Definitivamente a Mateo Pérez, el periodista asesinado por las disidencias de las Farc en mayo de este año, en Briceño (norte de Antioquia) lo torturaron antes de producirle la muerte y existen indicios fuertes de que querían hacer que su cuerpo no fuera encontrado.
Esas son algunas de las conclusiones del informe de la necropsia al cadáver del comunicador social publicada por Hernán Muñoz, el corresponsal de Canal 1 Noticias en Antioquia.
Pérez tenía 24 años, era estudiante de décimo semestre de ciencia política en la Universidad Nacional sede Medellín, escribía poesía y era dirigía el medio El Confidente de Yarumal.
El lunes 4 de mayo salió de este último municipio hacia la vecina localidad de Briceño. Su propósito era hacer cubrimiento de la manera como estaban viviendo las comunidades rurales los enfrentamientos entre las disidencias el Ejército, por aquellos días.
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Al arribar a la zona urbana trató de contactar quién lo acompañara en su misión pero, por el contrario, funcionarios y otras personas trataron de disuadirlo debido al peligro que encarnaba esa misión.
Por eso se dirigió solo, en su moto, a la vereda Palmichal, donde fue abordado y retenido, al parecer por integrantes del Frente 5 de las disidencias de las Farc.
El cadáver lo encontraron en una fosa clandestina localizada en un área boscosa, en esa misma ruralidad, el 8 de mayo a las 9:45 p.m., y tuvo que ser rescatado por delegados del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).
Esa ubicación, a juicio de los expertos, indica que habría existido la intención de que el cuerpo no fuera encontrado.
“El hallazgo del cuerpo al interior de una fosa ilegal sugiere que se trata de un desaparecido al cual se quería ocultar y de paso alterar la recuperación de EMP-EF para entorpecer la investigación”, dijeron.
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El informe pericial de Medicina Legal indica que la muerte violenta se habría producido el mismo 5 de mayo, el día en que se reportó la desaparición del comunicador.
Ya había versiones de que fue torturado antes de asesinarlo, y el informe de los forenses parece confirmarlo.
Este indica que el cadáver hallado tenía cuatro disparos de arma de fuego. Dos tiros en la cabeza, otro en el tórax que le perforó el pulmón derecho, otro en el abdomen que le destruyó el hígado, y otro en la extremidad inferior izquierda.
De todas esas, las que le habrían causado el deceso habrían sido las que le perforaron el cráneo, de manera que la del pecho era innecesaria si el objetivo era solo matarlo.
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La hipótesis es que la herida que le destruyó la rodilla habría sido infligida para procucirle dolor, es decir en medio de una tortura, una conjetura que casa con la existencia de otros signos de violencia como una lesión en la clavícula derecha y las laceraciones en la frente, pero además con los testimonios de los vecinos de Palmichal que escucharon los gritos de dolor de Mateo.
El otro impacto, el del abdomen, habría sido disparado postmortem, así como heridas abiertas producidas con elementos cortantes, probablemente tenían el objetivo de acelerar la descomposición del cuerpo. Y el desmembramiento de la parte inferior de la pierna derecha habría sido para poderlo acomodar mejor en la tumba improvisada.
Con información de El Colombiano.
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