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En segunda vuelta hay mucho en juego para Colombia
Millones de colombianos acuden este domingo a las urnas para elegir al próximo presidente de la República, en una segunda vuelta marcada por la polarización política, las controversias de campaña y el enfrentamiento entre dos proyectos de país.
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Valentina Salgado
Valentina Salgado
Domingo, 21 de Junio de 2026

Colombia vive hoy una nueva jornada decisiva para su democracia. Millones de ciudadanos están llamados a las urnas en la segunda vuelta presidencial que no solo definirá quién gobernará durante los próximos cuatro años, sino que pondrá a prueba el rumbo político de un país marcado por la polarización, la confrontación entre dos grandes bloques y una campaña que estuvo acompañada por controversias.

Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda se enfrentan con proyectos políticos que mantienen dividido al país. El candidato por el movimiento Defensores de la Patria espera asegurar los votos de la derecha para llegar a la Casa de Nariño; mientras tanto, su contrincante del Pacto Histórico busca convencer al centro y a los indecisos para continuar el proyecto político de la izquierda en Colombia.

Para Yann Basset, politólogo de la Universidad del Rosario, esta disputa va más allá de escoger al próximo presidente. A su juicio, los ciudadanos también están evaluando el balance del primer gobierno de izquierda en la historia reciente del país.

“Está en juego, obviamente, la Presidencia, pero también el balance y la herencia del primer gobierno de izquierda. Gustavo Petro y el balance de su gestión han estado en el centro de esta campaña, quizás mucho más que las propuestas de los candidatos para el futuro”.


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El analista considera que la campaña estuvo caracterizada por la escasez de propuestas y un alto nivel de agresividad entre los sectores enfrentados.

“Ha sido una campaña con poca propuesta y mucha agresividad. Hemos visto muchos señalamientos de lado y lado, lo que refleja un momento de fuerte tensión política en el país alrededor del balance del gobierno de Petro y también del estilo polémico que ha caracterizado al presidente durante su mandato”.

Basset explica que el paso de los candidatos a la instancia definitiva respondió a dinámicas distintas dentro de sus respectivos sectores políticos. En el caso de Cepeda, señala que logró consolidar el respaldo de los sectores de izquierda tras la consulta realizada en octubre, lo que le permitió llegar con una base electoral sólida a la campaña presidencial.

Sobre Abelardo de la Espriella, indica que su avance estuvo marcado por la capacidad de imponerse en un escenario fragmentado dentro de la derecha. “Logró convertirse en el candidato de la derecha con un discurso radical y llamativo que le permitió consolidar un piso electoral importante. Además, terminó beneficiándose de los errores y limitaciones de otras campañas”.

La ausencia de debates

Uno de los aspectos que cuestiona el politólogo es la falta de espacios de confrontación de ideas entre los candidatos durante la segunda vuelta.

“Ha sido una segunda vuelta sin debates. Cada campaña ha tratado de movilizar a su propio público, pero no ha existido un verdadero diálogo entre las candidaturas. Desde el punto de vista democrático, esto es problemático porque la falta de deliberación reduce los espacios para discutir el futuro del país”.

Estados Unidos en la campaña

La discusión electoraltampoco estuvo exenta de factores externos. Durante la campaña, los pronunciamientos desde Estados Unidos generaron reacciones entre distintos sectores políticos y abrieron el debate sobre el papel de los líderes extranjeros en los procesos democráticos nacionales.

Frente a estas intervenciones, Basset considera que las expresiones de apoyo de líderes extranjeros se han vuelto cada vez más frecuentes en distintos procesos electorales. Sin embargo, advierte que la reiteración de estos pronunciamientos puede resultar contraproducente.


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“Trump ha sido particularmente insistente en esta oportunidad. Han sido varias tomas de posición y eso empieza a verse indecoroso y torpe”. A juicio del politólogo, el respaldo del mandatario estadounidense podría incluso generar efectos contrarios a los esperados.

“Los colombianos valoran la relación con Estados Unidos, pero Trump como figura política es impopular. Y eso podría terminar jugando en contra de la candidatura que perciba ese apoyo como una ventaja”.

Una campaña marcada por la confrontación

Más que los episodios de violencia, a Basset le preocupa que la confrontación política se haya construido sobre identidades enfrentadas y no sobre propuestas concretas.

“Lo preocupante es que la confrontación no se está dando sobre propuestas, porque las propuestas pueden discutirse, negociarse o matizarse. Lo que estamos viendo es una oposición construida sobre identidades y personas. La falta de contenido político en esa confrontación es uno de los principales problemas de esta campaña”.

Más allá del primer veredicto de las urnas

La segunda vuelta presidencial surgió en Colombia como una respuesta a los cambios que introdujo la Constitución de 1991 en el sistema político. Para el politólogo Yann Basset, el mecanismo fue concebido para enfrentar la fragmentación que trajo consigo el fin del bipartidismo tradicional.

“Con el fin del bipartidismo tradicional, existía el riesgo de una fragmentación excesiva del sistema político. La segunda vuelta permite que, a pesar de esa dispersión de candidaturas, el presidente termine siendo elegido por una mayoría de votos, lo que tiene una importancia simbólica para la gobernabilidad”, explica.

La figura quedó consagrada en la Constitución de 1991, inspirada en principios de pluralismo político y respaldada por sectores conservadores y de izquierda durante la Asamblea Constituyente.

Su propósito fue asegurar que el jefe de Estado contara con el respaldo de más de la mitad de los votantes en un escenario político cada vez más diverso y competitivo. La primera elección presidencial que requirió una segunda vuelta fue la de 1994.

Desde entonces, la mayoría de los procesos electorales han llegado a esta instancia. Las únicas excepciones fueron las elecciones de 2002 y 2006, cuando Álvaro Uribe obtuvo la victoria en primera vuelta. En otros procesos, candidatos como Ernesto Samper (1994), Juan Manuel Santos (2010), Iván Duque (2018) y Gustavo Petro (2022) lograron ratificar en la segunda vuelta la ventaja obtenida inicialmente.


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No obstante, la historia electoral también ha demostrado que liderar la primera ronda no garantiza llegar a la Casa de Nariño. Así ocurrió con Horacio Serpa en 1998 y Óscar Iván Zuluaga en 2014, quienes llegaron a la segunda vuelta como favoritos, pero terminaron derrotados por Andrés Pastrana y Juan Manuel Santos, respectivamente.

Aunque la actual contienda parece dividir al país entre dos grandes proyectos políticos, varios analistas advierten que la existencia de dos candidaturas fuertes no significa necesariamente el regreso del bipartidismo tradicional que marcó buena parte de la historia política colombiana.

¿Colombia está entrando en un nuevo bipartidismo?

La historia política del país ha estado marcada por múltiples episodios, entre ellos el bipartidismo protagonizado por los partidos Liberal y Conservador, una rivalidad que durante décadas definió el rumbo político de Colombia y estuvo acompañada por periodos de profunda violencia. Ese modelo comenzó a perder fuerza y su transformación se consolidó con la Constitución de 1991, que amplió la participación política y facilitó la aparición de nuevos partidos y movimientos.

Desde entonces, Colombia pasó de un sistema dominado por dos colectividades a un escenario multipartidista con diversas fuerzas en competencia. La actual disputa presidencial, marcada por una fuerte polarización entre dos proyectos políticos, ha reavivado comparaciones con el antiguo enfrentamiento entre liberales y conservadores.

Sin embargo, Yann Basset descarta esa posibilidad. “De ninguna manera. No estamos en una situación de bipartidismo. Si uno mira las elecciones en el Congreso, los dos principales partidos no logran el 40% de los votos entre los dos. Esto es una situación de polarización, pero también con una fragmentación partidista fuerte que hace que el juego sea mucho más complejo que en la época del bipartidismo”.

Más allá del resultado que arrojen las urnas, el principal desafío para quien llegue a la Casa de Nariño será gobernar un país atravesado por profundas diferencias políticas y sociales. La segunda vuelta definirá quién asumirá la Presidencia durante los próximos cuatro años, pero también pondrá a prueba la capacidad de las instituciones y de la ciudadanía para tramitar esas diferencias dentro de las reglas democráticas.


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