pesar de la abundancia de aguas que transcurrían por sus tierras. Ríos como el Catatumbo, el Zulia y el Pamplonita, en tiempos anteriores al descubrimiento de América eran realmente caudalosos. Baste recordar las circunstancias que motivaron la fundación de Cúcuta, cuando consideraron tan peligroso atravesar las aguas del río que separaba el valle con el poblado de indios (hoy San Luis) que se tuvo que solicitar la construcción de una aldea con iglesia incluida que evitara pasar el río para asistir a la misa dominical con el riesgo inminente de la pérdida de la vida.

Sin embargo, noticias se tienen que el príncipe Guaimaral, hijo del cacique Mara, amo y señor de la región del hoy estado Zulia en Venezuela, logró construir un Bongo con el que remontó el Lago llamado entonces Coquibacoa y llegar hasta el valle del cacique Cúcuta a orillas del hoy río Pamplonita.

Redacción
Gerardo Raynaud D.
gerard.raynaud@gmail.com


Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en https://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion

Temas del Día