Llegar a este asteroide fue complicado. Eso se debió a que los cálculos con los que se envió la sonda al espacio fueron realizados únicamente con observaciones terrestres que erraron en 100 kilómetros sobre su verdadera posición. Finalmente, la agencia logró llegar allí con un motor iónico, un sistema de propulsión para naves espaciales que, en lugar de quemar combustible como un cohete tradicional, utiliza electricidad para acelerar y expulsar partículas cargadas, generando un impulso que mueve la nave durante largos periodos de tiempo.
Han sido varias las conclusiones que se han podido sacar con las imágenes que tomó la sonda. Una de ellas es sobre el tamaño de Kamoʻoalewa. Antes de que despegara la misión se creía que este podría tener un diámetro de aproximadamente 100 metros, pero ahora se sabe que es muchísimo más pequeño: su diámetro es de 41 metros. Además, gira a una velocidad alta, por lo que el próximo reto que tiene Tianwen 2 es posarse y agarrarse de su superficie para capturar muestras.
Adicional a la rapidez, hay que tener en cuenta que, al ser tan pequeño, su gravedad es casi nula. Por eso, para recolectar un poco de arena superficial y otros materiales, la sonda cuenta con un sistema de agarre conformado por cuatro patas con una especie de garras que le permitirán sujetarse del asteroide. Y para recoger las muestras cuenta con taladros ultrasónicos que convierten en polvo la roca, que luego vendrá a la Tierra.
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La idea es que en 2027 Tianwen 2 se acerque a la Tierra para liberar una cápsula con el material recolectado. En las próximas semanas seguirá descendiendo: primero a tres kilómetros y luego a 30 metros para encontrar el lugar ideal para agarrarse. Luego de que al planeta lleguen esas muestras, la sonda aprovechará para viajar hacia el asteroide activo 311P/PanSTARRS, ubicado entre Marte y Júpiter.
Al investigar este satélite, lo que pretenden los científicos es obtener más conocimientos sobre los orígenes del Sistema Solar. La hipótesis inicial acerca del origen de Kamoʻoalewa es que es un fragmento de la Luna que se desprendió hace millones de años después del impacto de un asteroide.
Sin embargo, en mayo de este año, un grupo internacional de científicos, entre ellos investigadores de la Academia China de Ciencias, puso en duda esa teoría. Al volver a analizar la luz reflejada por Kamoʻoalewa, encontraron que su composición se parece más a la de un tipo de meteorito llamado condrita LL, que contiene poca cantidad de hierro y otros metales.
Para comprobarlo, recrearon en el laboratorio el desgaste que sufren las rocas en el espacio utilizando un láser sobre muestras de ese meteorito. El resultado fue que las características de la luz reflejada por esas muestras coincidían casi exactamente con las observadas en Kamoʻoalewa.
Además, al estudiar su trayectoria, concluyeron que es probable que este asteroide no provenga de la Luna, sino de la familia Flora, un grupo de asteroides ubicado entre Marte y Júpiter. Según los investigadores, la gravedad de los planetas habría ido modificando lentamente su órbita durante millones de años hasta llevarlo a las cercanías de la Tierra.
Para verificar esta teoría habrá que esperar hasta 2027, cuando del cielo caigan las muestras suficientes para resolver el enigma de este pequeño asteroide que le da la vuelta al Sol en casi 365 días.
Tomado de El Colombiano.
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