La final de este Mundial entre España y Argentina tiene mucha miga, pero sin duda destaca el duelo entre el argentino Leo Messi, que afronta probablemente la última oportunidad de conducir a Argentina hacia otra estrella mundialista, y un Lamine Yamal que disputa, con apenas 19 años, su primer Mundial de una carrera que apunta a marcar una época.
Sin duda, este último partido del Mundial 2026, esta gran final, trasciende lo deportivo y simboliza el relevo entre dos generaciones separadas por el gran charco, pero unidas por un mismo origen futbolístico: La Masia del FC Barcelona.
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Porque si hace poco más de dos décadas, un niño argentino de Rosario aterrizaba en Barcelona para perseguir un sueño que cambiaría para siempre la historia del fútbol blaugrana, europeo y mundial, ahora es otro fruto de esa misma Masia quien, desde Rocafonda (Mataró), el que pretende coger ese testigo y dar a España su segundo Mundial y hacer realidad ese sueño que persiguió el argentino durante casi dos décadas.
Messi y Yamal, separados por dos decenios, pero unidos por una foto cuando el español eran tan sólo un bebé para un calendario solidario que ahora ha vuelto a acaparar portadas, compartirán escenario en uno de esos partidos llamados a quedar en la memoria de muchos. Pocas veces un Mundial ha reunido un enfrentamiento tan cargado de simbolismo.
De un lado estará el mejor futbolista de la historia del FC Barcelona, para muchos también el de la historia en general, y el máximo goleador histórico de los Mundiales. Del otro, el último gran fenómeno surgido de la cantera 'culer', señalado desde muy pronto como uno de los talentos llamados a dominar el fútbol mundial durante la próxima década y, pese a no gustarle, siendo comparado constantemente con Messi.
Aunque nacieron en continentes distintos y con veinte años de diferencia, sus trayectorias presentan sorprendentes paralelismos. Messi llegó a Barcelona con apenas 13 años procedente de Newell's Old Boys. Lamine Yamal ingresó siendo un niño en La Masia tras dar sus primeros pasos en la Unió Esportiva Rocafonda y el CF La Torreta. Ambos crecieron bajo la misma metodología, compartieron campos de entrenamiento en la Ciutat Esportiva y debutaron con el primer equipo siendo todavía adolescentes, rompiendo registros de precocidad.
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Sin embargo, sus caminos también han seguido ritmos muy diferentes. Messi necesitó cinco Mundiales para levantar la Copa del Mundo. Debutó en Alemania 2006 como una joven promesa, cayó en cuartos en Sudáfrica 2010, perdió la final de Brasil 2014, se despidió en octavos en Rusia 2018 y terminó conquistando el título en Qatar 2022, cuando ya era uno de los mejores futbolistas, el mejor para una gran mayoría, de todos los tiempos y quitándose esa 'espinita' clavada.
Lamine Yamal, en cambio, ha llegado a la final en su primera participación mundialista. Después de convertirse en una de las sensaciones del torneo, no tan decisivo para la selección española como en la Eurocopa de hace dos años, con sólo un gol anotado, pero sí imprescindible y atrayendo el foco de sus rivales, el extremo blaugrana está a un partido de conquistar un título que Messi tardó dieciséis años en lograr desde su debut mundialista.
La comparación, sin embargo, termina ahí. Nadie dentro del fútbol español, ni en el Barça, pretende cargar todavía sobre los hombros del joven de Rocafonda el peso de suceder al argentino. Su irrupción ha recordado inevitablemente a la de Messi por la edad, la posición sobre el campo o la capacidad para decidir partidos desde la banda derecha, pero el internacional español nunca ha escondido que su objetivo pasa por escribir su propia historia y no por convertirse en 'el nuevo Messi'.
Dos líderes
Durante casi veinte años, además, cualquier niño que cruzara las puertas de La Masia lo hacía teniendo al rosarino como referencia. También Lamine Yamal. El argentino marcó el camino de una generación entera de jóvenes futbolistas formados en el Barcelona y convirtió el dorsal '10' blaugrana en un símbolo prácticamente inalcanzable. Ahora, uno de aquellos niños que crecieron admirándolo tendrá delante la oportunidad de eliminar a su gran espejo futbolístico en la mayor cita del fútbol.
Messi llega a la final tras liderar una vez más a Argentina, en su último baile, aunque no haya marcado en sus dos últimos partidos. Por primera vez en este Mundial se quedó sin marcar en los cuartos de final frente a Suiza, si bien volvió a resultar decisivo al asistir a Alexis Mac Allister en el primer gol antes de que Julián Álvarez y Lautaro Martínez certificaran el pase en la prórroga. Y, en las heroicas semifinales, en el 1-2 contra Inglaterra, se vistió de asistente.
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Lamine Yamal, por su parte, ha tratado de ir recuperando su mejor versión tras superar la lesión con la que llegó al torneo y ha confirmado que España también tiene un futbolista capaz de decidir los grandes partidos como puede ser la final de una Copa del Mundo, donde espera tener por fin ese día espectacular que todo el mundo ansía, incluido un Luis de la Fuente que tiene una confianza imperturbable sobre él y que trata de mimarle y quitarle cualquier tipo de presión que el extremo asume con el mismo desparpajo que su fútbol.
El domingo, en el mismo césped del MetLife Stadium de Nueva Jersey (Nueva York), convivirán dos momentos opuestos de una misma historia. Para Messi puede ser el último capítulo de una carrera irrepetible. Para Lamine Yamal, apenas el comienzo del mayor sueño de un futbolista que, como el argentino hace un cuarto de siglo, un día también llegó a La Masia con la ilusión de conquistar a los 'culers' y el mundo. De La Masia a la final del Mundial 2026.
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