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Colombia
Cristian Herrera y Mateo Pérez, las historias que llegan al Museo de Memorias del Periodismo
El periodista nortesantandereano Cristian Herrera y el comunicador del norte de Antioquia Mateo Pérez hacen parte de ‘Para que no me olvides’, una exposición que rescata sus historias y legado.
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La opinión
La Opinión
Jueves, 20 de Agosto de 2026

El periodismo también construye memoria. Las historias que se cuentan, las denuncias que quedan registradas y las voces que durante años acompañan a una comunidad forman parte de un legado que permanece incluso cuando quienes las narraron ya no están.

Bajo esa mirada nació ‘Para que no me olvides’, una exposición y homenaje del Festival Gabo y la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) inaugurada en julio de 2026 en Bogotá, la cual reúne el trabajo y la memoria de los periodistas Cristian Hernando Herrera Nariño y Mateo Pérez Rueda, dos comunicadores que ejercieron su oficio en territorios marcados por la violencia y que fueron asesinados mientras realizaban su labor.


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La muestra, que hace parte del Museo de Memorias del Periodismo en Colombia, propone recuperar sus historias desde el ejercicio periodístico que desarrollaron, los territorios que recorrieron y las comunidades a las que dedicaron su trabajo.

 

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El legado de Cristian Herrera 

Para Norte de Santander, el nombre de Cristian Hernando Herrera Nariño está ligado a buena parte de las historias judiciales y de orden público que durante más de dos décadas fueron llevadas a los lectores. Su carrera estuvo marcada por la investigación de hechos de violencia, corrupción y criminalidad, pero también por una defensa constante del ejercicio periodístico.

Herrera fue reportero judicial, investigador y formador de nuevas generaciones de periodistas. Durante varios años trabajó para La Opinión y Q’hubo Cúcuta, donde también se desempeñó como editor. 

Después, desde sus medios digitales, Cúcuta Real y Cúcuta Rojo Vivo, mantuvo una mirada permanente sobre las dinámicas que atravesaban la región y, especialmente, sobre el accionar de estructuras criminales y grupos armados.

Su trabajo también lo puso en el centro de las amenazas contra la prensa. Había sido amenazado en varias oportunidades y desde 2014 contaba con protección de la Unidad Nacional de Protección. Aun así, continuó ejerciendo el oficio y denunciando situaciones que consideraba de interés para la ciudadanía.

En los últimos años, además, Herrera había advertido públicamente sobre las dificultades para ejercer el periodismo en Cúcuta. La situación que denunciaba quedó reflejada en las cifras de la Fundación para la Libertad de Prensa: entre 2024 y el 6 de junio de 2026 fueron documentadas 154 agresiones contra periodistas en la ciudad, entre ellas 72 amenazas.


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El 6 de junio de 2026, esa realidad terminó alcanzándolo.

A las 11:01 de la mañana, mientras Herrera permanecía todavía en su apartamento, comenzó el operativo que terminaría con su asesinato. Un taxi llegó hasta los alrededores del conjunto donde vivía y, minutos después, otras personas se sumaron al seguimiento. Las autoridades reconstruyeron posteriormente sus movimientos a partir de cientos de horas de grabaciones de cámaras de seguridad.

Herrera salió de su vivienda acompañado de su familia y se dirigió hacia la casa de su suegra, en el barrio Quinta Oriental. Cerca de 40 minutos después, al llegar al lugar, fue atacado por un hombre señalado como el sicario. El periodista fue trasladado al Hospital Universitario Erasmo Meoz, pero llegó sin signos vitales.

La investigación permitió la captura de tres personas: John Sebastián Duque Andrade, alias Demonio; Wilmer Alexander Portillo y Angélica Vesga Arenas. Las autoridades continúan estableciendo las responsabilidades individuales y el alcance de la estructura que habría participado en el crimen.

Pero la historia que ahora recupera la exposición 'Para que no me olvides' no es únicamente la del periodista que fue asesinado.

Es la de un hombre que durante más de 20 años convirtió las calles, los barrios y los escenarios judiciales de Norte de Santander en lugares desde los cuales contar lo que estaba pasando. Es la de un periodista que hizo del seguimiento a las historias judiciales una forma de servicio a sus lectores y que entendía la información como una herramienta para poner en evidencia aquello que muchas veces permanecía oculto.

 

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Mateo Pérez Rueda, una voz joven desde el norte de Antioquia

A cientos de kilómetros de Cúcuta, en el norte de Antioquia, Mateo Pérez Rueda construía una carrera periodística que apenas comenzaba. Tenía 24 años y estaba al frente del medio digital El Confidente de Yarumal, desde el que cubría asuntos que atravesaban la vida de las comunidades de la región: corrupción, política local, orden público y conflicto armado.

Su trabajo se desarrollaba en municipios como Briceño e Ituango, territorios donde la presencia de grupos armados y las disputas por el control territorial hacían especialmente compleja la labor de informar. Desde allí, Pérez Rueda buscaba llevar información a comunidades que pocas veces aparecen en las agendas de los grandes medios.

El 5 de mayo de 2026, mientras adelantaba una cobertura periodística en una zona donde se disputaban el control territorial el Clan del Golfo y el Frente 36 de las disidencias de las Farc, el periodista desapareció. Días después, una misión humanitaria recuperó su cuerpo en una zona rural de Briceño.


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La investigación condujo hasta Jhon Edison Chalá Torrejano, alias Víctor Chalá, quien fue capturado el 12 de junio en un peaje de Flandes, Tolima. En ese operativo también fueron detenidas otras cinco personas y se incautaron armas, municiones, dinero y equipos de comunicación.

Chalá Torrejano enfrenta un proceso por los delitos de homicidio agravado, secuestro, desaparición forzada y tortura agravada relacionados con el crimen del periodista. Sin embargo, para la Fundación para la Libertad de Prensa, la investigación debe ir más allá de quien habría ejecutado directamente el crimen y establecer las posibles responsabilidades dentro de la estructura criminal.

El proceso judicial también ha enfrentado obstáculos. La audiencia de imputación de cargos y solicitud de medida de aseguramiento que estaba programada para el 21 de julio fue aplazada por falta de disponibilidad de juzgados ambulantes. La FLIP pidió que el caso avance con celeridad y advirtió que las demoras procesales terminan afectando el acceso a la justicia y pueden profundizar la impunidad.

La historia de Pérez Rueda tiene, sin embargo, una dimensión que trasciende el expediente judicial. Era un periodista joven que había decidido construir su propia voz desde un territorio donde informar sobre los problemas de las comunidades también significaba acercarse a escenarios de conflicto y riesgo.

Su recorrido fue mucho más corto que el de Cristian Herrera, pero ambos dejaron una misma enseñanza sobre el periodismo regional: las historias de los territorios también necesitan ser contadas desde quienes los conocen, los recorren y viven de cerca sus realidades.

Por eso, sus nombres ahora aparecen juntos en 'Para que no me olvides'. La exposición pone en diálogo dos trayectorias distintas para recordar que detrás de cada cobertura había periodistas que habían decidido mirar de frente sus territorios y dejar constancia de lo que allí ocurría.

 

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