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¿Les tendieron una trampa? La cita mortal de Yeiner y David en la zona rural de Cúcuta
Sus familiares desmienten señalamientos de que los jóvenes eran ladrones de motos.
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La opinión
La Opinión
Viernes, 26 de Junio de 2026

La misteriosa cita para comprar una motocicleta terminó convirtiéndose en una trampa mortal. Con el paso de las horas comenzaron a esclarecerse los detalles del doble homicidio de Yeiner Antonio Galvis García y David Hernández, primos de crianza, cuyos cuerpos fueron hallados en la vía El Zulia-Cúcuta.

Aunque no compartían lazos de sangre, crecieron como hermanos, pues David era el hijastro de uno de los tíos de Yeiner. Ambos se criaron en la vereda Ecuador, del corregimiento San Martín de Loba, en Sardinata, donde eran ampliamente conocidos. Allí quedó un profundo sinsabor luego de que, tras su muerte, fueran señalados como supuestos ladrones de motos.

El padre de Yeiner, un reconocido palmicultor de dicha vereda, decidió romper la desprestigiada versión que surgió tras el mensaje dejado en la escena del crimen y que, con el resto de la historia conocida hasta ahora, parece tener un significado muy distinto.


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“Ladrones”

“Ladrones de motos” decía el cartón encontrado junto a los cuerpos de los dos jóvenes, hallados por la comunidad en una zona rural ubicada a unos 40 minutos de la entrada a La Cueva de los Micos.

En un principio se creyó que el mensaje hacía referencia a las víctimas. Sin embargo, con la nueva información recopilada, la hipótesis apunta a que el aviso podría estar dirigido a los verdaderos responsables del crimen ocurrido en la tarde del pasado miércoles.

Y es que el eje de esta tragedia parece ser una moto Suzuki GN que David pretendía comprar acompañado de Yeiner, de 19 años, luego de ser citado por el supuesto vendedor en La Cueva de los Micos.

El contacto se hizo a través de Facebook, donde estaba publicada la oferta de venta. Ambos acordaron encontrarse en ese lugar durante la mañana de ese día. Salieron desde Sardinata en la motocicleta Suzuki GN gris de Yeiner y llegaron sin inconvenientes al sitio pactado.

Al parecer lograron concretar el negocio, pues hacia las 9:00 de la mañana Yeiner llamó a sus familiares para decirles que todo había salido bien. Sobre el mediodía habían quedado de encontrarse con otro familiar para regresar a Sardinata. Sin embargo, al ver que pasaban las horas y ellos no aparecían, este decidió continuar su camino.


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Ante la demora, el padre de Yeiner comenzó a llamarlo, pero ya nadie respondía. Tampoco entraban los mensajes. Algo había ocurrido.

Fueron horas de angustia hasta que las redes sociales les confirmaron el peor de los temores.

En diferentes páginas digitales comenzó a circular información sobre el doble homicidio, acompañada de imágenes que despejaron cualquier duda. La primera en reconocerlas fue una de las hermanas de Yeiner.

Papá, es él.

Con las manos temblorosas le entregó el celular a su padre, quien no podía creer lo que veía.

Allí estaban sus familiares, tendidos y ensangrentados, víctimas de disparos en la cabeza. Aquel hijo al que crió, educó y con quien compartía largas jornadas de trabajo había perdido la vida de forma inexplicable. Y, para aumentar el dolor, lo estaban señalando como delincuente.

Ese cartón abandonado en la escena solo provocó una ola de comentarios negativos contra las víctimas, acusándolas de pertenecer a la delincuencia.


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El traslado

Una vez el caso fue reportado a las autoridades, estas coordinaron con una funeraria el levantamiento de los cuerpos. Con la ayuda de un líder comunal lograron llegar al sitio exacto.

Cuando se disponían a trasladar los cadáveres en la carroza fúnebre ocurrió un hecho que llamó la atención. Un motociclista apareció, observó la escena y, sin que nadie le preguntara, dijo:

Ellos son de la vereda Ecuador. Venían a comprar una moto.

Acto seguido arrancó su motocicleta y se marchó.

Sus palabras dejaron desconcierto entre quienes estaban en el lugar, pues el sitio donde fueron encontrados los cuerpos queda a más de 70 kilómetros de la vereda Ecuador. Además, nadie conocía el destino de los jóvenes, por lo que resulta llamativo que alguien los identificara con tanta facilidad.

Otro detalle que llamó la atención fue la ausencia de las pertenencias de las víctimas. Les habían robado los documentos, los teléfonos celulares y el dinero. Tampoco había rastro de la motocicleta que, al parecer, acababan de comprar.

La Suzuki GN de Yeiner permanecía en el lugar, pero los criminales le habían quitado la placa y se llevaron las llaves, dejando la motocicleta abandonada. Todo ello incrementó las dudas de la familia, que aún no logra comprender qué ocurrió.


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¿Trampa de ladrones?

Una de las hipótesis que más fuerza ha tomado es que la cita para la compra de la motocicleta fuera una trampa preparada por los supuestos vendedores.

Según esta línea investigativa, después de concretar el encuentro los delincuentes los habrían interceptado para robarlos. Los amarraron de las manos, les dispararon y luego recuperaron la motocicleta que supuestamente estaban vendiendo. Antes de huir también retiraron la placa de la moto de Yeiner, por razones que siguen siendo materia de investigación.

Vecinos de las víctimas creen que podría tratarse de una nueva modalidad delictiva basada en falsas ventas de motocicletas a través de redes sociales, por lo que recomendaron extremar las medidas de precaución.


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“No son ladrones”

Los señalamientos originados por el cartón hallado en la escena fueron rechazados por instituciones de Sardinata, familiares y amigos, quienes coinciden en que Yeiner y David eran jóvenes trabajadores y humildes.

Yeiner, quien habría cumplido 20 años el próximo 30 de septiembre, era padre de una niña de apenas 14 meses. Por ella decidió abandonar sus estudios de Agronomía, que cursó durante tres semestres en una universidad de Cúcuta, para dedicarse de lleno al trabajo en la finca de su padre y así sostener a su nueva familia, junto a su pareja sentimental.

Gran parte de sus días transcurrían trabajando en la finca. Allí compartía jornadas con su padre, quien hoy llora la pérdida de su único hijo varón.

Las largas jornadas bajando corozo quedaron únicamente en los recuerdos y en los videos que conserva en su teléfono celular.

“Él no era ningún ladrón. Era trabajador, echado para adelante; no tenía necesidad de andar en esas”, afirmó su padre en entrevista con este medio.

Su mayor pasión eran las motocicletas. Desde muy joven aprendió mecánica de manera empírica y era conocido en la vereda por su afición a estos vehículos.

Finalmente, la comunidad de San Martín de Loba, la vereda Ecuador y la Institución Educativa San Luis Beltrán, donde ambos se graduaron como bachilleres, emitieron un comunicado rechazando los señalamientos.

“Damos fe de que eran jóvenes de nuestra comunidad, formados en principios y valores, reconocidos por su buena convivencia dentro de nuestro territorio”, concluye el mensaje.


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