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Vecinos al rescate: la rápida respuesta de los civiles tras el terremoto en Venezuela
Miles de ciudadanos se han organizado de forma espontánea para apoyar a las víctimas, transportar personas, recolectar ayudas y asistir a los equipos de rescate.
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Efecto Cocuyo
Efecto Cocuyo
Lunes, 29 de Junio de 2026

Kelvin Zambrano decidió bajar de Caracas a La Guaira el 25 de junio sin que nadie se lo pidiera. Tomó su moto, único medio de sustento, y atravesó la carretera los 30 kilómetros que separan la capital de la costa. A pocos minutos de llegar, divisó la línea del mar brillante y sintió el calor excesivo en la nuca y la espalda. Al entrar en la ciudad, ralentizó la marcha y se limitó a rodar poco a poco mientras sus ojos se acostumbraban a la nube de polvo. Lo que encontró fue el vestigio de lo que alguna vez fue uno de sus sitios predilectos para vacacionar. Las ruinas alrededor del puerto, tras el doble terremoto de desoló a Venezuela un día antes.

“Parecía que había pasado una guerra, había cuerpos tendidos en el suelo, destrozos en todos lados. Yo me creí guapo y apoyado, pensando en que podía ayudar a los rescatistas. Pero no es tan fácil como suena. Tienes que tener alguna preparación, y además no alcanzaban los equipos. Así que decidí hacer lo único que podía en ese momento: ofrecer carreras gratis de La Guaira a Caracas a gente que lo necesitara. Hice al menos diez carreras. El paso estaba complicado, pero lo logramos; estuve haciéndolo hasta que se hizo de noche. Yo no me podía solo quedar de brazos cruzados en mi casa, tenía que ayudar”, explicó Zambrano, de 49 años.


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En medio de la crisis de insumos, de la escasez de transporte, medicinas, herramientas y maquinarias, el brazo civil de Venezuela se ha convertido en un apoyo importante, sino valioso, en las horas posteriores al movimiento telúrico que afectó sobre todo a Caracas, La Guaira, Aragua, Carabobo y Miranda.

De forma orgánica y a veces sin pertenecer a ninguna organización benéfica, miles de personas se han movilizado para donar y prestar toda la ayuda posible a las víctimas y cuerpos de rescate en el país.

Daniela Buitrago, especialista en Marketing, no aguardó mucho para sumarse a la creciente multitud de voluntarios independientes que comenzaron a ofrecer su mano en el Área Metropolitana caraqueña. Lleva tres días sin casi separarse del centro de acopio que se ha instalado en la Plaza del Rectorado de la Universidad Central de Venezuela (UCV). El lugar está lleno de mesas improvisadas y cientos de donaciones que vienen de todas partes del país, bajo el cielo despejado.

“La verdad es que mi mecanismo es hacer voluntariado para no pensar en el dolor que me genera esta situación. También porque sé que tengo que ayudar, el país necesita ayuda. No lo pensé demasiado. Entendí que quizás no podía bajar a La Guaira, pero había que hacer algo. Todos de alguna forma podemos aportar algo. He estado en este centro de acopio en distintos puntos, ayudando con mi computadora y con otras cosas”, expresó Buitrago a Efecto Cocuyo.

En Petare, dentro del barrio José Félix Ribas, al este de Caracas, pequeños grupos se articulan para reunir alimentos no perecederos, productos de higiene y agua con el objetivo de llevarlos a La Guaira amarrados a varias motos. Se trata de una de las zonas más pobres de la ciudad, que hace lo que puede para contribuir en medio de la tragedia.

“En Petare no pasó nada tan grave como en La Guaira. Dios nos tendió una mano, me siento muy agradecida. Así que lo mínimo que puedo hacer es poner un granito de arena. Los venezolanos nos necesitamos en estos momentos tan duros”, dijo Roxana Torres, desde la avenida principal de la barriada.


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Así mismo, la ONG petareña Zona de Descarga instaló un centro de acopio en el Centro Comercial El Líder, en La California, municipio Sucre y se han mantenido allí por más de 48 horas. En la Zona Colonial, Cáritas Petare reune a más de una docena de jóvenes que ha preparado kits básicos de higiene y llevado insumos hasta el Domingo Luciani, en El Llanito, y otros tres hospitales desde el jueves 25 de junio.

Ayudar a pesar del miedo

Valeria Prato creyó que moriría tapiada por la lluvia de concreto y metal del techo desprendido del centro comercial La Cascada, en Los Teques, estado Miranda. En la tarde del 24 de junio el rugido de la tierra le reverberó en los oídos y solo atinó a tomar a sus hermanas de la mano y correr hacia las escaleras tambaleantes. Sentía que el suelo bajo sus pies se partiría en dos y la engulliría en segundos.

“Yo empecé a correr hacia abajo como nunca. La luz era intermitente, la alarmas sonaban, las vidrieras se empezaban a quebrar, los pedazos de techo y de adornos nos estaban cayendo encima”, explicó Prato. Ella y sus dos hermanas sobrevivieron al desplome y corrieron a casa, a buscar a sus padres. El apartamento en las Residencias Miraflores, calle Guaicaipuro de Los Teques, sufrió los embates del terremoto, pero sus papás estaban ilesos.

La joven de 29 años no esperó mucho para reponerse del susto. Apenas amaneció de nuevo y se dio cuenta que su hogar era aún habitable, comenzó a juntar ropa, sábanas y alimentos para enviarlos a los centros de acopio cercanos. Pasada la adrenalina y el riesgo de morir, la empatía se articula. Es un sentimiento que nace de pronto, sin demasiada explicación. Entonces aparece este caos solidario, el deseo atropellado de todos por ayudar al mismo tiempo, que cambia por completo el panorama tras una catástrofe natural.

“¿Como no apoyar? Dios y la Virgen del Carmen nos ayudaron a salir de esa situación. Solo tengo la rodilla lastimada y un par de hematomas pequeños. Hay personas que no tuvieron tanta suerte”, explicó Valeria.


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Se tomó el tiempo de imprimir estampas con oraciones a San Marcos para entregarlas con las bolsas de insumo que su familia ha reunido. Para ella es importante mantener la fe y la esperanza.

“Sé que en estos momentos no da chance de rezar, lo primordial es conseguir a los desaparecidos o atender heridos. Pero la mano de Dios, aunque silente, esta ahí. Tenemos que recordarlo”, puntualizó Prato.

Una base órganica

Actualmente en Venezuela no existe una base de datos centralizada, pública o un registro oficial único que totalice el número exacto de centros de acopio activos o la cifra total de voluntarios civiles a nivel nacional.

De hecho, la mayoría de los centros y redes solidarias nacen de forma espontánea e independiente a través de organizaciones, iglesias, universidades, empresas privadas y fundaciones locales. Pero incluso comienzan por la iniciativa de algún vecino motivado a participar. Varios han encontrado palas y mandarrias guardados en casas y las han puesto a disposición de rescatistas, que denuncian la falta de recursos para operar con rapidez.

“Hemos amanecido varias veces en Los Palos Grandes. Se está ayudando con agua, comida, gasas, alcohol, lo que haga falta. El 26 de junio fuimos casi 100 personas. Han venido con cascos, guantes y hasta lentes”, indicó Luis Fernández, miembro de la Iglesia Universal, frente a los escombros del edificio Petunia I en la primera transversal de Los Palos Grandes.

Personas comunes, nuestros héroes anónimos, aprovechan las plataformas digitales, los grupos de Whatsapp o simplemente se acercan a las carpas identificadas en las aceras para cooperar. Parece que este fin de semana la mitad de Caracas se organiza para atender el desastre que ha dejado al menos 1.430 fallecidos según cifras oficiales.

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