Pasados dos meses largos desde que el presidente Abelardo de la Espriella lo nombró embajador de Colombia ante el Reino Unido, Miguel Uribe Londoño por fin asumirá su rol. El Gobierno británico le concedió el beneplácito, el aval diplomático sin el cual ningún jefe de misión puede ejercer funciones en el país que lo recibe.
Con ese visto bueno, avanza el proceso para su llegada oficial al cargo. Este medio conoció que la Embajada del Reino Unido en Colombia comunicó el beneplácito verbalmente y de manera extraoficial.
La respuesta de Londres pone fin a una espera que se había vuelto incómoda. El Ministerio de Asuntos Exteriores del Reino Unido tenía en sus manos la solicitud desde el 1.º de septiembre, y durante semanas el silencio británico alimentó las dudas sobre el futuro de la designación.
Versiones sobre la demora
El nombramiento de un embajador no depende únicamente del Gobierno que lo designa. El Estado receptor debe aceptar previamente a la persona propuesta por el otro país, y mientras ese beneplácito no llegue, el designado no puede asumir formalmente.
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Con el aval en firme, lo que sigue es la formalización del cargo en Colombia y la presentación de las cartas credenciales en Londres, el paso con el que un embajador queda oficialmente acreditado ante el país anfitrión. Esta misma tarde se haría la oficial el beneplácito.
Y es que desde la semana pasada una fuente enterada del proceso explicó a ese diario que una respuesta de este tipo puede tardar desde semanas hasta varios meses, y que no había ninguna señal de alerta ni problemas en las conversaciones diplomáticas entre ambos países.
El propio Uribe Londoño había optado por la discreción: consultado por EL COLOMBIANO sobre el estado de su nombramiento, no respondió.
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Aunque habían surgido rumores que el Gobierno de ese país habría decidido no otorgar la autorización, otras versiones apuntaban en sentido contrario.
El debate de fondo: ¿embajadores políticos o de carrera?
La demora en estos nombramientos coincidió con la discusión sobre cómo se reparten las jefaturas de misión en el servicio exterior colombiano. Hace cerca de dos semanas, la Cancillería anunció en un comunicado que designaría a varios funcionarios de la Carrera Diplomática y Consular como embajadores y jefes de misión, en cumplimiento de compromisos de campaña.
El sindicato Unidiplo, sin embargo, ha advertido que ese tipo de anuncios se repite con cada gobierno y no siempre se traduce en nombramientos. Su presidente, Andrés Ordóñez, explicó a EL COLOMBIANO que cerca del 30 % de los embajadores son de carrera, y planteó como meta una distribución equilibrada: la mitad de las embajadas para personas de confianza del presidente y la otra mitad para diplomáticos profesionales.
Las cifras del sindicato dimensionan el panorama: de las 81 embajadas de Colombia, 25 estaban a cargo de funcionarios de carrera (31 %) y 21 correspondían a embajadores políticos anunciados o nombrados (26 %). Del 43 % restante —35 embajadas— Unidiplo no tenía claridad sobre sus titulares en medio de la transición de gobierno.
Tomado de El Colombiano.
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