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De cuatro horas a 15 minutos: la tecnología redefine el trabajo contable en tiempos de declaración de renta 
Más de 6.5 millones de declaraciones de renta presentadas en Colombia en 2025 reflejan la presión operativa que enfrentan los contadores durante la temporada tributaria.

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De cuatro horas a 15 minutos: la tecnología redefine el trabajo contable en tiempos de declaración de renta 
Más de 6.5 millones de declaraciones de renta presentadas en Colombia en 2025 reflejan la presión operativa que enfrentan los contadores durante la temporada tributaria.
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Martes, 14 de Julio de 2026

La temporada de declaración de renta se ha convertido en uno de los momentos de mayor presión para los contadores colombianos. El creciente volumen de contribuyentes obligados a declarar, sumado a las exigencias normativas y a la necesidad de atender múltiples clientes simultáneamente, está impulsando una transformación silenciosa en la forma como opera el sector.

La magnitud del reto es significativa. De acuerdo con cifras reportadas por la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN), más de 6.5 millones de personas naturales presentaron su declaración de renta al cierre de la temporada tributaria de 2025, una cifra que refleja el tamaño de la carga operativa que enfrentan miles de profesionales contables cada año.


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En este contexto, la adopción de herramientas tecnológicas especializadas está ganando terreno. 

En el caso de Contadia, la plataforma ya supera las 307.000 declaraciones de renta elaboradas en Colombia y proyecta romper la barrera de las 500.000 durante 2026. A esto se suma un crecimiento de más de 50% en 2025 frente al año anterior, una señal de la aceleración que está teniendo este tipo de soluciones entre los profesionales contables.

Más allá del crecimiento de una empresa, este avance muestra una transformación de fondo en el mercado. El contador ya no solo necesita saber la norma, sino tener cómo aplicarla con agilidad en un contexto en el que las reglas cambian, los vencimientos aprietan y el volumen de trabajo exige más control y trazabilidad. 

En ese escenario, Contadia muestra cómo la innovación en el trabajo contable no está en automatizar por automatizar, sino en construir tecnología con lógica tributaria, precisión y respaldo real sobre los resultados


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“Hoy el contador no solo necesita saber la norma, que además cambia todo el tiempo, sino tener herramientas que le ayuden a aplicarla bien, trabajar con más orden y responder con agilidad en temporada. Ahí es donde la tecnología empieza a jugar un papel mucho más relevante”, señaló la directora de Negocios de Contadia, Daniela Mainguez.

Y es que esta transformación responde a una realidad del mercado. Los profesionales deben gestionar simultáneamente decenas o incluso, cientos de clientes durante un periodo limitado, mientras enfrentan cambios normativos y mayores exigencias de trazabilidad y control. 

Como resultado, la adopción de tecnología especializada ha comenzado a consolidarse como una herramienta clave para mejorar la productividad y responder a una carga operativa cada vez mayor.

Por ejemplo, según datos de Contadia, más de 15.000 contadores han utilizado su plataforma para la elaboración de declaraciones de renta. Desde su lanzamiento, el volumen de declaraciones gestionadas a través de esta tecnología se ha multiplicado cerca de 38 veces.

Uno de los principales cambios se está produciendo en la automatización de procesos operativos. Entre las herramientas que comienzan a ganar relevancia en el sector se encuentran la integración con sistemas como Muisca para consultar información tributaria, la lectura automática de certificados y los paneles de gestión que permiten monitorear vencimientos y administrar múltiples casos de manera simultánea.


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El impacto de estas soluciones se refleja especialmente en los tiempos de trabajo. Mientras algunos profesionales podían tardar entre tres y cuatro horas en elaborar una declaración de renta de forma tradicional, hoy existen casos en los que una declaración puede completarse en 15 minutos o menos, según experiencias reportadas por usuarios de la plataforma.

Además, el modelo funciona con una lógica de uso ilimitado dentro de la licencia, con el objetivo de que el crecimiento del contador no dependa de un tope artificial de volumen, sino de su capacidad para organizar mejor su trabajo y ampliar su cartera.

“Nuestro objetivo no es reemplazar el criterio técnico del contador, sino quitarle carga operativa para que pueda dedicar más tiempo al análisis, la asesoría y la relación con sus clientes. Cuando un profesional reduce digitación manual, reprocesos y tiempos muertos, no solo gana eficiencia: también gana capacidad para crecer”, agregó Mainguez.

Así pues, para los expertos, la discusión ya no se centra únicamente en la automatización de tareas, sino en la posibilidad de que los contadores destinen más tiempo a actividades de mayor valor agregado, como la asesoría tributaria, el análisis financiero y el acompañamiento estratégico a sus clientes.

La evolución también tiene un componente de crecimiento profesional. Contadia asegura haber identificado usuarios que han llegado a elaborar hasta 500 declaraciones durante una sola temporada, un volumen que habría sido difícil de alcanzar bajo esquemas tradicionales de trabajo.

El fenómeno refleja una tendencia que empieza a consolidarse en el país: la tecnología no está reemplazando al contador, sino redefiniendo la manera en que ejerce su profesión. En un entorno donde los contribuyentes aumentan y las obligaciones tributarias se vuelven más complejas, la eficiencia operativa se está convirtiendo en un factor cada vez más determinante para la competitividad de los profesionales del sector.


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Esa distancia entre lo que la norma ordena y lo que la infraestructura permite es el problema central que el próximo gobierno deberá resolver.
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Colombia tiene hoy más regulación de datos que hace cuatro años, más conectividad que hace una década y un mandato legal que convierte el Open Finance en obligatorio. Lo que no tiene, todavía, es un ecosistema donde los ciudadanos puedan ejercer control real sobre su información.

Esa distancia entre lo que la norma ordena y lo que la infraestructura permite es el problema central que el próximo gobierno deberá resolver, y no solo en el sector financiero.

La confianza digital se construye con sistemas que registran el consentimiento, lo propagan entre actores, lo hacen comprensible para el usuario y permiten revocarlo sin fricciones. Hoy, esa capacidad técnica no existe de forma generalizada en ninguna industria del país. 


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El sector financiero, el retail, los operadores de salud, de telecomunicaciones, las plataformas educativas, gobierno y cualquier organización que dependa del dato personal para funcionar enfrentan el mismo desafío, pues cuentan con la obligación legal de proteger la información de sus usuarios, pero no necesariamente con las herramientas para hacerlo de forma auditable, trazable y verificable. En ausencia de esa capacidad, cada expansión del ecosistema digital amplía la exposición en lugar de reducirla.

Sin duda, el Decreto 0368 de 2026, que hace del Open Finance una realidad obligatoria, es un punto clave en este proceso, sin embargo, heredar un marco normativo no equivale a tener un ecosistema funcionando. Habilitar el intercambio de datos financieros entre entidades sin una capa robusta de gestión del consentimiento es trasladar la responsabilidad al usuario sin darle los instrumentos para ejercerla.

Para que el Open Finance contribuya a inclusión financiera, el ciudadano debe poder decidir qué datos comparte, con quién, para qué fin y por cuánto tiempo; y esa decisión debe estar respaldada por sistemas que la ejecuten, no solo por formularios que la registren.


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El nuevo gobierno tiene la oportunidad de convertir este mandato en un modelo de implementación efectivo, estableciendo estándares técnicos que exijan a todos los actores del ecosistema contar con plataformas de gestión del consentimiento auditables por el regulador y comprensibles para el usuario.

Esa misma lógica debe extenderse a los esquemas de verificación de identidad. Las contraseñas, las preguntas de seguridad y los códigos de un solo uso son estructuralmente insuficientes frente a las técnicas actuales de fraude, que se nutren precisamente del volumen de datos personales que ya circulan sin control.

Los métodos más avanzados, biometría, autenticación multifactor contextual, verificación en tiempo real, resuelven parte del problema pero generan datos aún más sensibles, lo que eleva la exigencia de gobernanza en lugar de reducirla. Adoptar nuevas tecnologías sin actualizar la arquitectura de protección es sustituir un riesgo por otro de mayor magnitud.

Por otro lado, solo el 31% de los colombianos conoce el concepto de Open Finance, pero cuando sus beneficios se explican con claridad, la disposición a participar crece de forma significativa. Esa cifra revela que la brecha, más allá de la conectividad, es también de comprensión sobre los derechos que la ley ya reconoce.


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Cerrar esa brecha no es una campaña de comunicación, sino un punto de política pública que debe operar en paralelo con la infraestructura, porque un ecosistema donde los usuarios no entienden qué significa el consentimiento que otorgan no produce confianza. Las regiones con menor penetración de servicios digitales son las más vulnerables a esa dinámica, porque acceden a la economía digital sin los marcos de referencia que les permitan navegar en ella con criterio.

Para las organizaciones el cumplimiento normativo seguirá siendo un piso mínimo que poco ven como una ventaja competitiva. A pesar de ello, lo que distinguirá a las empresas que construyan posición sostenible en el mercado será su capacidad de demostrar, de forma verificable, que el dato personal que gestionan tiene trazabilidad, que el consentimiento que obtienen es informado y revocable, y que sus sistemas de seguridad están calibrados para el nivel de riesgo que operan. 

El costo de no hacerlo puede medirse fácilmente en multas o sanciones, pero aún más importante es a través de la confianza de los usuarios, que en un entorno de datos abiertos tienen, por primera vez, alternativas reales. 

Lo que determinará si el próximo gobierno consolida un modelo de economía digital confiable o administra una sucesión de incidentes regulatorios es la decisión de tratar la infraestructura de confianza, el consentimiento gestionado, la trazabilidad del dato, el control efectivo del titular, con la misma prioridad estratégica que la infraestructura de conectividad.

Por Nathalia Landeta, CEO y cofundadora de Certena.

 


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