El presidente electo Abelardo de la Espriella quiere posesionarse en una guarnición militar. Es decir, rompería con la tradición de posesionarse en la Plaza de Bolívar de Bogotá, ante el Congreso. Pero, ¿puede hacerlo? y, de ser así, ¿con qué intención lo hace?
Según el artículo 192 de la Constitución, el presidente de la República “tomará posesión de su destino ante el Congreso”. Sin embargo, no deja claro que sea en el Capitolio Nacional, y el artículo 140 dice que las cámaras del Congreso pueden ponerse de acuerdo para trasladar la sesión a otro lugar. ¿Qué dicen los expertos?
La propuesta llega en medio de un ambiente de tensión por la cancelación del empalme entre el gobierno del presidente Gustavo Petro y el de De la Espriella. Petro ha dicho que no reconocerá a De la Espriella y que “el presidente de Colombia es Iván Cepeda”.
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La viabilidad jurídica y el rol de las mesas directivas del Congreso
Ximena Echavarría, abogada experta en derecho administrativo y electoral, dijo que De la Espriella sí puede posesionarse en una guarnición militar.
“El Congreso es el que decide dónde sesiona. Normalmente, la posesión se hace en la plaza de Bolívar. En este caso, el presidente electo la quiere en una guarnición militar. Tocaría hacer el análisis político de quién será el presidente de cada Cámara”, dijo.
Y explicó que “todo el Congreso en pleno debe asistir a la posesión; según la Constitución, el presidente debe posesionarse ante el Congreso en pleno. No es potestad ir o no ir. Pero, por ejemplo, en 2014, la bancada del Centro Democrático no fue a la posesión de Santos”.
Con respecto a lo último, es poco probable que la bancada del Pacto Histórico asistiera a la posesión, incluso si fuera en la Plaza de Bolívar, ya que dicen que De la Espriella “es ilegítimo” y el candidato que perdió las elecciones, Iván Cepeda, ha dicho que se declarará en “desobediencia civil pacífica”.
En cuanto al análisis que menciona Echavarría de quién presidiría cada cámara, el escenario sería favorable para el gobierno entrante si el presidente del Senado fuera Alfredo Deluque, de La U, como reveló El Colombiano.
Esto lo ha promovido el ministro del Interior designado, Rodrigo Lara. Deluque ha sido cercano al presidente electo. Lo mismo ocurriría con Daniel Briceño, del Centro Democrático, quien presidiría la Cámara.
El peso simbólico de la seguridad y el quórum ante la Corte Suprema
Por su parte, Carlos Andrés Arias, analista en Comunicación Política y profesor de las universidades La Sabana y Javeriana, está de acuerdo con el mensaje que quiere enviar el presidente electo.
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“El presidente electo se puede posesionar en el lugar del país que quiera. Ritualmente y simbólicamente se ha escogido la Plaza de Bolívar, recogiendo los poderes políticos que allí se encuentran, y el bogocentrismo ha recogido la política en los últimos cien años. Pero legal y constitucionalmente puede posesionarse donde quiera”, dijo.
Agregó, según el artículo 192, que “si no se posesiona frente al Congreso, puede hacerlo frente a la Corte Suprema. Si Gustavo Petro quiere boicotear la posesión impidiendo que su bancada asista, sea en una base militar o en un pueblo recóndito, sería aún más grave, pero aún así se puede posesionar. El asunto no es el lugar, sino frente a quiénes”.
Con respecto al mensaje, afirmó que es “coherente” con el respaldo que expresó a las Fuerzas Militares desde la campaña.
“El mensaje de posesionarse en una guarnición militar está en coherencia con lo que fue su apuesta y por lo que muchos colombianos votaron por él: una recuperación de la autoridad, la seguridad y un respaldo a las fuerzas militares que han dejado ver la complicidad del gobierno Petro con el Eln y las disidencias”.
Esto, último, dijo, “está representado por figuras como el excomisionado de paz, Danilo Rueda, y la senadora del Pacto Histórico, Isabel Zuleta”.
Zuleta lideró las conversaciones de la mesa de paz con las bandas criminales del Valle de Aburrá, mientras Rueda fue criticado por el “pacto de los congelados”, en el que habló de despedir a los oficiales de Inteligencia que investigaban al clan del Golfo, suspender los bombardeos en su contra y frenar los pedidos de extradición para sus cabecillas. Todo para integrar a ese grupo en las conversaciones de “paz total”.
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