En la perla del norte, hay una puerta de madera que llama la atención por su figura poco común: el rostro de Satanás tallado en su superficie. Aquella tiene aproximadamente 50 años y hace parte de las creaciones que se conservan en un hogar.
En una ocasión, unos visitantes, de los que uno de ellos era un creador de contenido de redes sociales, se interesaron por aquella figura y preguntaron qué representaba. El autor de tan llamativa obra respondió con naturalidad y una obviedad que convenció a los curiosos: “Pues el diablo”.
Cuando quisieron saber por qué lo había tallado, les contestó con una ocurrencia: “Yo cierro y el diablo queda por fuera”. Esta frase dio a conocer a su hogar y ganó fuerza significativa como La casa donde la oscuridad no entra.
Aunque su apariencia puede causar impresión, esta parte de la puerta que funciona como una mirilla u ojo mágico, no tiene una historia relacionada con rituales o creencias oscuras. Más bien, surgió de una conversación que tuvo hace tiempo con un sacerdote que al mirar la puerta de la casa, indicó aquel rostro parecido al de Satanás.
Es más, quien la elaboró es un hombre muy católico, que también dedicó parte de su talento a crear representaciones religiosas que adornan su entorno.
Se trata de Néstor José Cerón Ojeda, un carpintero oriundo de Málaga, Santander, que lleva varias décadas viviendo en Cúcuta y que aprendió desde niño a trabajar la madera, siguiendo una tradición que comenzó con su padre y que compartió con sus cinco hermanos.
Su casa es también una muestra de ese recorrido. En ella se encuentran sofás, mesas, figuras religiosas, retratos y esculturas elaboradas por él y otros integrantes de su familia. Cada una de estas piezas permite conocer una parte del trabajo que los Cerón realizaron durante generaciones.
Foto / La Opinión.
Lea aquí: En el barrio San Martín de Cúcuta, la oscuridad se tomó los espacios públicos
Una tradición familiar
La historia de esta familia comenzó en Málaga, Santander, donde Néstor pasó parte de su infancia junto con sus padres y hermanos.
Durante aquellos años, los enfrentamientos políticos entre liberales y conservadores afectaron a varios de sus familiares, quienes tuvieron que abandonar el municipio y buscar nuevas oportunidades en otro territorio.
Según recuerda, “uno de mis tíos trabajaba como herrero y fabricaba escopetas, puñales y otros objetos metal. En medio de los conflictos, le echaron candela al taller y tuvo que irse para Pamplona”. Otros familiares llegaron a Cúcuta, donde comenzaron a trabajar en talleres de mecánica.
Con el paso del tiempo, los padres de Néstor también decidieron establecerse en la capital nortesantandereana. Inicialmente vivieron en la casa de su abuela y posteriormente compraron una propiedad cerca de la Parroquia Santísima Trinidad, y fue allí donde la carpintería se convirtió en el principal sustento.
Su padre conocía el oficio y comenzó a transmitirlo a sus hijos. Los dos mayores, Argemiro y Miguel Ángel, inicialmente trabajaban en mecánica, pero terminaron sumándose a la carpintería cuando su papá recibió un encargo que necesitaba más manos.
“Mi papá era el carpintero. Le mandaron a hacer un trabajo grande y entonces les dijo a los mayores a ver si venían a ayudarle”, recordó Néstor. Los hermanos aceptaron y continuaron dedicándose a la fabricación de puertas, ventanas, escaparates y diferentes muebles.
Fotos / La Opinión.
Le puede interesar: Dos cucuteños están nominados a Premios de comunicación política en Panamá
La familia estaba integrada por seis hermanos: Argemiro, Miguel Ángel, Néstor José, Germán Alonso, Benjamín y Alfredo. Todos estuvieron vinculados al trabajo de la madera, aunque algunos desarrollaron habilidades adicionales en pintura, escultura y mecánica.
Su hermano Germán Alonso, quien falleció en 2015, fue reconocido como pintor y maestro formador de artistas durante toda su vida. También destacó en el gremio de Cúcuta por su trabajo con el óleo y el paisajismo, un género artístico que hace presencia en varias de las obras y recuadros que adornan la casa de Néstor.
El carpintero en diálogo con La Opinión, explicó que los inicios del negocio familiar en Cúcuta empezaron alrededor de 1958, por lo que esta tradición supera las seis décadas de historia en la ciudad.
Aunque Néstor comenzó trabajando como carpintero, con los años descubrió que tenía facilidad para tallar figuras y elaborar esculturas. Su hermano Alonso fue una de las personas que más influyó en ese aprendizaje. Además de trabajar la madera, se interesó por la pintura y comenzó a recibir clases en La Torre del Reloj del centro de Cúcuta, donde inicialmente consiguió un trabajo ayudando a vender gaseosas y con el tiempo se convirtió en pintor y llegó a enseñar a otras personas.
Motivado por aquella experiencia, Néstor también decidió asistir a una clase de arte. Allí comenzó a elaborar una figura del torso humano que llamó la atención de su profesor. “Uy, pero es que usted ya había estudiado”, le dijo el docente. “No, hasta ahora vengo a estudiar”, respondió.
Foto / La Opinión.
Aquella fue su única experiencia en esas clases, pues no volvió. Sin embargo, continuó practicando en el taller familiar, donde aprendió a elaborar figuras observando a Alonso.
Cuando su hermano decidió dedicarse principalmente a la pintura, Néstor asumió los trabajos de talla. “Entonces yo quedé ahí en el taller como el tallador. Ahí empecé a hacer figuritas también de madera”, explicó.
Por otro lado, sus estudios académicos llegaron solamente hasta segundo de primaria, pero eso no le impidió aprender distintas técnicas, ni desarrollar conocimientos de mecánica. Incluso fabricó buena parte de las herramientas que utilizaba en el taller, entre ellas un torno mecánico que les permitió construir otras máquinas.
“Toda la herramienta que hay en el taller es hecha por mí. Ellos me ayudaron, entre todos me ayudaron a hacer la herramienta, pero yo la hice. Hice hasta el torno”, contó.
Fotos / La Opinión.
Lea también: Hospital Erasmo Meoz pone en marcha el Plan Milagro para practicar 2.800 cirugías
Un hogar, una galería de arte
La casa donde la oscuridad no entra reúne diferentes trabajos que elaboró durante su vida. Algunos fueron realizados para atender encargos, mientras que otros surgieron de su interés por experimentar con materiales y figuras.
Entre sus creaciones hay una representación de San Juan Bautista, esculturas de familiares, retratos y figuras elaboradas en madera, mármol y bronce.
Para trabajar este último material, explicó que primero modela la figura en barro y después la manda a fundir.
También conserva una escultura de mármol que realizó durante su noviazgo con Leonor Murillo, su esposa, con quien ha compartido más de cinco décadas de matrimonio.
Leonor también ha tenido un papel importante en su vida. Néstor recordó que, debido a que no pudo continuar sus estudios, ella le enseñó a sumar y multiplicar después de casarse. La pareja formó una familia de cinco hijos, entre quienes también hay quienes heredaron habilidades para la talla y la pintura.
Además de las esculturas, la casa conserva muebles fabricados artesanalmente. Néstor explica que elaborar una pieza puede requerir semanas de trabajo, dependiendo de sus dimensiones y de la cantidad de detalles.
Sin embargo, reconoció que vender esculturas no siempre resulta sencillo, pues algunas personas admiran las obras, pero consideran elevados sus precios, pues como el mismo afirma “miran el precio y no les parece bien”.
Foto / La Opinión.
El legado que perdura
El trabajo de la familia Cerón refleja una forma de aprender los oficios que durante décadas estuvo presente en numerosos hogares: los conocimientos se transmitían de padres a hijos y se perfeccionaban mediante la práctica diaria.
En su caso, la ebanistería permitió que seis hermanos aprendieran a fabricar muebles, utilizar herramientas y desarrollar el arte sin depender exclusivamente de una formación académica.
Aunque la fabricación de muebles cambió en los tiempos modernos con la incorporación de maquinaria y materiales industriales, las obras que conserva Néstor muestran el trabajo que requiere crear piezas de manera artesanal, especialmente cuando incluyen detalles tallados a mano.
La puerta con el rostro del diablo es una de esas creaciones. Lleva cerca de medio siglo formando parte de la vivienda y continúa proyectando la imaginación y habilidad de su autor. Sin embargo, más allá de aquella figura, la casa conserva buena parte de la historia de la familia Cerón.
La historia de Néstor José Cerón recuerda que el patrimonio cultural de Cúcuta no se encuentra únicamente en sus edificios o monumentos, sino también en los talleres y hogares donde todavía se conservan costumbres y habilidades que han pasado de una generación a otra.
Redacción: Daniela Bocarejo / Practicante de periodismo.
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en http://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion .
