Por primera vez, las mujeres lideran la mayoría de los negocios urbanos en Colombia. Los resultados preliminares del Censo Económico Nacional Urbano (CENU) muestran que, de cerca de 1,2 millones de unidades económicas censadas, 613.000 son dirigidas por mujeres (51,6 %), frente a 576.000 lideradas por hombres (48,4 %).
Aunque esta cifra representa un hito para el emprendimiento femenino, un nuevo análisis de la Unidad de Analítica de la Fundación WWB Colombia, que revisa además la Encuesta de Micronegocios (EMICRON) 2024 y la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH), revela que este liderazgo aún se desarrolla en condiciones de desigualdad.
El estudio muestra que las mujeres emprenden con menores ingresos, altos niveles de informalidad, menor acceso al sistema financiero y una carga desproporcionada de trabajo de cuidado no remunerado, factores que limitan sus posibilidades de crecimiento y autonomía económica.
"Los resultados preliminares del Censo Económico Nacional Urbano muestran un cambio histórico al evidenciar que las mujeres hoy lideran la mayoría de los negocios urbanos del país. Sin embargo, quisimos profundizar y preguntarnos qué significa realmente ese liderazgo y en qué condiciones están emprendiendo. Esa es una realidad que amerita una mirada de fondo para que ese liderazgo también signifique una mejor calidad de vida", afirma Esneyder Cortés, director de Planeación y Estrategia de la Fundación WWB Colombia.
Lideran los negocios, pero no los ingresos
Aunque las mujeres representan cerca de 1,9 millones de personas propietarias de micronegocios en Colombia, el 75,3 % de estos se concentra en comercio y servicios, sectores con menores niveles de capital, menores márgenes de ganancia y mayor informalidad.
Como consecuencia, la mediana mensual de ingresos de los negocios liderados por mujeres es de $450.000, mientras que la de los hombres alcanza $820.000. La brecha persiste incluso cuando ambos participan en las mismas actividades económicas. En manufactura y en salud, por ejemplo, los hombres registran ingresos significativamente superiores pese a que las mujeres son mayoría entre quienes lideran esos negocios.
El análisis también cuestiona la idea de que emprender siempre responde a una oportunidad. El 47,9 % de las mujeres propietarias inició su negocio por necesidad económica o para complementar los ingresos del hogar, una proporción superior a la registrada entre los hombres.
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Encontramos que las mujeres sí tienen una cantidad significativa de micronegocios, pero en muchos casos son los negocios más pequeños. Además, una buena parte surge por la necesidad de complementar los ingresos del hogar o ante las dificultades para acceder al mercado laboral. Desde ahí empiezan a enfrentar una serie de limitaciones para crecer", explica Cortés.
La informalidad limita el crecimiento
El estudio identifica la informalidad como uno de los principales obstáculos para consolidar los negocios liderados por mujeres. El 88,9 % no cuenta con Registro Mercantil, el 78 % no tiene RUT y el 63 % no lleva registros contables.
Estas condiciones reducen las posibilidades de acceder al sistema financiero y dificultan el crecimiento empresarial. Durante el último año, el 86,1 % de las propietarias no solicitó financiación para su negocio y solo el 18,1 % logró ahorrar. De ellas, seis de cada diez guardan ese dinero en efectivo dentro de su vivienda.
El hogar también es el lugar de trabajo
Más de la mitad (54,3 %) de los micronegocios liderados por mujeres funcionan desde la vivienda, frente al 17,5 % de los liderados por hombres. El hogar se convierte así en el lugar donde convergen el trabajo productivo y las responsabilidades domésticas.
Las mujeres propietarias de micronegocios dedican en promedio 7,6 horas diarias al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, mientras los hombres destinan 2,24 horas. Al sumar el tiempo dedicado al negocio y al cuidado, ellas trabajan 12 horas y 18 minutos diarios, un 37,6 % más que los hombres.
Esa realidad tiene rostro. Olga Guayara, propietaria del emprendimiento de velas artesanales Infinito Aromas, organiza su producción alrededor del cuidado de su madre.
"Como soy cuidadora de mi madre debo planificar los pedidos con las fechas de sus citas; por lo general esos días trabajo en la noche. Mientras espero en las consultas aprovecho para hacer publicidad en redes sociales", cuenta.
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Con frecuencia también debe trabajar domingos y festivos y, cuando no encuentra quién cuide a su madre, pierde la oportunidad de participar en ferias o eventos para dar a conocer su emprendimiento.
"Muchas mujeres administran sus negocios desde la casa porque también deben atender las responsabilidades del hogar. Gran parte del tiempo que podrían dedicar a buscar clientes, mejorar sus productos o ampliar sus mercados termina destinado a las tareas de cuidado, y esa situación se refleja en la capacidad de crecimiento de sus negocios y en sus ingresos", señala Cortés.
Emprender no garantiza salir de la pobreza
El informe también evidencia que tener un negocio no siempre significa superar la vulnerabilidad económica. El 35,4 % de las mujeres que son jefas de hogar y propietarias de un micronegocio vive en condición de pobreza monetaria, frente al 30,5 % de los hombres en la misma situación.
Para la Fundación WWB Colombia, estos resultados muestran que la propiedad de un negocio no es suficiente para alcanzar autonomía económica cuando persisten menores ingresos, mayores responsabilidades de cuidado y barreras para acceder a capital y oportunidades de crecimiento.
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"Estos resultados muestran la importancia de entender mejor las realidades económicas de las mujeres para diseñar políticas públicas e instrumentos financieros que respondan a esas condiciones. Cuando una emprendedora encuentra oportunidades para consolidar su negocio, ese avance también se traduce en bienestar para su familia y en un mayor aporte a la economía", concluye Cortés.
La Fundación WWB Colombia considera que el reto es transformar este liderazgo empresarial en verdadera autonomía económica, mediante políticas públicas que fortalezcan la formalización, amplíen el acceso al financiamiento, impulsen sistemas de cuidado y generen mejores condiciones para que los negocios liderados por mujeres puedan crecer y convertirse en una fuente sostenible de bienestar para ellas, sus familias y el país.
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