Hoy se decide el futuro de Colombia. A las 6 de la tarde sabremos si Colombia definitivamente pasa la página de estos desafortunados cuatro años de gobierno de la izquierda o, por el contrario, regresa a una administración de centro-derecha que le garantice un mejor futuro. En medio de esta polarización vamos a escoger la mejor opción. No nos podemos equivocar.
Mirando un poco la historia en las que se puedan encontrar algunos rasgos de similitud del presidente, me llaman la atención en algún contexto particular las figuras de Dorian Gray, el ministro de policía de Napoleón, José Fouché, y algo de Calígula. La primera de ellas, cabe recordar que Dorian Gray era un joven que tenía una belleza especial, y ello lo lleva a que su amigo pintor Basil le haga un cuadro. Dorian estaba oprimido por la dicotomía de saber que era joven, pero le tenía temor a envejecer. Por ello vacila, y decide vivir una vida de lujuria y sensualidad, mientras el cuadro era el que envejecía. En esa vida disipada Dorian decide vender su alma mientras realiza actos amorales.
Algo de esto tiene el presidente Petro, su vida de lujuria transita por un lado, mientras su responsabilidad con el país y con la izquierda se pierde por otro lado. Ya lo han escrito varios columnistas que a Petro no lo dejó gobernar su vanidad. No es sino recordar la forma irresponsable como trató a la mayoría de sus ministros. Creo que son pocos los ministros rescatables de esta administración: José Antonio Ocampo, Alejandro Gaviria, Susana Mohamed, Ángela María Buitrago y Diego Guevara. Fueron los únicos que mantuvieron independencia del presidente. Aún más, hubo uno de ellos que se enfrentó al presidente – era su antiguo amigo -, le criticó su política y métodos: el exdirector de Planeación, Jorge Iván González. El resto es mejor olvidar.
De José Fouché, quien en los tiempos de la revolución francesa fue conocido por su capacidad para traicionar al punto que como regente de la ciudad de Lyon fue famoso por la forma como ametralló gente; sobre su historia, hay una excelente biografía de Estefan Zweig, quien llega a la conclusión en su libro de que lo que llevaba a Fouché a traicionar era que en el fondo despreciaba la humanidad.
Eso mismo le pasa al presidente Petro, a quien no le interesa ni la izquierda ni Colombia ni toda la gente que ha muerto por esos ideales, y como Dorian Gray, prefiere abrirle espacio a la lujuria y la vanidad. Y peor aún, los rasgos similares que puede tener con el excéntrico emperador Calígula, a quien sus desafueros lo llevaron a incendiar Roma, a tener excentricidades sexuales y al final, ya cerca a la locura, decide nombrar a su caballo Incitatus como cónsul vitalicio de Roma.
Algo parecido le puede suceder a Petro cuando hoy a las seis de la tarde cuando conozca los adversos resultados electorales seguramente hará lo único que hizo bien en estos cuatro años: “meter perico”, y mañana cuando se levante por ahí hacia las 10 de la mañana, no creo que llame a Cepeda, y ni le importa que la izquierda haya perdido, que Colombia no haya avanzado, y probablemente lo único que le interese son sus zapatos ferragamo y estar pendiente de alguno de los partidos de mañana del mundial.
Aún más, al igual que Calígula, podrá redactar su último decreto – seguramente nadie lo demanda-, en el que se nombraría “Cónsul vitalicio de Colombia”, y en su redacción podrá escribir “ que este pueblo ignorante nunca lo entendió porque su destino no era gobernar Colombia, sino salvar el mundo”.
Esa es la historia que ocurrirá hoy de ganar De la Espriella, salvo que algo extraordinario ocurra. Después de los resultados de hoy, lo único que espero del presidente De la Espriella es que modere su discurso, puesto que Colombia no necesita seguir el modelo ni de Milei ni de Bukele. Ganando hoy, la próxima tarea es rescatar la Alcaldía de Cúcuta y a partir de mañana construir una Colombia mejor.
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