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Cúcuta
La normalización del mal parqueo tiene a Cúcuta al borde del colapso vial
El mal parqueo se convirtió en una práctica cotidiana en Cúcuta. Carros, motos, taxis y busetas ocupan andenes y calzadas, mientras las autoridades enfrentan limitaciones para recuperar el control del espacio público.
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Orlando Carvajal - Periodista La Opinión
Orlando Carvajal
Domingo, 4 de Octubre de 2026


El mal parqueo que protagonizan a diario los usuarios de las vías de Cúcuta está convirtiendo la movilidad de la ciudad en un problema que parece no tener salida.

El comportamiento de los conductores frente a las normas de estacionamiento viene deteriorándose desde hace más de dos décadas y las autoridades todavía no encuentran una solución que permita recuperar el control sobre el espacio público. Mientras tanto, los infractores han terminado imponiendo sus propias reglas.

Por eso, ya parece normal encontrar carros y motocicletas estacionados sobre andenes, parques, plazoletas y calzadas, sin importar que obstruyan el paso de los peatones. En muchos sectores, quienes caminan deben bajar a la vía para continuar su recorrido y exponerse al riesgo de ser arrollados.

Los peatones, después de los motociclistas, hacen parte de la población más afectada por los siniestros viales con desenlace fatal en Cúcuta. Según las cifras citadas por las autoridades, la mortalidad vial en la ciudad ha aumentado este año en un 20 por ciento.

Son varios los factores que han llevado a que Cúcuta tenga un problema creciente de estacionamiento en el espacio público.


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Uno de ellos es el elevado número de motocicletas que circulan por sus calles. De acuerdo con cifras de las autoridades y del Observatorio de Seguridad Vial de Cúcuta y el área metropolitana, unas 200.000 motocicletas se movilizan por la ciudad, además de cerca de 250.000 vehículos entre públicos y particulares.

Ese volumen de automotores representa un desafío para cualquier intento de mantener una movilidad fluida, especialmente cuando una parte de los conductores estaciona en lugares prohibidos.

A esto se suma la ausencia de una política consolidada de parqueaderos públicos y privados. Este servicio opera con una regulación que, según conductores consultados, no ha logrado ordenar de manera suficiente las tarifas y las condiciones que deben cumplir algunos establecimientos.

Conductores de carros y motocicletas consultados por La Opinión sobre las razones por las que optan por estacionar en el espacio público, en lugar de utilizar los parqueaderos, entregaron respuestas diversas. Sin embargo, varios coincidieron en un punto: el costo del servicio.

El mal parqueo se volvió una actividad normal en Cúcuta, no importa si hay señales que lo prohíban./Foto Carlos Ramírez/La Opinión
Pocos alféreces para controlar 500.000 vehículos

“Las tarifas que se cobran en estos sitios corren a cualquiera”, dice Rogelio Leguizamón, estudiante universitario.

Según explica, hay lotes sin techo en el centro de la ciudad donde se cobran hasta $6.000 por hora. “Es mucha plata, sobre todo en momentos en que la situación económica está difícil en la ciudad”, señala.

Otro factor relacionado con el desorden en el estacionamiento es la capacidad de las autoridades para ejercer control. En Cúcuta hay apenas 55 alféreces para vigilar el comportamiento de los conductores en una ciudad por la que circula un parque automotor de cerca de 500.000 vehículos entre motos y carros.

El saliente secretario de Movilidad de Cúcuta, Joan Botello, en entrevista concedida a La Opinión antes de su renuncia, sostuvo que el problema tiene un componente cultural que va más allá de la capacidad operativa de las autoridades.


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“Hay dos temas en las distintas ciudades del país: la seguridad vial y la movilidad. En ambos factores incide, principalmente, la conducta y la conciencia vial de los ciudadanos”, explica.

De acuerdo con Botello, una de las mayores dificultades es la falta de conciencia y educación vial de algunos conductores al momento de estacionar sus vehículos en sitios prohibidos, dejarlos abandonados o no utilizar los parqueaderos disponibles.

“Este es el principal flagelo que nos lleva a tener las vías congestionadas en la ciudad”, subraya.

Según el entonces funcionario, en Cúcuta existen parqueaderos públicos, pero una parte de los conductores no los utiliza y prefieren dejar los vehículos en la calle, incluso en lugares donde está prohibido estacionar.

Botello también consideró que a una parte de los ciudadanos le falta sentido de pertenencia por la ciudad.

“Cuando asuman un comportamiento contrario a la mala conducta vamos a ver una ciudad ordenada”, afirma.

Este año, agrega, las autoridades han impuesto 5.636 comparendos por mal parqueo de carros y motocicletas.

Hay solo 55 agentes para controlar cerca de 500 vehículos entre carros y motocicletas/Foto: Carlos Ramírez/La Opinión
¿Dónde están los parqueaderos?

La afirmación sobre la existencia de parqueaderos públicos también genera reparos entre los conductores.

Algunos usuarios consultados aseguraron no conocer estacionamientos públicos de uso masivo en la ciudad. Entre ellos está Hernando Barbosa, empleado de una empresa de domicilios, quien recordó el proyecto construido durante la administración de Donamaris Ramírez en el parque Bavaria.

La infraestructura, según Barbosa, tenía capacidad para unos 200 carros y un número similar de motocicletas, pero nunca entró en funcionamiento.

“Nadie sabe por qué”, cuestiona.

La discusión sobre el mal parqueo también está atravesada por una conducta que se ha extendido entre los conductores: la idea de que si otros infringen la norma, hacerlo también deja de ser visto como un problema.

“Si todos lo hacen, yo también lo puedo hacer”, es una de las respuestas que se repite entre quienes reconocen haber estacionado en lugares prohibidos.


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Esa percepción contribuye a que una infracción deje de ser excepcional y termine incorporándose a la rutina de la ciudad.

Durante años también ha circulado una frase que presenta a Cúcuta como un lugar donde todo está permitido: “Si quiere hacer lo que le dé la gana, váyase para Cúcuta”.

Más que describir una característica de los habitantes de la ciudad, esta expresión puede entenderse como un estereotipo o imaginario social asociado con la percepción de permisividad frente al incumplimiento de las normas.


 

Los paraderos de taxis están por todas partes, muchos de ellos sin permiso./Foto Carlos Ramírez/La Opinión
La informalidad en la frontera

El problema del estacionamiento ocurre, además, en una ciudad marcada por altos niveles de informalidad y por su condición fronteriza.

Se estima que diariamente ingresan y salen de Cúcuta unas 25.000 personas procedentes de Venezuela, muchas de ellas para hacer compras o acceder a servicios de salud.

A esto se suma la ausencia de un sistema de transporte público urbano de pasajeros plenamente organizado. La falta de paraderos definidos para recoger y dejar usuarios hace que buses y taxis realicen estas maniobras en distintos puntos de las vías, con efectos sobre el tráfico.

El problema tampoco se limita a los conductores de motocicletas y vehículos particulares.


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En la ciudad circulan alrededor de 8.500 taxis y unas 2.000 busetas, cuyos conductores también participan de las prácticas que afectan la movilidad.

Los taxistas han establecido puntos de estacionamiento en distintos sectores de Cúcuta, algunos de ellos diferentes a los más de 400 paraderos que, según la Secretaría de Movilidad, fueron autorizados.

En avenidas como la quinta, la sexta y la séptima, entre las calles 7, 8 y 9, se observan varios puntos de concentración de taxis. En algunos de ellos, pese a que solo estarían autorizados dos vehículos, llegan a estacionarse nueve o diez, especialmente en las vías de mayor flujo vehicular.

Una situación similar se presenta con las busetas, cuyos conductores recogen y dejan pasajeros en distintos puntos de la ciudad.

“Hay que dejar claro que no somos solo los motociclistas ni los carros particulares los que tenemos paralizada la movilidad de la ciudad y los que violamos el espacio público. Los que más bloquean son los taxis y las busetas”, asegura Martín Castro, conductor de motocicleta.
 

En lo corrido del presente año ya se contabilizan más de 5.000 comparendos por mal parqueo./Foto: Carlos Ramírez/La Opinión
Cuando la infracción se vuelve normal

El sociólogo Alberto Acuña Cordero utiliza el concepto de “normalización de la transgresión” para explicar este tipo de comportamientos.

Se trata de una práctica que inicialmente es considerada incorrecta o ilegal, pero que se repite con tanta frecuencia que termina percibiéndose como cotidiana, tolerable e incluso legítima.

En el caso de Cúcuta, explica Acuña, infracciones al Código Nacional de Tránsito, como estacionar en sitios prohibidos, dejan de generar rechazo cuando se convierten en comportamientos habituales.

El fenómeno también puede relacionarse con una cultura de la informalidad, pues la transgresión no se limita al mal estacionamiento. También comprende la ocupación del espacio público, el comercio informal y la invasión de andenes, entre otras prácticas.


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Para Acuña, además, debe hacerse una distinción frente a la frase “si quiere hacer lo que se le dé la gana, véngase para Cúcuta”. No se trata de una característica objetiva de los cucuteños, sino de un estereotipo o imaginario social asociado con una percepción de permisividad.

El problema, señala el sociólogo, no radica únicamente en que algunos ciudadanos infrinjan las normas de tránsito o invadan el espacio público. El fenómeno sociológico aparece cuando la infracción se repite, deja de provocar rechazo y termina incorporándose a las prácticas cotidianas como si fuera una conducta normal.

En ese punto, el problema deja de ser exclusivamente la infracción individual y pasa a ser colectivo: la pérdida de la capacidad de reconocer la infracción como tal.

Y cuando estacionar sobre un andén, bloquear una calzada o convertir una esquina en un paradero improvisado deja de generar rechazo, recuperar el orden resulta mucho más complejo que imponer un comparendo.


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