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Economía
Palmicultores del Catatumbo ya sienten El Niño: menos lluvia y más calor 
El fenómeno en 2024 generó que la producción de aceite cayera 10%, según Fedepalma.
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Leonardo Oliveros
Leonardo Favio Oliveros
Viernes, 25 de Septiembre de 2026

Uno de los cultivos que podrían sentir con mayor fuerza los efectos del intenso fenómeno El Niño es el de la palma de aceite y, en El Catatumbo, los productores ya comienzan a enfrentar temperaturas más elevadas y precipitaciones con menos frecuencia, respecto a períodos anteriores.

El gerente de Palmicultores de Norte (Palnorte), Mauricio Mario Vargas Giraldo, una de las empresas de la región que participó en la exposición comercial y lideró una ponencia dentro de la agenda académica de la Conferencia Nacional sobre Palma de Aceite, en Villavicencio (Meta), indicó a La Opinión que se están registrando temperaturas de uno o dos grados centígrados por encima de lo normal, hasta los 39°C.


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“Actualmente, hay demasiado viento y eso también afecta mucho, porque reseca el suelo y las palmas, las hojas de la parte de abajo se empiezan a secar. Y la pluviometría ha estado por debajo de los niveles normales, o sea, que sí estamos viendo una disminución de las lluvias. No estamos diciendo que no haya llovido, si no que muy poco”, agregó Vargas. 

Aunque en esa subregión de Norte de Santander, especialmente en Tibú, suele llover poco, el líder corporativo señaló que el promedio pluvial bajó hasta 50 milímetros mensuales, cuando el promedio era de 200 a 300 milímetros.

El déficit hídrico genera estrés en las plantas y puede afectar la formación y polinización de los racimos, reduciendo posteriormente el desarrollo del fruto.

“Pero bueno, eso es un fenómeno que está pasando en todo el país. Ha habido algunos conatos de incendio en algunas palmeras, porque las hojas que están abajo son las que se secan y las que más fáciles se prenden”, apuntó el gerente de Palnorte.

El presidente ejecutivo de la Federación Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite (Fedepalma), Nicolás Pérez Marulanda, dijo que enfrentan un fenómeno de proporciones históricas, según los pronósticos del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), lo cual representará una serie acciones, varias de ellas en cabeza de los productores, para disminuir los efectos.

 

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Aunque los efectos ya se observan en las condiciones de los cultivos, el impacto sobre la producción no necesariamente se dará de una vez.


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“Esperamos que las consecuencias se vean en la producción de 2027, porque los efectos en la palmicultura no se ven de manera inmediata. Si bien se espera que el pico del fenómeno sea en el último trimestre, creemos que impactará en la producción el próximo año. Estamos haciéndole seguimiento”, aseguró Pérez.

¿Y la producción? 

El presidente ejecutivo de Fedepalma, Nicolás Pérez Marulanda, recordó que El Niño de 2024, el episodio más reciente que se presentó con más intensidad en el primer cuatrimestre, generó que la producción de aceite cayera 10%.

“El fenómeno no afecta igual a todas las zonas, por ejemplo, en la Suroccidental (Tumaco), es a la inversa: llueve más de lo normal; al igual que en la de Llanos Orientales. En la Central (donde figura Norte de Santander), Oriental y Norte sí son los efectos típicos: mayores temperaturas, menos lluvias y mayor radiación solar”, concluyó Pérez.

El gerente de Palnorte, Mauricio Mario Vargas, destacó que la producción de aceite de palma podría bajar en algunos territorios. Sin embargo, cree que en su caso, se mantendría el nivel de año pasado.


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Palnorte recibió unas 200.000 toneladas de fruta en 2025 y actualmente agrupa a 210 palmicultores accionistas, además de beneficiar a unos 300 productores adicionales del Catatumbo que le proveen fruto. 

Ante la llegada del fenómeno, los agricultores comenzaron a implementar prácticas para mitigar sus efectos, como el uso de coberturas en el suelo para retener la humedad, la programación de las fertilizaciones en momentos adecuados y el uso de abonos orgánicos.

El reto es mayor porque son pocas las plantaciones del departamento que cuentan con sistemas de riego. La situación refleja una realidad nacional: según la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), solo 21% del área sembrada de palma en Colombia dispone de sistemas de riego tecnificados. 


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