Mi padre, hombre sabio y extraordinario. Hace 30 años mis padres estaban extasiados de alegría y dicha por la llegada de su quinto hijo, tan anhelado y amado como los otros cuatro.
A pesar de los buenos momentos vividos y los que al parecer para ellos no lo fueron tanto, crearon una familia basada en el amor y la ayuda mutua, eran compañeros reales de vida y lucha continua.
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Al momento de recibir a su hijo, mi madre, una mujer única en todo el sentido de la palabra, llegó con ansias de ver a su último hijo, su ser especial a quien llamarían Youshua, como el sol-nombre de Dios- pero quien desafortunadamente nació sin signos vitales, siendo recibido por mi padre, quien no quiso causarle dolor a mi madre dándole esa trágica y triste noticia, por lo que lo tomó en su regazo, y oró al padre celestial con toda su fe y pidió con su corazón arrodillado la oportunidad de vida a aquel ser que tenía en sus brazos.
Dios en su inmensa bondad y teniendo en cuenta su amor inmenso de padre, dio vida a aquel pequeño ser, y con ello, la dicha de formar una familia completa y llena de amor. Tenerte ha sido un gran privilegio para todos los que podemos llamarte papá. ¡Te amamos!
Por: Stefanía Chavarro
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