Desde que se inició la era de la radio en Colombia en 1929, las radiodifusoras se hicieron cada día más populares. En Cúcuta, la historia de las empresas de radiofonía se remonta hacia finales de 1930 cuando el personero de esa época ordenó la instalación de altoparlantes en los parques, que entonces eran el Santander, Mercedes Ábrego, la Victoria y Antonia Santos, con el único fin de que los cucuteños disfrutaran de “la alegre música que se transmitía”.
Dicen las crónicas históricas, que a partir de ese momento nació la costumbre de los lugareños de visitar los parques, no sólo para entretenerse escuchando la música sino que se hizo evidente su interés para informarse de los acontecimientos que se sucedían en el país y el mundo.
En Cúcuta, la primera estación de radio comercial se remonta al mes de octubre de 1933, cuando salió al aire la Voz de Cúcuta de la mano de los hermanos Alejandro y Pompilio Sánchez Cuadros, oriundos de las fértiles tierras boyacenses, quienes admirados del esplendor que irradiaba esta tierra y esperanzados en un éxito que aquí les esperaba, en un local que el gobernador Benito Hernández Bustos les cediera en el Palacio de Gobierno, iniciaron su titánica aventura.
Los estudios quedaban donde hoy está la Secretaría de Desarrollo y los transmisores en un espacio cercano debajo de la escalera sur. Posteriormente se trasladaría, una vez amplió sus servicios, a unos locales de la antigua Cervecería Santander en la calle trece entre avenidas quinta y sexta, mucho antes de convertirse en el colegio Calasanz, traídos a la ciudad por el presbítero Daniel Jordán.
Eran los años en la que Cúcuta era una ciudad encantadora, ordenada sombreada por su arborización, limpia, culta, segura,
dinámica y activa como centro del mejor intercambio fronterizo y polo de desarrollo destacado en el panorama general del país, esta descripción la escribía mi amiga Laurita Villalobos, hija del líder liberal y propietario del diario Comentarios en un artículo publicado con ocasión del aniversario de la llegada de la radio a la ciudad.
Tenía la ciudad, en el momento de la iniciación de la radio en los años treinta, unos 53 mil habitantes y dentro de tal panorama, la radio como la telefonía y el telégrafo se habían posicionado muy hondamente en la aún rústica mentalidad provinciana de sus habitantes que sin embargo, batallaba por destacarse en el ámbito social, empresarial y económico del país.
Con la Voz de Cúcuta comenzó una nueva generación de profesionales de las comunicaciones, entre los que se destacaron como presentadores iniciales, el más conocido cronista de la ciudad, don Carlos Luis Jácome, autor del libro Cúcuta de otros días, y el artista Luis María Díaz Matheus.
Las mujeres no se hicieron esperar. La primera voz femenina fue la reconocida María Vera de Marcucci, una dama dueña del señorío y de la simpatía de las antiguas gentes de Cúcuta, inteligente y con una personalidad tan destacada que le abría todas las puertas y todos los corazones. No poseía estudios en el tema, era autodidacta como todos quienes se iniciaban en estas actividades aún baldías pero por sus cualidades y habilidades innatas hacían de ella una relacionista y vendedora extraordinaria.
Poseía, según cuentan quienes la conocían, el don de convencer y, sabiéndolo, transmitía toda la gracia de su imaginación en las cuñas que leía entre disco y disco. Era tan versátil que a pesar de que escasamente hablaba español, eso sí, con mucha propiedad, no tenía temores ni reparos en lanzarse a anunciar, a su manera, a comentar sobre los rascacielos de Manhattan en la Nueva York de los años treinta o simplemente ofrecer la magia del ritmo de moda: el foxtrot o el swing.
La permanencia y constancia de doña María Vera de Marcucci pertenece a la historia de la ciudad, que paradójicamente
parece haber olvidado la importancia de la tenacidad de esta mujer que se adelantó muchos años, con una rara visión futurista, a la realidad y categoría de la radio colombiana integrada a las cadenas radiales y televisivas actuales.
Todavía estamos en deuda, toda vez que no se le ha rendido el tributo de reconocimiento a doña María por su labor, que mucho tuvo que ver con el civismo, con el progreso y con la cultura de la ciudad.
De la programación ágil e inteligente de las radiodifusoras de Cúcuta pueden dar testimonio quienes saben de ella o han sido comisionados para investigar al respecto y de ello queda constancia en los elencos que integraban radiofonistas profesionales o improvisados, estudiantes y niñas de sociedad que con sus voces y actuaciones arrancaban lágrimas y aplausos de intensa emoción. En estos programas así como en aquellos que se emitían en vivo y en directo con animadores y orquestas de la ciudad, entre las que recordamos estaban la del Chato Simón, también participaban otras emisoras capitalinas como la muy
recordada Voz de la Víctor, Nueva Granada y Radio Santa Fe.
Otro personaje femenino que viene a la memoria colectiva por su participación en la misma emisora radial, es Eddy Ferrer quien sobresalía por su voz de cálidas tonalidades. Fue durante muchos años la locutora oficial y presentadora, incluso lectora de noticias en una época en que esta actividad era exclusa de locutores masculinos. Hasta hace pocos años, aún se advertía su veteranía y gran experiencia cuando tenía la oportunidad de pasar al micrófono por invitación de sus antiguos compañeros.
Para culminar esta narración y antes de pasar a una segunda entrega, es necesario reseñar la contribución a estas labores comunicativas de otra de la mujeres icónicas particularmente en el ámbito de la cultura; se trata de la poetisa cucuteña Ana María Vega Rangel, la conocida Alma Luz, quien durante algunos años mantuvo al aire su programa de tópicos culturales y literarios en la emisora pionera de los cucuteños: la Voz de Cúcuta.
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en https://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion