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Cómo leer el dólar, el oro y bitcoin de cara a la segunda vuelta presidencial en Colombia
El peso cerró mayo como una de las monedas emergentes más depreciadas del periodo.

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La opinión
La Opinión
Viernes, 5 de Junio de 2026

La definición presidencial le imprime al inicio de junio una capa adicional de incertidumbre a un mercado que ya venía operando bajo un eje claro. Tras la primera vuelta del domingo 31 de mayo, en la que Abelardo de la Espriella obtuvo cerca del 43,7% de los votos e Iván Cepeda alrededor del 40,9 %, ambos avanzaron al balotaje del próximo 21 de junio.

El peso encara así tres semanas de máxima sensibilidad en un entorno donde el dólar se mantiene fuerte a nivel global, el oro corrige desde máximos históricos y bitcoin se mueve al ritmo de los titulares geopolíticos. 

 


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Lejos de ser cuatro historias separadas, las cuatro clases de activo responden hoy a la misma combinación de factores. Iván Torroledo, cofundador y CFO de Littio, las integra en una sola lectura.

Dólar fuerte por coyuntura, débil por estructura

Para entender los cuatro mercados al mismo tiempo conviene partir de una tensión que define todo el año. En el corto plazo, el dólar estadounidense es fuerte: la aceleración de la inflación en Estados Unidos, con el ritmo de inflación mayorista más rápido desde 2022 y el mayor aumento del índice de precios al consumidor desde 2023, llevó a los mercados a descartar por completo los recortes de la Reserva Federal este año, e incluso a incorporar la posibilidad de un alza hacia diciembre. 

Eso sostiene el índice DXY en niveles altos y presiona a la baja a los activos que no pagan cupón. En el largo plazo, sin embargo, persisten señales de debilidad estructural del dólar, desde el nivel de la deuda pública estadounidense hasta la diversificación de reservas que vienen ejecutando los bancos centrales del mundo.

Sobre esa tensión se monta un tercer factor, transversal a las cuatro clases de activo: las tensiones geopolíticas alrededor del Estrecho de Ormuz, que mantienen el precio del Brent cerca de los US$97 por barril y elevan la aversión al riesgo. Ese mismo detonante encarece el dólar como refugio, presiona al euro por su dependencia energética, frena al oro en el corto plazo por la vía de las tasas y golpea a bitcoin como activo de riesgo. 

Comprender ese eje común es lo que permite distinguir, en cada mercado, entre un movimiento coyuntural y un cambio de tendencia.

El peso cerró mayo como una de las monedas emergentes más depreciadas del periodo. La Tasa Representativa del Mercado vigente para el inicio de junio quedó en $3.678,15 y, en las jornadas previas a la primera vuelta, la divisa amplió su avance hasta mínimos del peso de más de una semana. 

En la apertura de este lunes, tras conocerse el resultado, parte del mercado leyó la votación como una señal favorable y el peso reaccionó con una fuerte apreciación: el dólar abrió la jornada en $3.576,66, unos $101 por debajo de la TRM vigente de $3.678,15.

Los analistas advierten, no obstante, que se trata de un movimiento inicial y que la prima de incertidumbre puede reaparecer mientras siga abierta la definición del balotaje. La mecánica tiene dos capas. La externa ya está descrita: un dólar global fuerte por la postura de la Reserva Federal. La interna es más particular y merece atención, porque allí se concentra el riesgo de los próximos meses.


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El mercado no reacciona al color político de un resultado, sino al grado de certeza que ese resultado ofrezca sobre la trayectoria fiscal y monetaria del país. 

Mientras la definición del balotaje siga abierta, la prima de incertidumbre permanece y se traslada de forma directa a la tasa de cambio, que a su vez se transmite al bolsillo del hogar por la vía de la inflación importada y de un crédito que el Banco de la República mantiene caro para contenerla. Históricamente, esa prima tiende a comprimirse una vez se conoce un resultado definido, sin importar cuál sea.

El cofundador y CFO de Littio, Iván Torroledo, indicó que  el peso terminó mayo como una de las monedas emergentes más presionadas, y eso no es casualidad, pues, cuando un proceso electoral entra en su tramo de definición, el mercado deja de operar sobre fundamentales y empieza a operar sobre escenarios. 

“Lo relevante no es el color político del resultado, sino el grado de certeza que ofrezca sobre la trayectoria fiscal y monetaria del país. Mientras esa certeza no llega, la prima de riesgo se traslada directamente a la tasa de cambio, y eso lo paga el bolsillo de cualquier familia que importe, viaje, estudie afuera o reciba ingresos del exterior”, afirmó.

El oro pierde atractivo

El oro protagoniza el movimiento más interesante de analizar, porque desafía la teoría tradicional. El manual dice que cuando las tasas reales suben, es decir, la tasa nominal por encima de la inflación, el oro pierde atractivo, porque no paga cupón y compite en desventaja con los bonos. 


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En 2026 ocurrió lo contrario: el metal alcanzó un máximo histórico cercano a US$5.600 por onza el 29 de enero y sostuvo niveles altos pese a tasas reales positivas y elevadas. La razón es un cambio en el perfil del comprador. El demandante marginal ya no es el inversionista financiero sensible a la tasa, sino el banco central que diversifica sus reservas por motivos fiscales y geopolíticos, una demanda que es indiferente al costo de oportunidad de las tasas.

Esa distinción es la que permite leer correctamente la corrección reciente. El oro retrocedió cerca del 4% en lo corrido de mayo y se ubica alrededor de los US$4.450 por onza, un movimiento consistente con una toma de ganancias técnica tras la fuerte apreciación inicial del año y con el peso de las tasas reales en el margen. 

Lo que no se observa es una salida estructural: los bancos centrales sumaron 244 toneladas netas a sus reservas en el primer trimestre, completando cinco trimestres consecutivos por encima de las 200 toneladas, y los flujos hacia los fondos cotizados al contado se mantienen positivos. La diferencia entre una corrección y un cambio de tendencia está, precisamente, en quién sostiene la demanda.

“La corrección cercana al 4% del oro en mayo no rompe el ciclo, lo confirma. Lo que cambió es quién compra: los bancos centrales llevan cinco trimestres sumando más de 200 toneladas cada uno y esa demanda no responde a las tasas, responde a la diversificación de reservas. Por eso una toma de ganancias técnica no revierte la tendencia. La diferencia entre una y otra cosa es exactamente lo que define si conviene mirar al oro como reserva de valor dentro de un balance diversificado”, explicó Torroledo.

Bitcoin: el activo que se volvió macro

Bitcoin atraviesa una transformación de naturaleza más que de precio. Tras alcanzar un máximo histórico cercano a US$126.200 el 6 de octubre de 2025, cotizaba alrededor de US$75.260 al cierre del 27 de mayo, con sesiones recientes por debajo de los US$77.000. 

Lo relevante no es la cifra diaria sino lo que la explica. Durante años, bitcoin se movió por dinámicas internas del ecosistema cripto. 

Hoy, con los fondos cotizados al contado en Estados Unidos superando los US$107.000 millones en activos bajo administración y con compañías que mantienen el activo en sus tesorerías corporativas, la formación del precio se trasladó al balance institucional. 

La consecuencia es que bitcoin se comporta como un activo de riesgo macro: sube y baja con el apetito por riesgo y con las expectativas de tasas, igual que las acciones tecnológicas.

La caída reciente lo ilustra con precisión. El retroceso por debajo de los US$77.000 estuvo acompañado de liquidaciones superiores a US$650 millones en 24 horas, con las posiciones largas representando cerca del 89% del total, y de salidas institucionales relevantes en sesiones puntuales. 

Nada de eso responde a un evento interno del mundo cripto: responde a las tensiones en torno al Estrecho de Ormuz y a la postura de la Reserva Federal sobre tasas, los mismos factores que mueven al resto del mercado.

En el horizonte estructural se mantienen la escasez programada, con el próximo halving en 2028 que reducirá la emisión por bloque, y un suministro que ya superó los veinte millones de unidades minadas. La dispersión de las proyecciones es, en sí misma, una señal del momento de transición.

“Cuando un activo se mueve al ritmo de los titulares macroeconómicos, ya no es un activo de nicho, es un activo de portafolio con todas sus consecuencias. Su volatilidad es estructural y cualquier exposición debe dimensionarse con plena claridad sobre el riesgo”, manifestó Torroledo.

El acceso minorista también se desplazó del exchange internacional hacia las plataformas locales. Littio, por ejemplo, integró bitcoin con precio actualizado cada veinte segundos a través de su alianza con Ouinex y con operación dentro de la propia plataforma, sin necesidad de registrarse en intermediarios del exterior. Es el mismo patrón del oro: el activo ya estaba disponible para el gran capital; lo que cambió es que ahora también lo está para el minorista colombiano.

Puestos en un mismo plano, los cuatro mercados cuentan una historia coherente. El dólar y el euro se fortalecen frente al peso por la combinación de un dólar global firme y una prima de riesgo local en aumento. 

El oro y bitcoin corrigen en el corto plazo por el peso de las tasas y la aversión al riesgo, pero por razones distintas en cada caso: el oro sostiene una demanda soberana estructural, y bitcoin atraviesa su consolidación como activo institucional. 

Para el hogar colombiano con perfil global, el punto no es elegir un ganador, sino entender que cada activo cumple una función diferente dentro de un balance. El dólar y el euro operan como reserva de valor líquida; el oro, como refugio de baja correlación con el peso; y bitcoin, como una posición de mayor riesgo y mayor volatilidad que exige dimensionamiento. 


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