Apenas un par de meses le duró la libertad a Cristian Martín Escalante Peña, de 26 años. Tras un segundo paso por prisión, Chingalea, como era conocido, fue alcanzado por la muerte en una nueva tragedia para su familia.
El crimen ocurrió en el barrio San Miguel, de Cúcuta, cerca de donde el hombre vivió buena parte de su vida. En la avenida 19, entre las calles 7 y 8, mientras conducía una motocicleta azul de placa NGX-71D, otro motociclista inició una persecución letal durante la noche del pasado viernes, 26 de junio.
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Quizá por azar o por destino, su muerte se produjo justo frente a la casa de uno de sus amigos, quien fue de los primeros en atestiguar lo sucedido tras escuchar la ráfaga de disparos que sacudió la noche en ese sector de la ciudad.
Pasadas las 9:30 de la noche se registró la intensa persecución que terminó en esa calle, también frente a una venta de comidas. Los comensales vivieron segundos de tensión por el ruido de los disparos, acompañado por el sonido de dos motocicletas, y finalmente observaron la caída de la moto de Chingalea, mientras el otro vehículo se alejaba en la distancia.
El hombre quedó tendido boca abajo a mitad de la vía, a aproximadamente un metro de su motocicleta, aún con el casco puesto y completamente inmóvil. El caos se apoderó de los vecinos, quienes no sabían exactamente qué hacer hasta que notaron que todavía presentaba signos vitales.
La comunidad optó por trasladarlo por sus propios medios a un centro asistencial cercano. Sin embargo, pocos minutos después de su ingreso se confirmó su fallecimiento. Las autoridades asumieron el caso e hicieron presencia en el lugar de los hechos, recopilando información, testimonios y registros que permitan obtener pistas sobre el responsable.
La Brigada Interinstitucional de Homicidios (Brinho) fue la encargada de realizar la inspección técnica a la escena del crimen y analizar el material probatorio hallado en el sitio.
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Un pasado judicial
Una de las primeras líneas de investigación busca establecer si el crimen podría estar relacionado con el pasado judicial de Chingalea, quien registraba antecedentes por porte ilegal de armas y hurto. De acuerdo con las autoridades, había salido de prisión hace apenas un par de meses.
En redes sociales, sus amigos han realizado diferentes publicaciones y mensajes de luto, aunque algunos también han dejado entrever una posible vinculación con estructuras criminales, especialmente con una conocida como “El Hampa”. No obstante, corresponde a las autoridades determinar si este hecho pudo haber desencadenado el ataque, sin descartar otras hipótesis.
La primera captura de Cristian se produjo cuando apenas tenía 18 años. En aquella ocasión fue sorprendido por las autoridades portando un arma de fuego junto a otro joven en inmediaciones del barrio El Contento, donde ambos mantenían una actitud sospechosa. Los dos fueron capturados por portar un revólver.
Posteriormente recuperó su libertad, aunque tiempo después volvió a quedar tras las rejas, hasta que finalmente fue alcanzado por la violencia de manera definitiva.
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Otro Peña asesinado
Esta no es la primera vez que la familia Peña debe enfrentar el dolor de una vida arrebatada por la violencia. Un tío de Chingalea también fue víctima de las balas hace casi 15 años, igualmente en el barrio San Miguel.
El hecho ocurrió en septiembre de 2011, en la transversal 17 con calle 7, cuando Jesús Manuel Peña Salazar, conocido como Manuelito, fue asesinado junto con otro hombre en un billar ubicado en ese sector. Las víctimas recibieron varios disparos en la cabeza.
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